11 de agosto de 2012

De rajas y metralletas


 

"Con una metralleta en la raja, todo Chile trabaja".

La afirmación es de Sergio de Castro, dicha en una entrevista grabada durante su período como ministro de Hacienda entre 1977 y 1982, registro que está disponible en la Biblioteca de la Universidad Finis Terrae. La cita la extraigo del libro de mi buen amigo e historiador Manuel Gárate, La revolución capitalista de Chile (1973-2003) (Ediciones Universidad Alberto Hurtado, Santiago, 2012, página 189), basado en su enorme investigación doctoral, obra fundamental para entender el Chile de hoy.

A pocas semanas que en el país recordaran el centenario del natalicio de Milton Friedman y su “pensamiento basado en la libertad”, la frase, en boca de uno de los más destacados Chicago Boys, es útil para recordar el carácter cívico-militar de la dictadura que hizo posible la implantación de las políticas neoliberales en Chile. Las mismas que hoy son cuestionadas en las calles y que ha llevado a que para algunos deje de ser una metáfora, tal como muestra la imagen captada el año pasado que encabeza este breve posteo y cuyo autor lamentablemente no recuerdo.

10 de julio de 2012

#LibrosSinIVA, ¿punto de partida para qué?


Mi buen amigo Marco Coloma, en su réplica a mi entrada anterior, avanzó un paso más allá en iluminar los fundamentos que impulsan la campaña Libros Sin IVA, entre cuyos autores intelectuales se encuentra. Tomo el guante de lo que afirma y trataré en estas líneas precisar las divergencias que tenemos sobre el real impacto de una iniciativa como ésta en hacer de Chile un país más lector. 

Parto reconociendo que, como él mismo dice, coincidimos en el diagnóstico: en nuestro país los índices de lectura deben ser otros si aspiramos a ser una sociedad con mejor desarrollo humano. Pero el punto de partida desde el cual él articula toda su propuesta, la eliminación del IVA (“que debiera ser la primera pieza de un plan más ambicioso, integral y definitivo de promoción del libro y la lectura”), sigue careciendo de fundamentación empírica, así como proyecta una comprensible pero ya vieja equivocación. No es libro el que está en la base del desarrollo humano, no es el derecho al acceso a los libros el que debemos resguardar. Es la lectura y el derecho al acceso a ella (o más aún, el derecho al libre acceso al conocimiento, como conversábamos con Patricio Segura) el que debe garantizarse. Como buen editor que es, Marco sabe que el libro es solo uno de tantos soportes de lectura y por tanto no es el bien en sí el que debe hacerse accesible, sino facilitar que todos tengamos acceso y podamos participar activamente en los procesos de desarrollo personal y colectivo que la lectura provoca.

Lo anterior nos adentra en el terreno de lo simbólico y la responsabilidad del Estado en asegurar una distribución más equitativa en este ámbito. Marco, al igual que varios de quienes criticaron mi entrada anterior, recurre discursivamente a emparentar la campaña Libros Sin IVA con la demanda ciudadana por una educación pública de calidad. Ambas serían parte de un mismo ideario y por lo tanto mi propuesta de que sea el Estado el que garantice el acceso a la lectura a través de una red de bibliotecas públicas gratuita para las personas y territorialmente densa, sería el símil en este ámbito de las propuestas que se oponen a la educación pública, gratuita y de calidad. 

La contradicción en el argumento salta a la vista, pero es más evidente al leer una de las afirmaciones con la cuales Marco cierra su columna, señalando sobre la eliminación del IVA de los libros: “¿Por qué no implementar una medida probada, que convoca amplios consensos, y que justamente favorece el acceso a los libros a través del mercado?” Es necesario hacer una disección de esta pregunta retórica:
  1. Que sea medida probada, está por demostrarse. Hasta el momento, desde la campaña, más allá de comunicarse un dato cierto (el IVA 0 o diferenciado que el libro tiene en otros países), no se han mostrado cifras concretas de cómo ese tratamiento tributario del libro ha modificado los índices de lectura en esos países. Quizá porque como el propio Marco ha señalado, esa información no existe. Coincido, eso sí, en la dificultad de aislar esta variable, ya que en el fomento de la lectura operan múltiples factores.
  2. Si la medida concita amplios consensos, ¿por qué no se ha implementado aún? En los últimos días hemos visto como la efectiva estrategia de la campaña en redes sociales ha ido reuniendo el apoyo de parlamentarios, pero como bien apunta Arturo Navarro en una entrada en su blog, parece que en el poder ejecutivo la cosa no será tan fácil. Una medida como ésta nunca concitó el interés de los gobierno de la Concertación y el actual presidente llegó a La Moneda haciendo público que no iba a eliminar el IVA a los libros. Aún así, y cómo ocurre en otros temas, podría argumentarse que el distanciamiento de nuestras autoridades con la ciudadanía también está afectando su capacidad para interpretar esta demanda social. Raya para la suma: ninguno de los últimos cinco gobiernos comprometió la eliminación del IVA al libro, algo que debiera haber enfrentado la oposición de esos “amplios consensos”.
  3. Pero es el cierre de la pregunta el que más llama mi atención, ya que si esta demanda es parte del mismo universo simbólico que el clamor nacional por la “educación pública, gratuita y de calidad”, no puedo entender se justifique que la administración del supuesto derecho que se está defendiendo se haga recaer en el mercado. Y sin embargo, es mi propuesta de una red de bibliotecas públicas, financiada con cargo a los presupuesto fiscal, la tildada de tecnócrata y neoliberal, epítetos que ha recibido en diversos espacios en las que se ha discutido.

