15 de noviembre de 2010

Pobreza y lectura: el aporte de las bibliotecas públicas en Chile

Foto: Biblioteca Pública de Cerro Castillo (Torres del Paine, Magallanes)

Termina la Feria Internacional del Libro de Santiago y con ella por un buen tiempo la preocupación de los medios por los índices de lectura en nuestro país. Aprovechando la resaca, me doy un tiempo y profundizo en esta entrada –como comprometí en la anterior- el análisis de una de las variables medidas en la versión 2010 de Chile y los libros, presentada por Fundación La Fuente y Adimark hace unos días: el posicionamiento de las bibliotecas públicas y su rol en el fomento de la lectura.

El dato duro: el 6,8% de la población sería socia de alguna biblioteca, cifra que se ha mantenido estable desde el 2006, año en que marcó un 6,5%. Dentro de ese porcentaje hay de todo: socios de bibliotecas municipales (las públicas), universitarias, comunitarias, del Metro (Bibliometros), escolares, de los malls y móviles. A menor nivel socio-económico y menor nivel educacional, menor relación con las bibliotecas, concluye el reporte. De todas, las únicas que crecen en forma sostenida desde la medición de 2006, son las públicas, pasando del 36,7% al 45,4% de aquellos que señalan ser socios de una biblioteca.

Sin embargo, este dato, positivo en un contexto de baja membresía  en general, merece ser precisado. Según los datos técnicos de la muestra 2010, las 1.001 personas entrevistadas fueron mayores  de edad pertenecientes a grupos socioeconómicos ABC1, C2, C3 y D (ver este enlace para conocer en detalle cómo se conforman los grupos según esta segmentación). Desconozco las razones para no considerar el grupo E, que reúne a las personas con los menores ingresos familiares (y tradicionalmente marginados de los estudios de mercado, que son los que utilizan este tipo de segmentación), pero al analizar el perfil de los socios de bibliotecas, influye de manera fundamental en los resultados del estudio.

Según un estudio encargado por el programa BiblioRedes, en el año 2008 el 46,5% de los usuarios de las bibliotecas públicas provenía de grupos familiares con ingresos inferiores a $200.000, lo que los hacía de manera clara integrantes del grupo E (cuyo ingreso familiar es variable y está en torno a las UF 10). Un 21,2% pertenecía a familias con ingresos mensuales inferiores a $ 120.000. Extrapolando estas cifras, se puede afirmar que de los 9 millones de prestaciones (préstamos de libros a domicilio y lectura en sala) realizados por las bibliotecas durante ese año a sus usuarios, aproximadamente 4,5 millones tuvieron como beneficiarios personas de escasos recursos. 1 de cada 2 usuarios de bibliotecas provienen de familias con pobres o indigentes, grupo no considerado en la muestra del estudio de la Fundación La Fuente.

Adicionalmente, llama la atención en la muestra de Chile y los libros 2010, una sobrerrepresentación del grupo ABC1, que pesa un 32,7%, tres veces más que en el conjunto de la sociedad chilena. Quizá por ello, las bibliotecas universitarias aparecen en lugar destacado –si bien menor que en mediciones anteriores- en membresía, toda vez que en ese segmento el acceso a la universidad es más alto.

No puedo dejar de referirme a otro dato que requiere a mi juicio cierta revisión, al igual que el bajo porcentaje de usuarios de Internet que mencioné en la entrada anterior (cifra quizá influida por la sobrerrepresentación en la muestra de la población mayor de 56 años): el relativo a los usuarios del Bibliometro, que si bien se recupera respecto del año 2008, sigue estando por debajo de la medición 2006 (un 9,5% frente al 13,0% de hace cuatro años). El año 2009, aumentaron tanto las horas de atención en sus módulos, así como se agregaron cinco nuevos puntos de atención, pasando de 11 a 16 las estaciones con presencia del Bibliometro. El resultado: un 25,6% de aumento en los préstamos respecto al año 2008 (ver página 77 del Balance Gestión Integral de la Dibam 2009). Me atrevo a afirmar que puede estar influido este dato por el mismo sesgo que afecta a la membresía de bibliotecas públicas, si bien no tengo para el Bibliometro datos de perfil socioeconómico de sus usuarios.

Más allá de esta ausencias, que creo impiden rescatar a cabalidad el trabajo realizado por las bibliotecas públicas de la red coordinada por la Dibam, hay otras cifras del estudio de la Fundación La Fuente que ameritan ser atendidas. El 48,7% de los encuestados dijeron desconocer que en sus comunas existían bibliotecas públicas. Hay en esto un tremendo potencial de crecimiento, toda vez que con el Programa de Construcción de Bibliotecas Públicas llevado adelante durante el gobierno de la Presidenta Bachelet, se alcanzó el 100% de cobertura en el país: en todas las comunas del país hay a lo menos una bibliotecas pública.

