29 de noviembre de 2008

Bibliotecas y redes sociales

Retomando la práctica de compartir recursos interesantes sobre la biblioteca 2.0, reuno en esta entrada aportes de tres autores que desde distintas perspectivas se acercan a un tema cada vez más urgente para las bibliotecas: su adecuada inserción en las redes sociales que se están construyendo en la red.

Soledad Ferreiro, Directora de la Biblioteca del Congreso de Chile, con una nueva presentación que revela el entramado teórico que está detrás de la transformación que está liderando, apunta con claridad el cambio en el paradigma de las bibliotecas, las que dejan de estar tanto en un mundo de información para pasar a estar más centradas en un mundo de redes sociales.

Por otro lado, Natalia Arroyo, a quien tuve el placer de conocer en el IV Congreso de Bibliotecas Públicas de España celebrado en La Coruña en septiembre, en el que presentó una mirada sobre la utilidad para las bibliotecas públicas de los servicios de redes sociales (como Facebook o My Space). Acertadamente, Natalia plantea que, entre otras ventajas, las bibliotecas públicas pueden a través de estos servicios acercarse a los usuarios más jóvenes, usando plataformas que son comunes en su diario vivir y relacionarse, y salvar una deuda histórica respecto a su presencia en la Web. Si bien se refiere a las bibliotecas públicas españolas, la recomendación nos calza a nosotros también (aquí se puede acceder al texto completo de la ponencia y acá a la presentación).

Por último, David Lee King, bibliotecario y administrador de la servicios y sucursal digital de la Biblioteca Pública del Condado de Topeka & Shawnee (y a quien también pude conocer en La Coruña), está compartiendo una serie de muy interesantes reflexiones y consejos prácticos sobre cómo orientar y usar las plataformas de redes sociales en las bibliotecas. Su recomendación principal: usarlas para enlazar y generar comunidad en línea con los usuarios de la biblioteca. Consejo que parece una perogrullada, pero que David considera necesario no olvidar ante la no tan útil tendencia de las bibliotecas de hacerse "amigas" de otras bibliotecas en la Red. Traduciendo a David,
No me malentiendan. Es muy bueno obtener ideas de otras bibliotecas y espiar en sus herramientas de comunicación social y ver que están haciendo. Pero si pueden, intenten no aceptar muchas solicitudes de amistad de otras bibliotecas... o su listado de amigos parecerá más una reunión de ALA que una verdadera reflexión sobre su comunidad local.

24 de noviembre de 2008

Una reflexión sobre Wikipedia


El viernes pasado, invitado por el Observatorio de Comunicaciones Digitales y la Biblioteca del Congreso (gracias a ambas instituciones), participé en una conversación con Jimmy Wales, cofundador de Wikipedia.

Una gran oportunidad para poder conocer, de primera mano, algunas de las ideas de una de las personas que ha contribuido a cambiar la cara de la Web en los últimos años, y -quizá lo que suele resultar más rescatable en estos encuentros- poder "humanizar" a un "personaje" que por el impacto de lo que ha generado es casi un mito viviente. En esto último, el juicio de Roberto Arancibia me parece describe bien a Wales: un tipo simpático y atento con las personas que lo rodeaban.

La conversación fue caótica por momentos, ya que faltó definir al principio las reglas del juego: se hablaría todo en inglés o habría una traducción no-simultánea al castellano. Resuelta a medias la definición, la reunión pareció encarnar el método wiki de trabajo: una comunidad editando colectivamente la conversación/traducción. Pero finalmente salió adelante y se habló de algunos de los fenómenos que Wikipedia está provocando como enciclopedia y el concepto wiki como una nueva manera de construir conocimiento.

Es un tema que me interesa. Y mucho. Desde niño he sido "consumidor" compulsivo de diccionarios enciclopédicos y enciclopedias. Uno de los momentos más memorables de mi adolescencia fue cuando "la Britannica" llegó a mi casa (si, confieso que es un poco nerd lo memorable del momento, pero en aquella época yo tenía una "rica vida interior" -como suele mofarse a la distancia mi amado tormento). Mis contribuciones a la Wikipedia son menores, pero la consulto con bastante frecuencia. De hecho, en Cadaunadas suelo utilizarla como principal fuente de referencia.

Ese casi virtuoso círculo que se da entre la búsqueda de información en Google y la obtención de las primeras referencias a través de Wikipedia, me parece una relevante manifestación de cómo la comunidad está logrando articular, al margen de los centros tradicionales de saber y poder, respuestas a su necesidades de información.

Hagan la prueba. Pongan cualquier concepto en Google y entre las referencias iniciales de la primera página encontrarán uno o varios resultados de Wikipedia. Prueben con "información": primer resultado. Prueben con "conocimiento": primer resultado. "Poder": tercer resultado.

La comunidad construyendo sus respuestas, en vivo, con la capacidad de crecimiento, edición y corrección que da un ejército de voluntarios, distribuidos por todo el mundo y en múltiples lenguas. Una revolución en como se arman las bases de una enciclopedia.