A estas alturas, parece necesario abrir una pregunta no abordada en esta reedición del debate: ¿es el  IVA el responsable del alto precio de los libros en Chile? Arrojar luz sobre este tema es fundamental, toda vez que sin afirmarlo explícitamente, la campaña deja instalada la idea que eliminando el IVA los libros tendrán un precio que permitirá a quienes ya los adquieren adquirir más y a quienes no lo hacen empezar a hacerlo. Sin embargo, como bien analizó Matías Cociña en su estudio sobre las determinantes de la lectura en Chile, el IVA solo no explica el alto precio que tienen en el país los libros importados, ya que descontado éste seguimos pagando en términos absolutos y proporcionales los precios más altos en una comparación con un grupo seleccionado de países. En  este escenario, ¿qué incentivos tiene la industria del libro para traspasar el descuento del IVA al precio final, si ya estamos acostumbrados a pagar precios altos?

Además, en el caso de los libros editados en Chile, el año 2007 (año en que Cociña hizo su análisis), el precio promedio era levemente inferior a los $7.000 con IVA incluido, por lo que tampoco podría hablarse de la inexistencia de una oferta interesante y a precios asequibles. Esto confirmaría lo indicado en los estudios sobre las motivaciones para no leer: la falta de tiempo, motivación o hábito, no el precio. Ello no impide que quienes leemos nos quejemos del valor de los libros, así como quienes consumen pan se quejan de su valor, o quienes usan el transporte público reclaman por la constantes alzas en los pasajes, o quienes compran pescado y mariscos en semana santa protestan ante las cámaras de televisión por el desembolso que realizan. Son pocos los casos en que los consumidores, en forma masiva, decimos que los bienes y servicios que adquirimos están por debajo de lo que estamos dispuestos a pagar por ellos.

Cierro abordando la composición socioeconómica de quienes en Chile se definen como lectores. Nunca he dicho que sean solo personas de ingresos altos o medios-altos, sí que estos grupos proporcionalmente leen más que los grupos de ingresos inferiores. En esto también Marco y yo coincidimos, pero lo invito a hacer un simple cálculo: ¿cuánto debería invertir una persona que gane el 2013 el salario mínimo que está pronto aprobarse en el Congreso ($193.000) si quisiera adquirir los siete volúmenes de Harry Potter sin IVA? A un valor promedio actual de $11.000 por volumen, descontado el IVA quedaría en $8.920 cada volumen, por lo que la colección completa representaría el 32,5% de un sueldo mensual bruto. ¿Es posible pensar, entonces, que el mercado resuelve el problema de acceso a la lectura a los más de 900 mil chilenos que ganan el sueldo mínimo? Mucho me temo que no. Cabe preguntarse para qué es punto de partida Libros Sin IVA.

Actualización. Gracias al infalible Eduardo Díaz, reconozco el error de mi cálculo en el párrafo anterior. El valor del volumen de Harry Potter, descontado el IVA, sería $9.244.

7 de julio de 2012

¿Por qué no adhiero a la campaña #LibrosSinIVA?


Hace pocos días se lanzó la campaña ciudadana Libros sin IVA, que como su nombre indica apunta a que los libros tengan un tratamiento tributario diferenciado en Chile. En su grupo gestor tengo varios buenos amigos, por eso me alegro que en escaso tiempo haya superado (al momento de escribir estas líneas) las 29 mil firmas. Si tu compartes los principios del manifiesto que fundamenta esta iniciativa, sugiero te sumes a ella.

Antes, eso sí, te invito a que conozcas las razones por las que no adhiero a esta campaña, porque aunque logre su objetivo (eliminar el IVA al libro), no creo tenga impacto significativo en hacer de Chile un país más lector.

1. Como decía Lenin, los hechos son obstinados, y en este caso, pese a lo que el lugar común afirma, el precio de los libros no está entre las principales razones que los chilenos esgrimimos para justificar por qué no leemos. No entraré en los detalles, ya que los abordé no hace mucho, pero los principales estudios de 2009, 2010 y 2011 sobre nuestro comportamiento lector ubican la falta de tiempo, de interés, de costumbre o preferir otras alternativas de entretención como razones más importantes para no leer. Sí, los mismos estudios que la campaña Libros sin IVA usa para fundamentar sus afirmaciones.