Que prácticamente la mitad de la población desconozca su existencia habla de la necesidad de redoblar los esfuerzos en difusión y marketing, en especial entre los segmentos poblacionales que menor relación tienen con la lectura. Las bibliotecas públicas podrán, de esa manera, sumar aún más al desafío de aumentar el índice de lectura en nuestro país, contribuyendo desde su experiencia y formación como intermediarias entre lectores y lecturas.

Pero es fundamental, como bien han apuntado Lavinia Reyes y Teolinda Higueras en sendas entradas en elquintopoder.cl, que se legisle a favor de las bibliotecas públicas. De nada sirve atraer más público a las bibliotecas si éstas no se encuentran entre las prioridades de los gobiernos locales, si no cuentan con el personal en cantidad suficiente y con niveles adecuados de remuneración, si la infraestructura no es mejorada. Mucho se ha hecho en los últimos veinte años, pero sobre la base de voluntades. Seguir creciendo en base a apretones de mano y declaraciones de buenas intenciones es riesgoso.

Todo indica que hay potencial para que el sistema de bibliotecas públicas siga creciendo y desarrollando la lectura en Chile desde su arena –un complemento a lo que necesariamente debe realizar el sistema escolar. Aumentar los niveles de lectura en nuestro país es una de las claves para la superación de la pobreza, y cuando de pobreza y lectura hablamos, las cifras confirman que la biblioteca pública es un actor importante. La ley de biblioteca pública debe entenderse, por tanto, como parte de una política social.
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Actualización 15/11 a las 11:54 am. Gracias a Alejandro Barros corrijo información sobre la segmentación según GSE. El link que usé ayer como referencia era muy genérico y entregaba una información equivocada: el grupo F no existe, siendo el E el último.

9 comentarios:

Érika Andrea Silva Urbano dijo...

La biblioteca de de Santiago es sin duda una joya para los amantes de los libros. No solo eso pues dentro de ella se tejen además otros vínculos con la cultura , como exposiciones, teatro, entre otros. Hace unos días una amiga , operadora de telecentros, me dijo que había leído un libro por primera vez en su visa y que encontró que los libros podían ser muy bellos. Yo le dije que para leer no era necesario comprar libros, bien sabemos que baratos nos son, y que una buena alternativa es ir a una biblioteca. Le hablé de la Biblioteca de Santiago y me dijo que era una buena idea y me preguntó cuánto costaba la entrada.

Regularmente voy a la Biblioteca de Santiago y solo a partir del prejuicio, tengo la sensación que una parte importante de quienes van podría pagar por un libro. Nunca he visto la sección de niños repleta de niños que provengan de sectores populares, ni padres ni madres de vida esforzada.

Lo complemento con el comentario de mi amiga, en el cual obviamente ella no tiene culpa alguna, pues es probable que las bibliotecas y sus maravillosas oportunidades, sigan estando más lejos de la gente que más la necesita, y eso es responsabilidad de Estado, es esto una muestra más de la brecha entre la oportunidad y el "acceso real" a ella.

Claudio Aravena dijo...

Efectivamente, el estudio no considera los estratos D y F, por un obstáculo metodológico, ya que al ser una encuesta telefónica, no podemos acceder a las personas que pertenecen a esos estratos.

Con respecto a la sobrerrepresentación, podría influir en los cálculos de aquellas variables en donde se incluyen todos los encuestados (gráficos generales).

Sin embargo, en los gráficos desagregados, cada variable independiente se lee en relación a sí misma, por lo que no afecta en la mirada final.

Sin duda, el estudio es perfectible y modificable. A lo que apelamos es a estudiar un área poco explorada, compleja y, como bien afirmas, que no puede seguir manteniéndose en "base de voluntades" por el aporte social que realiza.

El estudio de los hábitos lectores exige una responsabilidad de Estado; además diversas miradas, no sólo cuantitativas, sino que cualitativas también.

Pablo Andrade Blanco dijo...