Pero en un aspecto, Wikipedia es tan conservadora como la Britannica. O incluso más, ya que pudiendo optar por un modelo abierto que acoja con mayor decisión las interpretaciones que entran en conflicto respecto a un concepto, fuerza la construcción de una entrada única. Finalmente, todas las contribuciones respecto a un concepto deben llegar a un consenso, aplicando una restricción que puede entenderse en la Britannica por razones de costo (el número de páginas que una enciclopedia impresa puede tener raya la cancha sobre la que opera su línea editorial: que parte del conocimiento de la Humanidad se transcribe y dentro de este subconjunto que importancia relativa tiene cada concepto), pero que no logro entender en la Wikipedia.

¿Por qué aplicar un criterio similar a una enciclopedia en línea? Podemos en ésta aspirar no sólo a tener todo el conocimiento de la Humanidad, sino todas las versiones que la mayor parte de los conceptos tienen. ¿Por qué las restricciones? Aquí no opera la lógica que se da en otros ámbitos que están siendo transformados por la nueva Web y sus usos sociales. Seguimos anclados en la lógica de la escasez (que es la de la Britannica impresa y su limitación de páginas), sin dar el salto hacia la lógica de la abundancia, esa que Amazon está explotando hasta el extremo de la larga cola de una lista cada vez mayor de productos. Por el contrario (y en esto sigo algunas de las ideas de Enrique Gómez, David de Ugarte y el concepto de contextopedia), no obstante la oportunidad explícita para construir una enciclopedia abierta en la que es posible sustentar diversas interpretaciones para un mismo concepto, Wikipedia impone una lógica del viejo mundo. Impone, por tanto, estructuras de poder del viejo mundo. Muchos escriben y editan, pero en caso de conflicto, sólo unos pocos controlan las versiones.

Una sola entrada para la biografía de Pinochet, una sola entrada para la biografía de Allende. Dos de los personajes más controvertidos de la historia chilena, sobre los cuales no hay consenso. Consenso que no se construye a través de votaciones en la televisión y donde los múltiples matices en sus trayectorias aconsejan exponerlas casi como si fueran distintas vidas de un mismo personaje. Y que finalmente escoja el lector. O mejor, que cada uno, con los datos y sus interpretaciones, se construya desde su juicio crítico, su propio Pinochet, su propio Allende.

No estoy con esto defendiendo el errado concepto de que la verdad sea relativa y que dependiendo de la mirada de cada uno, la verdad cambie. No, la verdad es absoluta: como dicen, las cosas son una cosa y no pueden ser otra. Por el mismo hecho de que la verdad es absoluta, tampoco puede ser neutral, ya que está en su esencia el no ser neutral. Morir es morir, independiente de las interpretaciones que existan respecto a lo que ocurre con nosotros después de la muerte. Es un hecho, un dato objetivo, que al morir dejamos de estar en este mundo de la forma en que estábamos antes de nuestra muerte.

Y en este espacio sobre la verdad, uno de los pilares de Wikipedia, el punto de vista neutral -con el que estoy de acuerdo como una manera de abordar las divergencias de interpretación- podría ser más efectivo si fuera más una invitación a que el lector construyera su juicio al revisar críticamente el debate sobre un concepto y no sólo una entrada que a punta de consensos lima sus aristas. La página de discusión que puede acompañar cada entrada de la Wikipedia, no logra ser espacio idóneo para la inmensa mayoría de navegantes, más en aquellos que llegan a la Web sin las necesarias herramientas para evaluar críticamente la información que consultan.

Este tema se lo pregunté a Wales, lógicamente sin toda la argumentación que aquí expongo. Su respuesta fue un tautológico "así hacemos la cosas en Wikipedia", pero remató con una idea que me parece central: "la enciclopedia tiene el deber de educar al usuarios en cual es la controversia respecto a un tema". Hablando desde la admiración que me provoca Wikipedia (el nerd sigue vivo), me hago la pregunta si estará logrando educar/nos de manera eficiente sobre las controversias que dominan nuestro conocimiento.

20 de noviembre de 2008

18 de noviembre de 2008

Dimensiones paralelas

Imagen: 991, de .mat, con licencia CC: BY-NC-SA

Mientras miles de funcionarios públicos se manifestaban ayer en la superficie de Santiago, reclamando por la más que justa mejora salarial planteada por la ANEF, yo me encontraba en un cuadrante cercano del subsuelo de la ciudad, en el lanzamiento de Chile Clic, el nuevo portal que busca promover una más fácil y rápida interacción entre los ciudadanos y el gobierno electrónico. Gráficamente: dimensiones paralelas de la realidad de nuestro Estado, que se requieren la una de la otra, pero que no se comunican como debieran.

Algo raro estaba pasando. El dueño de casa, el Ministro de Economía, enfatizaba conceptos como eficiencia en el servicio a la comunidad, un Estado con mayor capacidad de respuesta y nos invitaba a los presentes -en general, personas de perfil más técnico que político- a liderar y ser proactivos en la instalación de la modernización de nuestros servicios, pero en la superficie servidores públicos estaban pidiendo una mayor dignidad en la retribución más básica por su labor hacia la comunidad: su sueldo.

