28 de abril de 2008

20.000 leguas...

Fotografía de J.F. Marrero con licencia CC:BY-NC-ND
Entre las fuentes que tengo sindicadas, está la sección de Ciencia y Tecnología de BBC Mundo, cuyos nuevos contenidos aparecen con inglesa puntualidad resumidos en mi lector de feeds todos los días.
Son lecturas casi siempre interesantes y que, en muchas ocasiones, me ayudan a recordar mis infantiles lecturas de los clásicos de Julio Verne en versión cómic, entre ellas la adaptación de Bruguera de la novela 20.000 leguas de viaje submarino, donde la historia del Capitán Nemo tiene como escenario el fondo marino y una extraña fauna (con 300 ilustraciones a todo color, como decía el slogan de la serie de comics).
Así, en ese teatro imaginario bien podría existir este calamar gigante, cuyo bestial tamaño podría haber sido provocado por devorar a todos los ejemplares de la Poecilia formosa (porque pese a su carácter visionario, nunca Verne se atrevió a escribir sobre un animal que subsistiera sin sexo).

24 de abril de 2008

La frase del día

El Instituto Chileno Norteamericano de Cultura me invitó a participar hoy como panelista en la conferencia "Responsabilidad social de las Bibliotecas y los Bibliotecarios", junto a Viviana García, del Colegio de Bibliotecarios de Chile, y José Aponte, Director del Sistema de Bibliotecas Públicas de San Diego (California, Estados Unidos).
Fue una interesante sesión, de la cual rescato una frase de José, hombre apasionado en sus expresiones y que se reconoce hijo del activismo político-social de la década de 1960 en Estados Unidos:
La Biblioteca Pública como cemento del capital social de la comunidad.
Una frase simple que resume un concepto complejo.

23 de abril de 2008

Hoy ha sido un gran día...

...si, porque junto con celebrar el Día Internacional del Libro y el Derecho de Autor, la Presidenta Bachelet lanzó el Programa Maletín Literario*, iniciativa que estamos liderando desde la Dibam y en cuyo equipo de coordinación tengo el honor de participar...
...no, el cansancio de los últimos días y la preparación de una presentación que tengo que hacer mañana no me dejan escribir una cadaunada personal y extensa sobre libros y lecturas, pero no quería dejar terminar la jornada sin dejar de compartir que hoy participé en el lanzamiento de esta tremenda iniciativa: 400 mil familias chilenas de escasos recursos recibirán un regalo durante los próximos dos años, un Maletín lleno de libros.
Y a mí, que me gustan los libros y la lectura, e intento contribuir desde mi diario quehacer para que Chile sea un país más equitativo, todo esto me parece una cadaunada de marca mayor: una cadaunada presidencial...
... en fin, no cabe duda, mañana será aún mejor.
*El blog del Maletín Literario está en versión alpha, tanto en diseño como en contenidos, por lo que se agradecen los comentarios para mejorarlo.


18 de abril de 2008

Comparación

Lo que ocurrió en la UNESCO con 100.000 libros durante los años 2005 y 2006 sería como si Google desconectara de Internet sus data centers: un macabro infocidio*.
*Infocidio: asesinato de información y conocimiento... algo así como hacer celulosa con 100.000 libros de alto valor cultural.

16 de abril de 2008

Estimulante 2.0

Eventos del día que ya me habían causado zozobra, estaban provocando en mi navegación nocturna cierta desorientación, cuando una cadena sin sentido de hipervínculos me hizo recalar en una muy acertada versión criolla de cierto escrito blogocósico levantado en la piel de toro. Hace poco sentí el poder reconfortante de lo 2.0: ahora también he experimentado su poder estimulante. El producto es del Laboratorio Paulo Saavedra y se vende sin receta.

11 de abril de 2008

Hogar

Fondo de pantalla diseñado por Matei Apostolescu y conocido gracias a los sueños de la razón.
En la lógica de la web como plataforma, de la que las Google Apps son el ícono, el hogar, más que el disco duro, sería Internet (o, en realidad, fragmentos de discos duros en múltiples data centers distribuidos alrededor del planeta).
Disculpen la fantasmagórica metáfora: viernes en la tarde + la resaca de la lectura de The Big Switch de Nicholas Carr = alucinaciones tipo Matrix.

