30 de julio de 2008

Misceláneo

Ocurre. Irremediablemente, ocurre. En encuentros como el II Seminario sobre Información en Internet es imposible que todas las presentaciones sean interesantes y que se mantenga un nivel parejo. Por eso, este tipo de reuniones siempre terminan resultando misceláneas, por la variedad de temas y la diversa calidad con la que se abordan.
Ocurre también que cuando uno revisa el programa días antes del inicio, los títulos de las mesas generan expectativas que, en ocasiones, es dificil sostener cuando se está sentado en el auditorio, recordando cuan entretenido sonaba el título de la presentación que ahora lo está meciendo. Aunque en ocasiones también una presentación sorprende, en la mayor parte de los casos por la capacidad del panelista para generar empatía con la audiencia (ese dificil arte de mezclar en las dosis justas inteligencia, seducción y provocación).
Y en ello, este tipo de encuentros se la juegan, pese a todo el compromiso y dedicación de las comisiones organizadoras, la que en este caso -liderada por Ricardo Rodrigues de IBICT- fue de lujo, con extrema preocupación y hospitalidad con los panelistas invitados.
A mi juicio la única medida justa para evaluar estas reuniones es discernir si contribuyeron a generar reflexiones personales que pueden tener impacto en el quehacer profesional. Y este Seminario me ayudó a pensar en dos temas.
Un primer tema es la necesidad de enfrentar Internet como una oportunidad única para la defensa activa del multilingüismo. Nada nuevo, por cierto, pero que planteado desde la realidad brasileña adquiere una mayor fuerza, por la reafirmación cotidiana de Brasil como una sociedad multicultural. Acostumbrados en Chile al falaz discurso de la homogeneidad cultural, debemos mantener una actitud de mayor autoalerta ante cómo hacemos las cosas quienes tenemos responsabilidades en el ámbito de aplicación de políticas públicas culturales.
Y esto lo escribo desde la autocrítica. Expuse sobre la política de generación de contenidos locales desde las bibliotecas públicas, pero no hay un solo sitio publicado en BiblioRedes en alguna de nuestras lenguas originarias. ¿Qué acciones hemos impulsado en estos años para que las bibliotecas que atienden en zonas de alta presencia indígena promuevan la creación de páginas por parte de nuestros pueblos originarios en sus lenguas? Ninguna. Esta es una deuda que el nuevo BiblioRedes deberá asumir.
Parafraseando a Claudio Menezes, con quien compartí panel, ver la oportunidad que representa Internet para el multilingüismo, también obliga a enfrentar la amenaza implícita: el conflicto entre dos utopías. La utopía cultural del multilingüismo, que promueve al hombre o la mujer capaz de expresarse/entender en múltiples lenguas, frente a la utopía comercial del multilingüismo, donde un conjunto reducido de idiomas sean usados por toda la humanidad, facilitando el intercambio a costa de la riqueza cultural.
Sorprende (más allá de las lecturas ideológicas que se puedan hacer y de la guerra no declarada contra el proyecto de digitalización de Google), la voluntad de la Unión Europea levantando Europeana, la biblioteca, archivo y museo digital de un continente que hace 63 años estaba roto por una guerra y hoy asume su identidad multilinguística. En noviembre lanzarán el prototipo y poco después estará disponible en forma íntegra en las 23 lenguas oficiales de la Unión Europea, lo que entre otras cosas significa dotar a este mega portal de 506 diccionarios bilingües (recomiendo leer la presentación de Jonathan Purday, disponible en el repositorio digital del Seminario).
El segundo tema es también una alerta, en este caso respecto al rol de las bibliotecas públicas (y los bibliotecarios profesionales) en las políticas nacionales de inclusión digital. Quizá porque en el caso chileno la Dibam a través de BiblioRedes ha estado presente desde los inicios de la formulación de las políticas públicas en este ámbito, la alerta no es tan evidente. Pero conocer como ha sido la experiencia brasileña obliga a repensar nuestro rol (más cuando el vigor y empuje desde el sector público parece estar enfocado en otros ámbitos de la agenda y no tanto en la inclusión digital). El momento más debatido del Seminario fue cuando Rodrigo Assunção, del Ministerio de Planificación de Brasil, planteó -ante un auditorio lleno de bibliotecarios/as- que en todos sus años trabajando en el sector público por la inclusión digital, nunca ha percibido interés de las bibliotecas públicas ni los bibliotecarios por asumir este desafío.
Entendiendo a la información como palanca del desarrollo personal y social en el mundo actual, las bibliotecas y los bibliotecarios no pueden abstraerse de su deber principal con la inclusión digital (que es un expresión parcial del verdadero desafío: la inclusión social). Pero esto no puede ser sólo una declaración de principios. Debe traducirse en acciones concretas que presenten ante los tomadores de decisiones a bibliotecas y bibliotecarios como protagonistas de esta transformación, teniendo presente que quienes definen estas políticas en muchas oportunidades tienen un cliché muy arraigado sobre la biblioteca pública y el bibliotecario como profesional de la información. No soy bibliotecario y quizá mi afirmación no caiga bien: su futuro no está en la defensa gremial (que fue la reacción espontánea ante la afirmación de Assunção), sino en demostrar que pueden -y quieren- liderar equipos multidisciplinarios para enfrentar desafíos de alta complejidad social en escenarios de desarrollo tecnológico que obliga a remirar el quehacer de su profesión (como está ocurriendo en todos los ámbitos profesionales).
Por último, comparto algunos datos que espero tener algo de tiempo para conocerlos en mayor profundidad:
- El artículo "Digital Maoism" de Jaron Lanier, publicado en Edge.
- Zotero, un servicio que permite recoletar, administrar y citar correctamente las fuentes en una investigación web (y que se usa como aplicación asociada a Firefox, Netscape o Flock).