Cuando uno habla con personas que no trabajan en el Estado, es normal encontrar en ellas una imagen muy marcada de los funcionarios públicos como trabajadores poco eficientes y que viven a expensas de los impuestos. El mismo concepto de funcionario público es casi una metáfora de la holgazanería. Obviamente, esto es un cliché, pero no por ello deja de ser cierto que -como en todo ámbito laboral- hay personas que le hacen honor a esa imagen.

Es necesario instalar con fuerza el debate respecto al fundamental aporte que quienes trabajamos en el sector público realizamos al desarrollo de Chile. Me refiero a las personas, no a esa entelequia que es "el Estado" como un cuerpo. Pero para esa discusión, es necesario avanzar en un nuevo trato entre el Estado y sus trabajadores, un nuevo trato que significa abrir la conversación más allá de lo salarial, y hacerse cargo de que así como se moderniza el Estado chileno en su relación con la ciudadanía, debe también "modernizarse" en su relación con quienes trabajamos en algún lugar de su vasta estructura.

Modernización. Una palabra grande. Se ha avanzado mucho, pero son grandes aún los atrasos. En nuestro Estado, junto a notables casos como Chile Clic (mis felicitaciones al equipo detrás de la iniciativa), subsisten espacios, verdaderos hoyos negros, en los que miles de funcionarios literalmente pierden muchas horas de trabajo, dedicadas a procesos del todo inútiles.

Un sólo ejemplo a partir de mi experiencia. En estos diez años trabajando en la Dibam, he debido pasar en dos oportunidades por el examen de salud requerido para ser contratado por el Estado. En diez años, el trámite no ha cambiado un ápice. Uno va al consultorio y después de una espera de más de una hora y media, le asignan una "hora" para ser atendido un par de semanas después. Regresa al cabo de las dos semanas, un médico le hace algunas preguntas básicas y lo ausculta con el estetoscopio, y con estos mínimos antecedentes certifica que se tiene salud apropiada para el cargo que va a desempeñar. Dos funcionarios del sistema de salud me dedicaron a mí parte de su valioso tiempo, que sería mil veces más útil si se lo dedicaran a un paciente, para emitir un certificado que sólo tiene un recóndito valor administrativo y que, para mayor sin sentido, tampoco me sirve para saber si estoy enfermo o sano. Y no tengo dudas: esos dos funcionarios también se sentirían más útiles.

Ejemplos como este hay miles y atraviesan transversalmente el cotidiano quehacer de quienes estamos en el Estado. Entonces, si estamos hablando de modernización, partamos no sólo reconociendo la necesidad de mejores sueldos, sino eliminando esos innumerables procedimientos que no aportan valor a la única cadena que importa: la que nos permite entregar el mejor servicio posible a las personas que atendemos.

Cuando la ciudadanía nos vea y nos sienta cada vez más a su lado, dándole respuestas, y no "escondidos" tras procesos administrativos anticuados, engorrosos y vacios de sentido, la modernización de la gestión pública estará dando un salto cualitativo. Y, de paso, las dimensiones de nuestro Estado dejarán de ser tan parelelas.

17 de noviembre de 2008

Escenas de la vida webtidiana - II

Estoy seguro que detrás de esta situación debe haber una de esas infalibles reglas computacionales, construidas a partir de la más rigurosa minería de datos, a través de la cual se han logrado establecer los patrones de comportamiento en la web de miles de millones de usuarios.

No me cabe la menor duda de que yo no soy una excepción y que mi deriva digital cada vez más procrastinante debe haber sido escudriñada por robots, desmenuzada en lejanos servidores y algoritmos de alta complejidad lograron establecer que hago en cada momento que estoy conectado (y posiblemente también hayan establecido certeras hipótesis sobre lo que hago y lo que no hago cuando estoy desconectado).

Y, sin embargo, o quizá a raíz de ello, no dejo de sentir algo de vergüenza cuando mi propio correo web, ese al que le he sido fiel desde hace más de diez años, me clasifica como spam.

¿Seré un spammer inconsciente? ¿Latirá en lo más profundo de mi espíritu una obscena compulsión por reenviar correos a toda mi lista de contactos? ¿Habrá algún psicológo capaz de ayudarme a superar este trauma que recién empiezo a vivir o deberé pedir consejo a alguna base de datos, cual oráculo digital de las nuevas perversiones?

Por el momento, sólo me cabe empezar a asumir mi triste condición de cadaunante spammer y compartir la evidencia de mi desgarro existencial, como en sesión de SA (spammers anónimos) en proceso de rehabilitación.


4 de noviembre de 2008

Una mirada sobre la inclusión digital

Mi amigo Florencio Ceballos resume en ocho minutos algunos de los desafíos para avanzar en la inclusión digital.

Visto gracias a e-rgonomic.