Solo algunas apreciaciones generales (no he leído el informe completo). Primero que todo, hay que tener cuidado con las inferencias de datos que realiza usted señor Abbagliati, sobre todo cuando se tratan de relaciones indirectas entre variables, me refiero a que si bien es cierto existe un 46,5% de los usuarios de bibliotecas públicas cuyo ingreso familiar es inferior a los $200.000, esto no quiere decir que este mismo número leyera 4,5 millones de libros o de las prestaciones. Que quiero decir con esto, el 46,5 % de usuarios no corresponde a la mitad de los préstamos, podríamos estar presente en brechas internas, es decir, que los 9 millones de prestaciones (préstamos de libros), pueden estar concentradas en grupos socioeconómicos más altos dentro de la Biblioteca Pública, eso es tarea para la casa. Por ende la afirmación que usted hace, a partir de esa relación indirecta, me parece un poco delicada y poco aplicable. Los otros datos, me parecen bien planteados y no tengo nada que decir al respecto.
Ahora bien, déjeme agregar algo del citado estudio, tiene un problema de sesgo metodológico que suelen tener estos estudios, me refiero a que establece una relación directa entre las variables de lectura y libro, como si este binomio fuera el único posible para la lectura.
Entendiendo por mi parte a la lectura como un proceso complejo y que se ha dado durante la historia de la humanidad en múltiples soportes. Este sesgo por cierto no es propio de este estudio, los franceses ya advirtieron este tipo de problemas con su categoría “Pocos Lectores” para quienes leen menos de 5 libros al año si no me equivoco.
Existe un libro publicado por el Fondo de Cultura Económica que trata este problema, titulado “Lecturas Precarias”, donde aparte del sesgo que se genera por preguntar únicamente por el libro, y agrega que cuando al encuestado se le pregunta por cuántos libros lee, éste asume que se le pregunta por literatura, por lo tanto omite libros y lecturas que no considera relevantes, por ejemplo: libros técnicos, etc.
Por ejemplo yo suelo leer más libros relacionados a metodología y teoría, artículos de revista, blog y noticias y menos literatura. Por lo tanto, yo suelo tener una lectura fragmentada, de un promedio de 5 libros de literatura al año, 15 o 20 de teoría y 4 de metodología, muchos más de artículos y noticias, etc. Ahora bien, esto significa que yo leo pocos libros, por ende soy un mal lector o si no termino los libros y solo leo parte de ellos soy un “no lector.”
Es mejor lector quién tiene una mayor frecuencia de libros por sobre artículos de revistas o por sobre lecturas en internet, pues estas se consideran lecturas menores. O sencillamente son parte de los sesgos de las investigaciones que no permiten una buena aproximación al fenómeno de la lectura y en este sentido nos muestran un retrato borroso de la realidad.
Y entonces vuelve la pregunta, preguntamos por el libro para entender la circulación de un bien asociado a una industria cultural o hablamos de lecturas, entendidas como una práctica sociocultural inserta en un entramado mucho más complejo. Hace algunos años con algunos investigadores hemos estado explorando ese tema, entendiendo la lectura y la escritura como fenómenos asociados y como prácticas sociales y culturales que expresan distintos saberes y aprensiones de los sujetos que las practican y los colectivos a los que pertenecen, tema que da pie a otra discusión pero no menos interesante.
En fin, primero que todo es saber que se lee, por qué se lee, cuánto se lee en cada uno de esos formatos y cuáles son las valoraciones que se le hacen a esas lecturas. Una aproximación a esto lo hicimos con usuarios de Bibliotecas en el año 2007 (http://www.biblioredes.cl/node/999 ), por otro lado, en estudios con CERLALC hemos explorado el desarrollo de indicadores al respecto. Y actualmente en conjunto con Universidades exploramos estas nuevas formas de lecturas, no para terminar con las anteriores sino para ampliar nuestra mirada al respecto.

Enzo Abbagliati Boïls dijo...

@Erika, las cifras son esas. He tenido la oportunidad de visitar bibliotecas a lo largo de todo Chile y te puedo decir que -al igual que debes experimentar tú en los telecentros- el perfil de los usuarios es distinto. La Biblioteca de Santiago atiende, por su características a usuarios muy diversos, y son múltiples las historias ligadas a personas de escasos recursos. Sin duda, hay que ponerle rostro a los números, y hacer un análisis más cualitativo para explicar desde los testimonios como en muchos casos las bibliotecas logran romper la brecha que indicas.

@Claudio, gracias por la respuesta respecto al por qué no se cubren los GSE de menores ingresos. Recuerdo cuando me invitaron a comentar en la FILSA 2008 el estudio de ese año, haberle comentado a Roberto Méndez que la encuesta vía teléfono fijo podía estar sesgando la muestra, toda vez que en los grupos de menores ingresos el teléfono celular ocupa un espacio que nunca tuvo el teléfono fijo.

Y concuerdo contigo: todo estudio del consumo cultural en Chile ayuda a construir la foto, más en un momento en el que la lectura está mutando como fenómeno.

Gracias a ambos por comentar.

Enzo Abbagliati Boïls dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Enzo Abbagliati Boïls dijo...

@Pablo,

lo sé. Al hacer esa correlación tenía presente que era sólo una hipótesis difícil de comprobar. De hecho, la evidencia empírica que yo tengo es que existe un reducido grupo de lectores muy frecuentes (que piden muchos libros al año) y una amplia base de lectores más esporádicos. Pero ya sabes: me encanta tirar ideas para que algún analista riguroso las refute ;-)

Habrá que leer ese libro que mencionas. ¿Lo tienes? ¿Lo prestas? Me pasa a mí que tengo muchos libros iniciados, pero si me preguntaran cuántos libros he leído en el último tiempo, no los contaría.

Pablo Andrade Blanco dijo...

Tengo el libro y te lo puedo prestar.
saludos,

Enzo Abbagliati Boïls dijo...

Pues coordinemos, @Pablo, la entrega de ese libro que no tengo si contribuirá al alza de los índices de lectura en Chile. Por lo menos, una buena conversa generará. ;-)

Anónimo dijo...

Yo también quiero leerlo, te lo cambio por la trilogia Millenium (y asi se lo arriendo a Enzo), que dices...
Alejandro from Arica