29 de julio de 2008

27 de julio de 2008

Brasilia, la ciudad del futuro pasado


Ayer llegué a Brasilia, invitado por el Instituto Brasileño de Información en Ciencia y Tecnología (IBICT, dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología), para participar en el II Seminario sobre Información en Internet, cuyo tema central este año es "Contenido e Infodiversidad".
El Seminario comienza hoy en la noche, por lo que en la mañana, después del registro, aproveché para recorrer algunos de los hitos de esta ciudad pensada a fines de la década de 1950 y fundada en 1960 para ser la capital de Brasil y sede de su gobierno federal. Lucio Costa fue su urbanista, Oscar Niemeyer su arquitecto y Juscelino Kubitschek el presidente que concretó una idea cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII, cuando Brasil era colonia de Portugal.
En estas primeras horas caminando por Brasilia, no he salido del eje monumental que tiene en su cabeza la Plaza de los Tres Poderes y que avanza por la Explanada de los Ministerios, el Complejo Cultural de la República (Museo Nacional y Biblioteca Nacional), y la Catedral de Brasilia. Quizá por ello, por encontrarme en su corazón conceptual, alejado de donde ocurre la vida cotidiana de un domingo de sus habitantes, una primera sensación marca intensamente mi mirada: Brasilia es la ciudad del futuro pasado.
Salvo Las Vegas, también creada en el siglo XX pero por razones muy distintas, nunca antes había estado en una ciudad pensada. Al viajar por distintas urbes del mundo, uno de los fenómenos que me atraen es comprobar como lo viejo y lo nuevo resuelven sus tensiones, o como al no resolverlas impactan en la estética, la ecología y la vida de quienes en ella habitan. En este sentido, Brasilia (o lo que de ella he visto hasta ahora) presenta una homogeneidad rara, a la que el ojo y la mente no siempre están acostumbrados: es una ciudad nueva en forma integral, pero una novedad sobre la que ya pesa y ha pasado el tiempo.
Sus amplios espacios, generosos con los caminantes y los vehículos de manera simultánea; sus edificios públicos, con sus grandes volúmenes de formas geométricas que buscan la perfección estética y funcional; los nombres de las calles y sectores, que utilizan cierta lógica alfanúmerica. Todo en Brasilia es un sueño de futuro, pero un futuro pensado a fines de los años 50 y que buscaba proyectar en el tiempo una imagen soberbia e imponente.
Hoy no podemos dejar de maravillarnos con esa imagen, pero la tierra roja que habla de la aún más soberbia presencia amazónica y el fuerte contraste con otros desarrollos urbanos actuales (o como hoy se piensa y se construye la imagen del futuro en las grandes metrópolis) hacen que Brasilia sea el futuro pasado, que se hace ya más de cuatro décadas se encarnó en los planos de un urbanista y un arquitecto. Un futuro que nace hecho historia, por lo que representa simbólicamente y su manifiesta voluntad de grandeza. O como se titula una exposición que está por estos días montada en el Museo Nacional: Brasilia era y sigue siendo una utopia de modernidad, una idea de modernidad que no tiene lugar y que por momentos en la propia Brasilia tampoco existe.