7 de abril de 2008

Leer es más que un libro

Fotografía de tina raval con licencia CC:BY
Ayer, El Mercurio publicó un extenso reportaje con el título Nadie sabe cuánto leemos en Chile. Sin duda, es de agradecer que se le dedique un espacio privilegiado a esta discusión, que como ya es notorio en Cadaunadas me interesa por una triple razón: primero, por mi afición personal por la lectura; segundo, por mi labor profesional en la Dibam; y, tercero, por mi convencimiento de que la lectura está en la base de cualquier intento con posibilidades de lograr el desarrollo como país.
No me voy a referir a lo expresado por los entrevistados (pese a que claramente en algunos casos discrepo de lo que afirmaron, en especial cuando Verónica Abud indica que el programa Maletín Literario es “como tirar la plata”), ni a la afirmaciones de Oscar Contardo, autor del reportaje, con algunas de cuyas afirmaciones concuerdo en alto grado (sobre todo cuando indica la necesidad de contar con estudios periódicos que permitan comparar de manera continua la evolución de la lectura en Chile).
Más bien quiero hacer dos breves reflexiones sobre dos "ausencias" del reportaje.
Sin duda, la "ausencia" que más me llamó la atención es que al hablar de la lectura en Chile, reduzca la discusión sólo a la lectura de libros, dejando fuera del análisis -de ahí la ausencia- otras variables. El libro es uno de los principales soportes de la lectura, pero si queremos tener una medición integral en este tema, debemos necesariamente incorporar, por lo menos, a) la lectura de diarios y revistas; y b) la lectura en línea (o en otros soportes, como indica en forma exclusiva mi estimada Marcela Valdés en el reportaje).
La lectura digital está creciendo de manera exponencial, de la mano de un cada vez mayor nivel de acceso a Internet por parte de la población. Buen ejemplo de ello es lo que ocurre en las bibliotecas públicas que cuentan con el programa BiblioRedes: usuarios de comunidades remotas que hasta hace unos años no podían acceder a prensa actualizada, hoy leen en línea los principales diarios de su región y del país. En BiblioRedes estamos iniciando una serie de estudios y mediciones que nos permitirán evidenciar estas lecturas.
Aunque no podamos dar una cifra país (más allá de los datos que manejamos en la Dibam) es posible afirmar que en Chile se lee cada vez más, y que uno de los principales motores de crecimiento de esa curva está en lo digital.
(Por cierto, la lectura digital presenta otros desafíos mayores para las concepciones tradicionales, las que dan para otra entrada: por el momento, gracias a Fernando Juárez, comparto el programa de un interesante debate que se dará en mayo con ocasión de la Feria del Libro de Sevilla).
La otra “ausencia” que encontré en el reportaje tiene que ver con analizar el desigual acceso al libro provocado por la hiperconcentración de librerías en ciertas ciudades de Chile. Lamentablemente, en muchas comunas del país, sólo la biblioteca pública entrega un acceso permanente y abierto a toda la comunidad. La inmensa mayoría de las comunas carecen de librerías, contribuyendo con un círculo vicioso –según la argumentación tradicional- donde el tamaño reducido del mercado impide, junto a otros factores, hacer ediciones de mayor tiraje y abaratar los precios, disminuyendo las barreras de acceso de la población al libro. Una demanda reducida y una oferta concentrada geográficamente. Pensar en una política sostenida de fomento de la lectura requiere, necesariamente, complementar la labor de las bibliotecas (públicas y escolares) con otras acciones que fortalezcan el mercado del libro y un más homogéneo desarrollo de éste a lo largo del territorio (recomiendo revisar este otro artículo publicado ayer en La Tercera, que aborda esta arista del problema).
En resumen, si vamos a hablar de índices de lectura en Chile, no hablemos sólo de libros y bibliotecas. Hablemos también, entre otras cosas, de Internet y librerías. Quizá así logremos responder a la pregunta sobre cuánto se lee en Chile.