2. Como parte central de la campaña, se señala que Chile es uno de los países del mundo con el IVA más alto al libro. Además, se indica que en el contexto latinoamericano casi todos los países tienen un IVA diferenciado (menor al que pagan otros bienes y servicios) o no gravan con este impuesto el libro. De manera implícita, se establece la relación entre nuestros índices de lectura y el valor de los libros. Sin embargo, nuevamente la obstinada realidad dice otra cosa. Pese a nuestra “desventajosa” situación en este tema en la región, según un reciente estudio de Cerlalc, Chile es el segundo país con mayores niveles de lectura en América Latina (solo superado por Argentina). Es decir, al compararnos, el mayor IVA que pagamos nosotros por los libros no ha impedido que estemos en la vanguardia continental en tasas de lectura.

3. En la jerga de los economistas, eliminar o rebajar el IVA a los libros es una medida regresiva. Uno de los objetivos principales de los sistemas tributarios es redistribuir la riqueza al interior de una sociedad. ¿Quién se vería beneficiado con una medida de este tipo en Chile? Aquel segmento de la sociedad que compra libros, que como demuestran los diversos estudios está compuesto mayoritariamente por personas de ingresos medios-altos y altos. En esta dimensión, la campaña encierra lo que podría denominarse una trampa ética, ya que si bien el lema parece apuntar a hacer más equitativo el acceso a la cultura, en la práctica consolida el acceso desigual al libro. 

4. No puedo dejar de preguntarme si un libro más barato producto de un menor IVA, será incentivo suficiente para que en La Pintana, Tirúa, Vallenar, Putre o Isla de Pascua, por poner solo algunas comunas, proliferen las librerías. A priori, creo que no, por lo que para muchos chilenos y chilenas, ese libro más barato seguirá estando en una ciudad o comuna distante. En la práctica, dudo tenga un efecto relevante en la desagregación geográfica de la oferta, por lo que el mercado del libro seguirá territorialmente tan concentrado como hoy está. Claro, se podrá argumentar que esta medida no basta y que debe ser acompañada por otras acciones que apunten a fortalecer la cadena de distribución de la industria del libro en Chile. No faltará entonces quienes promuevan algún régimen tributario especial para las librerías en regiones.

5. Por último, cuando cerca de 900 mil personas ganan el salario mínimo o menos en Chile (que en la práctica significa trabajar para seguir siendo pobre) y la canasta básica de alimentos (una de las herramientas para medir la pobreza en el país) requiere una urgente actualización para descubrir una pobreza latente que se esconde en las estadísticas oficiales, si vamos a hablar de eliminar el IVA a algo, más importante parece hacerlo a los bienes y servicios de primera necesidad. La campaña ha sido exitosa en capturar el valor simbólico que encierra su lema, sabiendo apelar a ese ethos indignado que en el último tiempo las desigualdades en Chile han masificado, pero para un grupo significativo de nuestra población, el más necesitado en este ámbito, los que están en los primeros quintiles de ingreso, su beneficio será casi nulo.

Quizás al terminar estas líneas pensarás que es la típica crítica destructiva a una iniciativa noble y necesaria. Y además, sin proponer nada a cambio. Pero no te engañes. Si de fomentar un acceso equitativo a la lectura se trata, hay un Plan B. Sí, con B de Biblioteca.

29 de mayo de 2012

La violencia y la guitarra de la democracia

Dos enormes reflexiones de Iván Fuentes, uno de los líderes de la Mesa Social de la Patagonia, parte de una columna publicada en Le Monde Diplomatique. Un tratado sobre cómo recuperar la política y llenarla de sentido común.

Sobre la violencia:
Cuando hablan de violencia olvidan que hay una violencia silenciosa. Existe la violencia cuando se enciende el neumático, pero esa gente no es violenta, es gente pacífica, que nunca había protestado que nunca había tenido un sí ni un no con la autoridad. Son campesinos, pescadores artesanales, mujeres dueñas de casa, que encienden el primer neumático porque están hartos de la violencia silenciosa, de la miseria, de las promesas incumplidas, de las cartas sin respuesta, de las esperanzas frustradas. La violencia silenciosa es mucho más grave que la violencia del neumático encendido.
Y sobre la guitarra de la democracia:
Nos hemos dado cuenta que hay que afinar la guitarra de la democracia. No me refiero a un partido en específico, sino a la política, que está enferma, pero la necesitamos sana. La gente dice, los políticos aquí, los políticos allá, no voy a votar por los políticos, estoy cabreado de ellos, pero eso es grave, ya que si no votamos nosotros otros lo harán y el presidente va a salir igual, aunque sea con un ocho por ciento, por eso creo que es mejor votar, pero hay que tirarle las orejas a todos los partidos, a todos. ¿Dónde están las patrullas juveniles de los partidos? ¿dónde están los líderes del 2015, del 2025?

9 de mayo de 2012

¿Por qué cierra la Biblioteca de Montegrande?

Ayer en el noticiero central de Televisión Nacional y hoy en una breve nota en El Mercurio, el cierre de la Biblioteca de Montegrande -las tierras de Gabriela Mistral- por falta de recursos para seguir funcionando, ha generado una cierta reacción de simpatía y voluntad en las redes sociales. Muchas personas manifiestan su interés en colaborar con la Corporación Montegabriela, organizacíón privada que hace seis años abrió la primera y hasta ahora única biblioteca pública de la comuna de Paihuano.