26 de julio de 2008

A votar por Juana Paillalef

Foto obtenida en terra.cl

Juana Paillalef, Directora del Museo Mapuche de Cañete (Región del Bío Bío, Chile), que depende de la DIBAM, fue nominada por el portal Terra como una de las candidatas al premio Mujer Terra 2008 en la categoría Arte y Cultura.
Los que tenemos el honor de conocer a Juana, Pedagoga en Diseño, Magister en Educación Intercultural Bilingüe y por encima de todo una mujer orgullosa de su origen y cultura mapuche, sabemos de su trayectoria, su capacidad de trabajo y el compromiso con su pueblo.
Por ello, sólo podemos apoyar e invitar a votar por ella en esta elección. Personalmente, no creo mucho en este tipo de concursos de Internet. Quienes y cómo nominan a las candidatos/as sigue siendo para mi una caja negra, en la que sospecho se reproducen viejas prácticas. Pero que en ellos aparezcan personas como Juana y puedan eventualmente ganar, implica una cuota de realidad importante: el otro Chile, el de todos nosotros, golpea la mesa.
Para votar por Juana hay plazo hasta el 30 de agosto y sólo deben visitar esta página. Si quieren conocer más detalles sobre ella, hagan clic aquí. Para saber más sobre el concurso, consultar esta dirección. Pero si lo que desean conocer es la mirada de fondo de Juana sobre el rol de los museos en contextos culturales como el mapuche a principios del siglo XXI, en este documento encontrarán -de primera mano- su visión.

21 de julio de 2008

Hábitos

Los agoreros de siempre verán en esta tira de Mauro Entrialgo otra expresión de como Internet compite con la lectura:

Y para seguir con el tenor de la tira, no se pierdan los comentarios: hay algunos de antología.

17 de julio de 2008

Delirio

Es casi medianoche, suena de fondo el coro final de la Novena Sinfonía de Beethoven. Termino el documento de mi ponencia para el IV Congreso de Bibliotecas Públicas de España, al que me han invitado a exponer en septiembre próximo. Un último párrafo me queda dando vueltas:
Y en este nuevo giro, con mayor fuerza que nunca, el usuario, las comunidades de usuarios, se erigen como los grandes aliados de las bibliotecas públicas y BiblioRedes. La biblioteca crecerá, se moverá, viajará y se enriquecerá a la par de sus usuarios, dejando éstos de ser meros receptores de información distribuida desde las bibliotecas. De ser nodos concentradores, las bibliotecas se convertirán en espacios de interconexión entre los verdaderos nodos: los usuarios y sus capacidades creativas, generadoras de información, constructoras de conocimiento.

16 de julio de 2008

Confirmado: Facebook es como tomar té

Imagen de sonicbloom, con licencia CC: BY-NC

Hace algún tiempo, divagaba yo si Facebook era como tomar té con personas que, sin ser tu amigos, era interesante y/o importante mantener algún grado de contacto. Pues bien, Google acaba de llegar a esa conclusión y me está dando la razón. Busquen objetivo oculto de Facebook en nuestra mente universal y vean cuál es el primer resultado (por lo menos hoy 16 de julio de 2008). Le mandaré un mail a Mark para decirle que sé cuál es su secreto y darle el número de mi cuenta corriente.
Dado mi inesperado éxito, me he trazado una nueva misión: probar que el objetivo oculto de Fotolog es que sus usuarios se masturben en público. Les avisaré como me va.
Moraleja: No comparto la última afirmación de Nicholas Carr (sobre la que tengo un borrador de entrada dando vueltas en mi hemisferio izquierdo), pero he de reconocer que los algoritmos de Sergey y Larry a veces se comportan en forma bastante estúpida.