6 de abril de 2008

Me conecto, ergo leo


Hay una afirmación que cada vez que la escucho o la leo me hace arquear mi ceja izquierda. No porque me cause sorpresa, ni genere dudas en mi forma de entender ciertas cosas de la vida (que son las razones por las que normalmente arqueo mi ceja izquierda, ya que la derecha tiene poca vida propia). No, en este caso, mi focalizado movimiento facial es una expresión de molestia ante un lugar común: "Internet está matando la lectura".

Para desarmar esta afirmación, no recurriré a estudios ni cifras que den cuenta de la cantidad de horas que los usuarios de Internet pasan delante de un computador leyendo contenidos, ni lanzaré conclusiones de análisis que se hagan cargo de los nuevos tipos de lecturas que las redes están construyendo. Tampoco utilizaré como argumento las posibilidades que la tecnología entrega para una nueva relación entre la palabra, el autor y el lector.

No. Sólo me remitiré a compartir mi hábito lector en el primer trimestre de 2008 y cómo su saludable estado tiene una relación directamente proporcional con mis hábitos de navegación (y cierta mínima capacidad de mis tarjetas de crédito). Si: yo seré el caso de estudio.

Análisis cuantitativo

Considerando los libros que he adquirido desde enero (ya que no voy a hablar de lo que leo en pantalla, sino de lo que leo en papel), que se encuentran ya leídos, a medio leer o esperando su turno de lectura, las cifras son:
- 6 libros adquiridos tras conocerlos inicialmente en Internet (5 de ellos comprados a través de Internet)
- 3 libros adquiridos tras conocerlos inicialmente en librerías (1 de ellos comprado luego de haber confirmado mi interés tras leer una reseña en Internet)
- 1 libro adquirido tras ser recomendado verbalmente por alguien en cuyo criterio lector confío
- 1 libro que me regalaron (pero que leí después de haber buscado referencias en Internet)

En 8 de 11 libros, estar conectado a Internet ha sido el elemento que me ha permitido conocerlos, adquirirlos o tomar la decisión de leerlos. Además, en 4 de esos casos (posiblemente 5), son libros que no están accesibles en librerías en Chile. Es decir, mi hábito de navegación en Internet ha marcado el 72,7% de mi hábito lector de libros durante el primer trimestre de 2008, siendo Internet en el 45,4% de los casos la plataforma de comprar de los libros. O dicho de otra manera: sólo en 1 de cada 4 libros que he puesto en mi lista de lectura he llegado por un camino distinto a Internet, y sólo la mitad de los libros que compro lo hago en librerías.

Análisis cualitativo

Obviamente, comparto esta personal estadística porque, además, está asociada a un proceso que le da contexto: el promedio de mis horas semanales dedicadas a la lectura de libros ha aumentando respectos de los años anteriores.

De manera temprana desarrollé mi gusto por la lectura, pero hacia fines de los noventa atravesé una suerte de “sequía lectora”, quizás provocada por ocho años seguidos de lecturas obligatorias entre licenciatura y magister.

Hace unos años retomé la periodicidad en el hábito, pero recién hacia principios del año pasado “me entregué” a la práctica con una intensidad inusitada. Coincide este cambio con la instalación de banda ancha en mi departamento y la posibilidad de hacer más profundo y selectivo mi acceso a Internet. Coincide también, por cierto, con “mi inmersión” en la blogosfera hispanoparlante y, en menor grado, la norteamericana. Y ahora, tras un año, esta “inmersión” empieza a manifestarse de forma insospechada cambiando e intensificando mis lecturas.

¿Estaría leyendo tanto si no pasara tanto tiempo conectado? No. Sólo mis horas de exposición a la televisión (y mis horas de sueño, dice mi esposa) han rebajado su cuota en forma significativa. O sea, que cuanto más me conecto, más libros compro y más libros leo.

Lo más significativo es que aquellos libros que he adquirido tras descubrirlos en Internet, no obedecen a un patrón fijo de recomendación. En realidad, soy poco asiduo a las páginas de crítica literaria, por lo que en más de una ocasión tras leer una sola frase citada en un blog he terminado cinco minutos después aceptando un cargo de Amazon en mi tarjeta de crédito. En estos casos, más que el libro en sí o el autor de éste, ha sido la valoración que tengo del blog o del autor del blog, el que me ha llevado al libro.