Es bueno que malas noticias como ésta no pasen desapercibidas, pero nuevamente pone de relieve lo que en repetidas ocasiones he comentado en este blog: la fragilidad legal en la que funcionan las bibliotecas públicas en el país. Da lo mismo que sean la mayor red cultural de acceso público, gratuito y equitativo. Da lo mismo que sean líderes en las políticas de inclusión digital del país. Da lo mismo que 2 de cada 3 personas que acceden a sus servicios vivan por debajo de la línea de la pobreza. Nada, absolutamente nada, puede impedir que una biblioteca pública se cierre en Chile si así lo decide quien la sostiene.

En este caso particular, además, no puedo dejar pasar por alto que una organización privada esté cumpliendo un rol que debiera jugar el municipio. No me malentiendan: me encantaría que el país estuviera lleno de corporaciones similares, que entre sus líneas de trabajo tuvieran abrir bibliotecas públicas en lugares que realmente lo necesitan. Pero le debemos exigir al Estado que cumpla su papel y en Paihuano ello no está ocurriendo. Lo sé. La municipalidad es de escasos recursos y por muy buena gestión que pueda realizar, no contaría con los fondos necesarios para atender todas las necesidades.

La respuesta a la pregunta que da título a esta entrada es, por tanto, sencilla: un Estado que no está haciendo su trabajo. Ante eso hay dos caminos: o quedarnos en el callejón sin salida que plantea el escenario actual, o potenciar a los municipios para que asuman a cabalidad el desarrollo de las bibliotecas públicas en Chile, algo sobre lo cual ya comenté a raíz de las primarias en Providencia.

El primer paso para que eso se revierta es dotar a Chile de una ley de bibliotecas públicas, como hizo Colombia recientemente o han hecho diversas comunidades autonómicas españolas. La ley no es la panacea, pero sí el piso mínimo sobre el cual seguir construyendo el sistema de bibliotecas públicas, consolidando lo realizado, proyectando los nuevos desafíos, fortaleciendo a los municipios y entregando recursos para que ello sea posible.

En noviembre del año pasado me invitaron a exponer sobre este tema en la XVI Conferencia Internacional de Bibliotecología, organizada por el Colegio de Bibliotecarios de Chile, presentación que comparto debajo. Como allí dije, me gustaría vivir en la ciudad de Bart Simpson, porque en ella la biblioteca pública es parte del paisaje. Quizá no haya ley de biblioteca en Springfield, quizá no la necesiten, pero como en cualquier pueblo o ciudad de Estados Unidos (del mundo anglosajón, para ser más amplio), su comunidad no entendería no contar con una biblioteca (o dos en el caso de Springfield). A tal punto que cuando producto de la crisis de 2008 los recortes presupuestarios empezaron a ocurrir, las comunidades se organizaron y empezaron a defender sus bibliotecas.

Para que Montegrande sea Springfield, la ley de biblioteca pública es necesaria, porque a diferencia de lo que ocurre en las calles que recorre Bart, la cultura de biblioteca no existe en los caminos por los que alguna vez caminó Gabriela.

24 de abril de 2012

Dos hechos curiosos sobre la lectura en Chile


Un nuevo 23 de abril, Día Internacional del Libro, y como parte del rito autoridades, especialistas, medios de comunicación e interesados en la situación de la lectura, hacen sus análisis y comparten sus ideas para cambiar una situación que –unos más, unos menos- califican como lejana al ideal.

Es en ese contexto en el que dos hechos resultan curiosos en Chile.

Primer hecho curioso. Desde que asumió el actual gobierno, “el mundo de la cultura” ha participado del debate sobre la institucionalidad que tenemos como país, apuntando principalmente a si el actual Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) es el medio adecuado para dar prioridad a las políticas públicas en el área, o si, por el contrario, debemos contar con un Ministerio de Cultura. Casi todos los actores de ese “mundo” tienen postura en este tema. El CNCA no cumple aún su primera década pero ya parece necesario cambiarlo.

Sin embargo, cuando uno se aproxima a esta discusión desde el terreno de la defensa del derecho al acceso equitativo a la lectura (algo más complejo que el mero fomento del libro y la lectura), llama la atención la escasa preocupación por la institucionalidad (o ausencia de ésta) que debe asegurar a cada chileno y chilena ese derecho. Incluso, más de alguien al revisar estas líneas dude de la existencia de tal derecho.

Dos ejemplos. La actual “Ley del Libro” data de 1993 y en su esencia crea el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura y el Consejo que la administra. 1993, cuando Internet no existía en Chile y la diversidad de soportes y formatos de lectura hoy disponibles eran solo ciencia ficción. Sin embargo, hasta donde se conoce, no existe ni del gobierno ni de los sectores interesados (gremios editoriales, libreros, autores, bibliotecarios, etc.) iniciativa para cambiar en el corto plazo ese marco legal. El otro ejemplo es la inexistencia de un marco legal para el funcionamiento de las bibliotecas públicas a lo largo del país, pese a constituir la red de acceso público, gratuito y equitativo a la lectura más importante del país. Hoy dependen enteramente de la voluntad y criterio de los municipios, y los aportes que el gobierno realiza a través de la Dibam y el Consejo del Libro y la Lectura. Nada, absolutamente nada, impide que una biblioteca pública municipal pueda cerrarse si así lo define la municipalidad.