15 de julio de 2008

Rafael Gumucio, el neoludita

Será porque estoy más alerta, será porque son cada vez más. Da lo mismo. Ocurre que de un tiempo a esta parte son más evidentes las manifestaciones del neoludismo en Chile. Las escucho en la radio, las leo en la prensa, las veo en televisión. A veces son directas en sus planteamientos, en muchas ocasiones son sutiles comentarios fuera del contexto del artículo, la conversación o la nota en la cual se mencionan. Pero que son cada vez más, ese es un dato de la causa, aunque es muy probable que quienes así se manifiestan no se sientan herederos y -posiblemente- tampoco conozcan a Theodore Kaczynski.

Y fue la columna de Rafael Gumucio en uno de los últimos números de The Clinic, la que me hizo ver cómo esta reacción ante la penetración de Internet (y la tecnología en general) en casi todos los ámbitos de nuestra vida diaria, está despertando los temores más profundos en algunos grupos de nuestra sociedad, los que no dudan en torcer argumentos para pontificar sobre las pestes y desgracias que Internet traerá a nuestro mundo.

En una columna titulada "Como Internet puede acabar con la democracia" (la que pueden descargar aquí, ya que el sitio de The Clinic, en una extraña estrategia web, aún no tiene disponibles los contenidos de las últimas ediciones), Gumucio desarrolla un argumento central: en Internet, donde cada uno puede publicar lo que quiera, sin estar "sometido a un editor", uno de los principios fundamentales de la democracia (nadie es poseedor de la verdad completa y por lo tanto se deben alcanzar acuerdos, construir consensos) entra en crisis. "En la red no se negocia nada", y por lo tanto cada uno plantea su verdad, sin necesidad de negociar con nadie lo que dice y publica. La verdad se relativiza y ello puede llevar al surgimiento de sectarismos y fanatismos. Concluye Gumucio:
¿Cuánto falta para que la red muestre su araña? ¿Un Hitler nuevo, nutrido como el antiguo de falsa ciencia, de datos torcidos, y del hastío profundo de las elecciones?
Desconozco que autores y experiencias alimentan esta mirada, pero sus lugares comunes son significativos. Y tres son las críticas principales que le hago.

No quiero caer en el polo opuesto y hacer gala de un exacerbado tecno-optimismo, pero hasta ahora la red ha demostrado que construye más diálogos que los que cierra. Y este blog y esta entrada son un buen ejemplo. En el mundo de los medios tradicionales, para poder rebatir a Gumucio yo debiera enviar una carta a The Clinic y esperar que el editor decidiera publicarla. Sin embargo, eso no sería un diálogo, apenas una respuesta de un lector a la reflexión de un columnista. Pero gracias a Internet, estoy publicando mi respuesta para que la lea quien quiera y con la posibilidad de que el propio Gumucio responda. Las posibilidades de diálogo son, sin lugar a dudas, mayores.

Resulta curiosa también su visión sobre la democracia: un régimen donde las personas negocian sus verdades parciales, donde la autoridad (de un presidente, de un editor) representa finalmente el consenso sobre la verdad más completa. A lo menos, naïve Gumucio al desconocer que los presidentes, los editores, son valedores también de verdades parciales y que responden a determinados grupos de interés. Y que en muchos casos, esos intereses que representan imponen visiones, generan exclusiones, silencian voces. Por el momento, Internet tiene espacio para todas las voces y todas las conversaciones, incluso aquellas que van contra el derecho a la libre expresión. Las posibilidades de inclusión son, sin lugar a dudas, mayores.

Por último, la red es reflejo de la humanidad. Hitler no requirió Internet para existir, y si surge un nuevo Hitler no será responsabilidad de Internet, sino de la naturaleza humana y de como, ante ciertos escenarios, las sociedades pueden construir respuestas basadas en la intolerancia. No tengo duda que cuando un nuevo Hitler esté surgiendo, aprovechará las capacidades de la red para intentar llegar al poder. Pero también estoy seguro que -a diferencia de lo que ocurrió con la sociedad alemana anterior a 1933- ahora existirán mayores posibilidades de resistir ese embate e Internet será el medio para evitar, a través de un mayor y más transparente acceso a la información y la multiplicación de las fuentes de información, construir la "verdad" que durante años las democracias occidentales "pactaron" con la Alemania nazi respecto a lo que estaba ocurriendo con judios, gitanos, homosexuales, opositores políticos y un largo listado de grupos. Las posibilidades de tolerancia son, sin lugar a dudas, mayores.