Algunos ejemplos. Genís Roca me llevó a Tiempos Líquidos de Zygmunt Bauman; una simple cita en el blog de Cristobal Cobo me motivó a comprar Understanding Knowledge as a Commons, volumen editado por C. Hess y E. Ostrom (y además me empujó a poner en el dominio público Cadaunadas); Nicholas Carr me vendió directamente su última obra, The Big Switch; Luís Ramírez y su Amazon Wish List me presentaron Internet Politics de Andrew Chadwick; y en mi paroxismo lector Marco Antonio Zúñiga me "forzó" a estar inscrito en la lista de espera de Amazon para un libro que recién será publicado en agosto de este año (es el libro que falta en la foto de esta entrada: aún se transa en el mercado de futuros).

Conclusión

Me conecto ergo leo. Si, ya sé que no soy representativo de nada, pero da lo mismo: esta es una cadaunada sobre mis hábitos de lectura. Y en mi caso, Internet es sólo comparable –como medio de fomento lector- con el excelente profesor de filosofía que tuve en la enseñanza media. El dato raro de este autoestudio es que de los 3 libros que adquirí sin influencias de Internet, 2 tienen relación con las transformaciones culturales provocadas por Internet (por lo que compro libros también para justificar mi mayor conexión a la Red).

Memoria

Fotografía de robadOb, con licencia CC:BY-SA
Es cierto, uno de los grupos de control de este experimento, no recuerda nada de lo que pasó. Por lo que me han contado, ciertos "científicos" llegaron a la misma conclusión sobre algunos episodios de mi grupo de amigos durante mi época universitaria. El tema es que nosotros lo hicimos por amor al arte.

5 de abril de 2008

V Encuentro Nacional de BiblioRedes

Hace ya varias entradas que vengo hablando del V Encuentro Nacional de BiblioRedes, sin compartir lo que más me gustó.
Lo hago ahora, un sábado en la noche, cuando ya he logrado desconectarme de la intensidad de mi primera semana como Subdirector de Bibliotecas Públicas de la DIBAM (para quienes leen Cadaunadas y no me conocen en persona, una aclaración: ocuparé temporalmente el cargo, para retornar en seis meses a la Coordinación Nacional de BiblioRedes). Mi amado tormento está de fiesta con unas amigas y mis hijos duermen. Es decir, tengo tiempo para sentarme y esbozar algunas ideas.
Como en las cuatro versiones anteriores, fue una instancia para conectarse con el día a día de las bibliotecas y BiblioRedes, en especial por la posibilidad de conversar y compartir con los equipos de las treinta bibliotecas presentes y los voluntarios de BiblioRedes que invitamos. Es este intercambio el centro y corazón de estos encuentros y lo que permite que se cumpla el objetivo de la reunión: recargar las pilas (JP, no te sientas aludido).
De las presentaciones, destaco tres reflexiones.

La de David Sasaki sobre bibliotecas y Web 2.0, ya mejor descrita por él en Rising Voices.

La de Soledad Ferreiro, quien nos invita a cambiar el paradigma de la biblioteca. De la biblioteca en un mundo de información, a la biblioteca en un mundo de redes sociales, lo que implica entender –entre otras cosas- que el usuario, más que necesidades de información, tiene preocupaciones (compromisos, identidad y valores) y que el ser humano que llega a la biblioteca no es tan sólo un individuo, sino una persona que “habita el mundo” socialmente y que desde ahí construye y reconstruye en forma continua su relación con la información.

Y la de Fernando Juárez, quien resume (en realidad resumo yo, traduttore traditore) que para aprovechar las tecnologías en beneficio del servicio de las bibliotecas a sus comunidades se deben mezclar en la proporción justa los siguientes elementos: actitud, capacidad innovadora, las dos puertas (la física y la virtual) y los usos no previsibles de la tecnología. Y entender que la web (en especial la 2.0) es como una fiambrería: “compras” sólo aquellos que quieres o necesitas y en la proporción que requieres.
En resumen, un muy buen Encuentro, en el que por cierto no faltó ni camaredería ni “agüita con limón”.