No soy de los que cree que las leyes arreglen mágicamente los problemas, pero sí que sin marcos legales adecuados algunos cambios culturales no ocurrirán.

Segundo hecho curioso. Los gobiernos locales administran hoy en Chile los dos principales medios para desarrollar políticas de largo aliento en el ámbito de la lectura: las escuelas municipales y las bibliotecas públicas. Y sin embargo, la lectura (o la responsabilidad que en mejorar sus índices tienen los gobiernos locales) no está presente en el incipiente debate electoral municipal (y en rigor, tampoco lo estuvo en elecciones pasadas).

Todos los actores coinciden que para alcanzar el desarrollo, Chile también debe aumentar sus índices en este ámbito. Apuntamos a los modelos escandinavos y nos maravillamos cómo se incentiva desde tempranas edades la lectura. Pero llega el momento de marcar nuestra preferencia en una papeleta electoral y pareciera que las prioridades fueran otras, porque los programas de los candidatos no mencionan el desarrollo de la lectura en sus comunas, no tienen propuestas. Nada extraño: el crónico desfinanciamiento de los municipios chilenos los obliga a priorizar las necesidades, y ante temas de mayor impacto en los medios (y por tanto en la retina del elector) como la seguridad ciudadana o el tratamiento de la basura, la lectura es relegada, muchas veces sin comprender que una sociedad que lee puede ser el camino hacia una sociedad con menores índices de delincuencia o con una actitud distinta ante los desechos que genera.

Concluyo. Mucho me temo que en un año más nos encontremos en la misma situación, hablando de las mismas cifras, compartiendo los mismos diagnósticos. Porque en esto también opera aquel adagio que dice que si sigues haciendo lo mismo de siempre, no esperes obtener resultados distintos. Si eso ocurriera, sería el tercer hecho curioso sobre la lectura en Chile.


* Entrada publicada originalmente en elquintopoder.cl

23 de abril de 2012

Bibliotecas públicas y lectura: la propuesta de Javier Insulza para Providencia

Ayer en la noche, apenas publiqué la entrada anterior sobre bibliotecas públicas y lectura en el marco de las primarias municipales de Providencia, se la envié por correo a Josefa Errázuriz, Javier Insulza y Cristóbal Bellolio. A los pocos minutos, Javier me remitió la columna que encontrarán más abajo, indicándome que se encontraba a punto de terminarla cuando recibió mi correo. Por otro lado, poco después Cristóbal me respondió, indicando que por descoordinaciones internas en su equipo de campaña no había alcanzado a enviarme sus propuestas, pero que el fomento de la lectura se encuentra entre las 10 prioridades del área de cultura, algo que será expresado en un documento que espera poder compartir pronto.

Agradezco a Javier y Cristóbal su gentileza en responder.

Sin más, comparto integralmente el texto que me hizo llegar Javier:

"Bibliotecas públicas de Providencia. Los nuevos desafíos.


El querer realizar un cambio en la gestión edilicia no quiere decir que todo se esté realizando mal, sino que las cosas pueden ser diferentes y, por cierto, mejores.


En ese contexto debemos señalar que el actual sistema de bibliotecas de la comuna de Providencia es bueno, ágil e inclusivo, sin embargo, carece de mayor y mejor información para los residentes, quienes tienen gran interés por la lectura y el conocimiento (según datos de Bibliometro).


Esto implica que la falta de información a los residentes respecto de la existencia de este buen sistema, que es de enorme utilidad para mejorar el nivel cultural de los chilenos, particularmente el de los ciudadanos de Providencia, resulta inconcebible.


De no ser por mi calidad de vecino de la comuna y de mi interés por realizar un aporte concreto a esta comuna, quizás no me hubiese enterado del valor, importancia y desarrollo que tienen las actuales bibliotecas municipales.


Así, desde dicha evaluación podemos comenzar a pensar algunas mejoras que pretendemos desarrollar en una futura gestión edilicia para Providencia y sus Bibliotecas.


Nuestra propuesta de desarrollo comunal en el área de cultura va de la mano de las bibliotecas municipales existentes y, por qué no, de ser necesario de la instalación de nuevos espacios que ayuden a cubrir lugares de la comuna que no tengan centros culturales cercanos.


La intención que tenemos es que todas las inscripciones de carácter cultural no deban realizarse "en la misma municipalidad", sino que estos puedan realizarse en línea, o bien en la biblioteca municipal más cercana al domicilio de los interesados. Lo que buscamos es que la biblioteca municipal sea el primer nexo entre el vecino o vecina y la cultura y que, de una u otra forma este nexo se transforme en una de las necesidades primarias, de tal modo de que la cercanía entre el residente comunal y su biblioteca pase a ser casi obligatorio.


De la mano de la tecnología se inscriben las principales propuestas concretas para las bibliotecas de Providencia que queremos llevar adelante. La primera es la posibilidad de realizar pedidos de libros directamente por Internet, a través del sistema ya existente y en el que se permite incluso la renovación online.


Una segunda propuesta que busca ser innovadora es la posibilidad de tener una sede para lectura electrónica, tal como lo tiene actualmente la Biblioteca del Congreso Nacional, lo que implica tener libros en formatos digitales que permitan a los vecinos, especialmente adultos mayores, poder seguir fomentando su interés por la lectura sin la necesidad de salir de su domicilio o sólo acercándose a las bibliotecas municipales.


Por último proponemos fomentar la lectura de nuestros vecinos y vecinas ciegos o con dificultades de visión ¿cómo? A través de la grabación de libros, idealmente por parte de otros habitantes que de forma voluntaria  se interesen por quienes sufren estas situaciones. Así no sólo les llevaríamos conocimiento sino también alegría.


Todas estas propuestas apuntan a mejorar la cercanía de las buenas bibliotecas municipales de Providencia con todos los vecinos de la comuna.


Javier Insulza"

Actualización 23 de abril, 10:45 am: Al igual de Cristóbal, Josefa se excusó por no hacerme llegar sus propuestas por razones internas de su equipo de campaña, pero indicó compartía las ideas que planteé en mi entrada de ayer. Agradezco también su respuesta.

22 de abril de 2012

Primarias en Providencia, bibliotecas públicas y lectura


Los chilenos leemos poco y tenemos, además, un bajo promedio de comprensión de lectura de lo que leemos. Esa es la imagen que en los últimos años se ha instalado y aunque para su comprobación la afirmación requiere ser problematizada, como idea ha logrado penetrar en el debate con fuerza. Es parte de esos lugares comunes que rondan sobre el tema, junto a otros como que el problema del libro en Chile es el IVA o que no existen alternativas de acceso gratuito a la lectura.

Un análisis detallado de esas afirmaciones quizá concluya que algo de razón tienen, pero posiblemente la principal conclusión a la cual llegue ese análisis es la falta de prioridad política que el desarrollo de la lectura tiene en Chile. Hace pocos días, Marco Coloma se preguntaba cuánto le importa al presidente Piñera su Plan de Lectura. Me atrevo a extender la pregunta a toda la clase política en general.

Estamos en año electoral. En octubre, elegiremos a nuestras autoridades municipales. En la comuna de Providencia, en la cual vivo y voto, tres candidatos (Josefa Errázuriz, Javier Insulza y Cristóbal Bellolio) competirán en una primaria para que los electores que no nos sentimos representados por el actual alcalde Cristián Labbé podamos seleccionar a quien aparecerá en la papeleta en octubre (junto a Labbé y otras eventuales candidaturas).

¿Qué relación tienen el fomento de la lectura en Chile y las elecciones municipales? Una muy directa y clara. De los municipios dependen las dos herramientas principales con que contamos para impactar en el largo plazo en qué y cuánto leen los chilenos. 

Por un lado, las escuelas públicas municipales, a las que concurren los alumnos de nuestro país que menos leen porque (¡oh, que sorpresa!) el inequitativo acceso a la lectura en Chile es otra expresión de nuestra desigualdad socioeconómica. Es en la educación preescolar y los primeros años de la educación básica, junto con el insustituible rol de las familias, donde la lectura juega su batalla fundamental: un niño o niña que no desarrolla el gusto por la lectura a esa edad, suele convertirse en un adolescente o adulto que no lee.

Por otro lado, las bibliotecas públicas, salvo unas pocas excepciones, dependen de los municipios o las corporaciones municipales. Es decir, en la gestión municipal se articula la mayor red de acceso público, gratuito y equitativo a la lectura en el país, una red que tiene presencia en todas las comunas de Chile.

En el caso específico de Providencia, además, nos encontramos ante quizá la mejor red comunal de acceso a la lectura en el país. El alcalde Labbé ha potenciado las bibliotecas públicas municipales y creado espacios relacionados como los café literarios. Quien gane las elecciones de octubre, se encontrará con una red potente que permite proyectar el rol de las bibliotecas como colaboradoras activas en el diseño del futuro de la comuna.

Por lo anterior, a mediados de marzo invité a los candidatos de las primarias en Providencia a compartir aquí en Cadaunadas sus propuestas sobre las bibliotecas públicas. El desafío era concreto. Que respondieran en no más de una carilla tres preguntas: 1) ¿Cuál es tu evaluación de la situación actual de las bibliotecas públicas de la comuna?; 2) ¿Cómo se articulan las bibliotecas públicas en tu propuesta de desarrollo?; y 3) ¿Qué medidas concretas propones para desarrollar el sistema de bibliotecas públicas?

Los tres aceptaron y comprometieron enviar sus respuestas un mes después, fecha que se cumplió el 18 de abril pasado. Sin embargo, las respuestas no llegaron, ni tampoco respondieron a un nuevo correo que les envié el 19 de abril para recordarles el compromiso e indicarles que me parecía ideal difundir sus respuestas el 23 de abril, Día Internacional del Libro e inmejorable contexto para conocer sus propuestas sobre las bibliotecas públicas.

Confieso que la respuesta inicial me sorprendió. No esperaba aceptaran el desafío y menos los tres. Sin embargo, al final todo quedó en nada. Las primarias serán en mayo y aún hay tiempo para que expliciten sus propuestas. Y si no lo hacen en este período, quien resulte ganador tendrá tiempo adicional para incorporar a las bibliotecas públicas y la lectura en su programa de campaña.

Pero el punto creo es otro. Espero estar equivocado, pero ninguno de los tres tiene el fomento de la lectura en Providencia entre sus prioridades. O no creen que sea un elemento decidor para que los potenciales electores decidan por uno u otro al marcar su preferencia en la primaria de mayo. No encuentro otras razones para que no hayan compartido sus posturas.

Podrán ustedes argumentar que el problema de nuestros índices de lectura escapa, con mucho, a la gestión de los municipios. Que requiere políticas nacionales impulsadas por el gobierno central. Y yo les encontraré la razón. Pero como he señalado antes, los municipios tienen un rol que jugar, el que a mi juicio debe y puede ser fortalecido.

Las demandas estudiantiles del año pasado, dejaron sobre la mesa la idea de revertir la municipalización de la educación. Algo similar ocurre con la atención primaria de salud. Es curioso, pero en un país en el que todos reclamamos por su excesivo centralismo, seguimos creyendo que la solución de los problemas estructurales pasa por aumentar el poder de las autoridades nacionales, quitándoles capacidad de gestión a las autoridades locales. No comparto esa mirada. Debemos fortalecer a los municipios, porque son las estructuras de gobierno que tienen mayor cercanía con las personas. Abrámoslos más a la ciudadanía, aumentemos sus presupuestos, desarrollemos las capacidades en sus equipos humanos, entreguémosles más autonomía y poder de decisión.

Municipios fuertes son claves para políticas públicas más eficientes que apunten a una mejor calidad de vida en todas las comunas de Chile. Convertir a éstas en territorios de la lectura, entendiendo que leer es parte sustancial del desarrollo humano en una sociedad, implica que quienes dirigen los municipios o aspiran a hacerlo, hagan de la lectura un pilar de sus propuestas de campaña. Si no lo hacen, su preocupación será apenas una extensión de ese lugar común que alimenta el lamento por un país que no lee.

8 de abril de 2012

¿Quién vive cercado en La Araucanía?


La lamentable muerte del sargento de Carabineros Hugo Albornoz en Ercilla, que como bien señala Pedro Cayuqueo debe ser investigada “debida e imparcialmente”, ha permitido que nuevamente los medios de comunicación aticen el mal llamado “conflicto mapuche”, colaborando en la construcción de una (¿deliberadamente?) errada imagen en la opinión pública.

Un botón de muestra es El Mercurio de hoy domingo, que en dos notas aborda el tema.

La primera de ellas, publicada en el cuerpo de Economía y Negocios (página B13), analiza el aumento de los recursos públicos destinados a la compra de tierras para las comunidades mapuche y su nulo impacto en el desarrollo de la región. De hecho, el artículo desde sus primeras líneas sienta el tono del análisis:
“En la semana se produjo el primer asesinato de un carabinero dentro del marco del conflicto indígena, y los empresarios de La Araucanía volvieron a lanzar una señal de auxilio para una zona que hasta los años noventa era sinónimo de crecimiento, pero que hoy tienen las mayores tasas de pobreza del país y que ha perdido cientos de miles de hectáreas cultivables a causa del conflicto indígena”.
El párrafo es explícito en señalar la vinculación entre retraso económico y conflicto violento, que no duda en etiquetar como “indígena”, cuando sería más ajustado a la realidad describirlo como un conflicto entre el Estado de Chile y el pueblo mapuche. Al plantear el impacto económico del conflicto, se sugiere que “hoy” sería la región con mayor número proporcional de pobres, en contraste con la situación de la década de 1990. Falso. Tal como señala el propio Plan Araucanía presentado el 2010 por el actual gobierno, “La Araucanía es la región con las mayores tasas de pobreza e indigencia del país, lo que se arrastra desde 1990 sin mayores cambios”. El dato podría ser catalogado como un simple error, si la equivocación no fuera funcional a la tesis del artículo: “el conflicto indígena” ha generado mayor pobreza en la región.

En esa misma lógica, el artículo omite que entre la población mapuche, las tasas de pobreza e indigencia son incluso mayores que en el promedio de la población de La Araucanía, pero destaca cómo tierras que eran productivas al momento de ser adquiridas por el Estado y entregadas a las comunidades, hoy están abandonadas. Llama también la atención que en la construcción del análisis, ninguna fuente del pueblo mapuche haya sido entrevistada. Las citas del texto corresponden al ministro Cristián Larroulet, un asesor de su ministerio, un dirigente empresarial de La Araucanía y el diputado Pepe Auth. En suma, ni una sola opinión de alguien perteneciente a uno de los pueblos a los cuales esta política pública está dirigida.

La segunda nota es un reportaje sobre Juan de Dios Fuentes, ex intendente de la Unidad Popular en la provincia del Ñuble y dueño del fundo donde fue atacado el sargento Albornoz (página D9). Más allá de lo funcional de contar con la historia de una persona ligada a la izquierda y que hoy, dedicado a trabajar sus tierras, “pide mano dura” contra las comunidades mapuche, El Mercurio tanto en su portada principal como en la portada del cuerpo de Reportajes se refiere a él como alguien que “vive cercado por el conflicto mapuche”. Transmite esa afirmación la idea de un territorio traspasado por la violencia, en el que la ley no tiene espacio para su eficiente ejercicio y donde las tierras productivas serían islas en medio de un pueblo, el mapuche, al que hay que educar “en la disciplina del trabajo y del desarrollo” (según palabras textuales del otrora dirigente de la izquierda).

Mutatis mutandi, la imagen del mapuche flojo sigue gozando de buena salud en las páginas mercuriales. Da lo mismo, para efectos de reforzar esta ya conocida mirada sobre el tema, que el Estado de Chile nunca haya comprendido el concepto de propiedad y explotación comunitaria que sobre la tierra tiene el mapuche; o que no se haya entendido el fuerte e histórico componente comerciante de sus identidades como pueblo; o que parte sustantiva de las tierras de las comunidades hayan estado, desde la década de 1970, expuestas al agresivo desarrollo de la industria forestal chilena. Retrucando el titular de El Mercurio, bien podríamos decir que buena parte del pueblo mapuche “vive cercado por la industria maderera”.

Martín Correa y Eduardo Mella, en Las razones del illkun/enojo, premiado por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura como el Mejor Ensayo 2011, describen ese “cerco” de manera clara:
“Los efectos de la invasión forestal se hicieron notar de inmediato: los retazos de bosque nativo, incluso en sectores de cuencas y caudales de aguas, afectando notablemente la supervivencia de las comunidades mapuche, ya que la disponibilidad de aguas es casi nula, proceso agudizado por la desecación que produce el pino. Paralelamente, con la introducción del monocultivo se altera la biodiversidad, se extingue la fauna local y la vegetación de recolección, y con ello importantes fuentes de alimentos para las familias mapuche. Más aún, con el uso de pesticidas para combatir las plagas, proceso que se realiza en avión, se van destruyendo los pocos huertos familiares de los mapuche vecinos a los fundos forestales.
En términos sociales y económicos, lo anterior implicó, para las comunidades mapuche, el que no solo no se tenga acceso a las antiguas tierras, sino que las comunidades queden encerradas por verdaderos cordones forestales, que la economía de supervivencia mapuche se vea notablemente empobrecida y que los niveles de migración indígena hacia las ciudades haya crecido en términos alarmantes, ya que las más de las veces éstos terminan engrosando las masas marginales y marginadas de la ciudad”.
Sí, en La Araucanía hay un problema de población cercada. Pero no creo que sea la que tiene acceso a la tribuna de los principales medios de comunicación.

1 de marzo de 2012

Amplifica la voz de tu organización social

A fines del año pasado, desde la Fundación Democracia y Desarrollo, con la colaboración de IDRC y ONG Derechos Digitales, iniciamos un proyecto que nos gusta mucho. Queremos colaborar con cuatro organizaciones sociales chilenas en el diseño, implementación y evaluación de una estrategia de medios sociales durante el 2012 y el 2013. A través de este proyecto, buscamos que las organizaciones aumenten de manera significativa su nivel de incidencia en los procesos de toma de decisiones públicas en las áreas en que se mueven. El llamado a postular lo abrimos en la segunda quincena de enero y cierra este 9 de marzo. Comparto la información que publicamos en el blog (provisional) que levantamos para informar sobre el proyecto.

"¿Eres parte de una organización social? ¿Crees que las personas deberían participar más de las decisiones de interés público? ¿Tienes una voz o una idea que quieres se escuche más fuerte? ¿Crees que Internet es una oportunidad? ¿Requiere la organización en la que participas aprovechar las oportunidades de las redes sociales para ese fin?


Si tu respuesta a todas las preguntas es sí, nuestro proyecto es una oportunidad. Te queremos invitar a que converses con quienes integran tu organización y postulen a ser una de las organizaciones que serán parte de este camino durante el 2012 y 2013.


La Fundación Democracia y Desarrollo, a través de su comunidad elquintopoder.cl y con la colaboración de IDRC y ONG Derechos Digitales, seleccionará a cuatro organizaciones sociales para acompañarlas en el proceso de diseño, implementación y evaluación de una estrategia de medios sociales que colabore en el logro de sus objetivos institucionales.


¿Quieres saber más sobre los plazos, cómo postular, qué aporta la Fundación o qué debe comprometer tu organización? Haz clic acá. Si tienes dudas después de leer el documento, puedes contactarnos a comunidad@elquintopoder.cl."