5 de julio de 2009

Breve reflexión de un lector perplejo

Fotografía: Analógico vs Digital, de Todo-Juanjo, con licencia CC:BY-NC-ND

La decisión del diario El Mercurio de entregar desde hace poco algunos suplementos sólo a sus suscriptores, suplementos que hasta ahora eran parte de lo que uno recibía al comprar el diario en los kioskos, me ha dejado perplejo. Desconozco las razones, aunque puedo intuir que deben estar relacionadas con la crisis profunda en la que está entrando una manera de vender noticias (en realidad, vender papel) cuyos orígenes se remontan hacia principios del siglo XIX.

Suelo comprar el diario sólo los domingos y ocasionalmente los sábados. Pero si a partir de ahora mis $700 valen menos, porque un suplemento que antes recibía ya no lo recibiré, mi primera reacción será leer el diario en su versión digital, que me sale gratis (ya que mi conexión a Internet la pago lea el diario o no) y en la que ese sumplemento lo publican completo. Es decir, por negarme un servicio que me estaban dando, es posible deje de pagarles mis dominicales $700 y aún así siga accediendo a sus contenidos.

No sería extraño que en un tiempo más El Mercurio empezara a cobrar por acceder a algunos de esos contenidos que hoy publica en Internet. Y entonces haré lo más lógico: buscar otras fuentes de información y noticias que entreguen sus contenidos de manera gratuita en la Red. Que los hay muchos, de gran diversidad y calidad igual o superior al decano de la prensa chilena. Porque como ya es casi de Perogrullo decir, la gratuidad en el acceso a la información ya no es más sinónimo de ramplonería, argumento típico de quienes históricamente defendieron modelos pagados para acceder a la información.

Al final, la moraleja de esta breve reflexión la encuentro en los cotidianos enfrentamientos dialécticos que ocurren entre mis hijos cuando uno de ellos le pide al otro le devuelva un juguete supuestamente regalado por el primero al segundo: "lo que se da, no se quita". Porque cuando el acto de informarse ya no depende de un pedazo de papel por el que hay pagar bajo condiciones definidas por el dueño del diario, sino de una cable conectado a una red donde es el lector quien define las condiciones, el poder de "quitar" pasa de unas manos a otras.

19 de junio de 2009

La tecnología se ha convertido en nuestra cultura...

Por Kevin Kelly (*)

La tecnología se ha convertido en nuestra cultura...

...nuestra tecnología cultural.

La tecnología ya no está más fuera, no es más un extraño, ya no está en la periferia. Está en el centro de nuestra vidas. "La tecnología es la fogata alrededor de la cual nos reunimos", dice la artista Laurie Anderson. Durante muchas décadas, la presencia de alta tecnología fue marginal. De repente, en un abrir y cerrar de ojos, está en todas partes y es de importancia fundamental.

Si la tecnología ha sido capaz de infiltrar nuestras vidas al nivel que lo ha hecho, es porque se ha convertido en algo muy parecido a nosotros. Se ha hecho orgánica en estructura. Dado que la tecnología de red se comporta mas como un organismo que como una máquina, las metáforas biológicas son mucho más útiles que las mecánicas para entender como funciona la economía de red.

Pero si el éxito sigue un modelo biológico, así lo hace también el fracaso. Una historia para estar prevenidos: un día, en la playa, pequeñas algas rojas de repente crecen hasta convertirse en una vasta ola roja. Unas semanas más tarde, justo cuando la mancha roja parece indeleble, se disuelve. Los lemmings aumentan rápidamente y luego desaparecen. Las mismas fuerzas biológicas que multiplican las poblaciones, las reducen. Las mismas fuerzas que se alimentan entre sí para amplificar presencias en la red y crear poderosos estándares de la noche a la mañana, pueden operar en sentido inverso para desarmarlos en un pestañeo. Las mismas fuerzas que convergen para construir organizaciones de una manera tan biológica, pueden también converger para derribarlas. Uno puede esperar que cuando la fortuna de Microsoft cambie, sus ganancias colapsen en una curva inversamente simétrica a su éxito. Todas las razones autoconvincentes para unirse al éxito de una red, operan marcha atrás cuando el éxito se convierte en fracaso y todo el mundo quiere volar.

(*) Traducción de esta entrada de Kevin Kelly, publicada el 9 de junio. Kelly es un explorador de nuevos mundos, un atisbador de los horizontes que la Humanidad enfrentará.

15 de junio de 2009

Fundamentalismos


Las elecciones presidenciales de Irán, ocurridas el viernes pasado, gatillaron una imprevista conversación en algunas redes sociales. Las sospechas sobre fraude e intervencionismo en las votaciones para favorecer la reelección de Mahmoud Ahmadinejad, derivaron en una serie de protestas en Teherán, manifestaciones calificadas como las más violentas desde 1999.

Más allá del fenómeno político en sí, del cual poco puedo opinar porque mi conocimiento de la realidad iraní es casi nulo, la escasa cobertura inicial del canal de noticias CNN a las manifestaciones y las críticas que ello gatilló en muchos usuarios de Internet (entre los que participan en Twitter en especial), son un gran ejemplo de como la web social es cada vez más una "voz" autorizada para presentar ante el mundo las situaciones que en él ocurren.

CNN construyó su fama a partir de su cobertura de la primera Guerra del Golfo. Pero al poco de haber terminado aquella primera intentona sobre Bagdad (la de Bush padre), el filósofo francés Jean Baudrillard publicó una aguda crítica sobre cómo la realidad se había visto alterada y recreada. CNN no nos mostró la Guerra del Golfo, lo que nos mostró fueron escenas de guerra en nuestros televisores. Porque, como Baudrillard afirmó, la Guerra del Golfo no tuvo lugar y lo que si tuvo lugar fue una guerra aséptica, sin sangre (o por lo menos sin la sangre que los grandes conflictos nos tenían acostumbrados). Una reflexión que Hollywod convirtió en parodia, con Dustin Hoffman y Robert de Niro como hábiles manipuladores de la realidad.

En esta oportunidad, al no cubrir las revueltas en las calles de Teherán, CNN sufrió en carne propia las heridas que hace ya casi dos décadas inflingió a sus competidores: la noticia en el lugar donde la historia se está construyendo (con todo lo artificial que esa expresión tiene), no estaba siendo reporteada por un canal cuya única razón de ser es esa.

Pero, ¿quién estaba informando de lo que estaba ocurriendo? Sí, algunos medios tradicionales, en sus versiones en línea, le ganaron la mano a CNN. Pero la cobertura a pie de barricada, la estaban haciendo personas comunes y corrientes, subiendo fotos, videos, compartiendo en redes el desarrollo de los eventos. Ello pese a las restricciones que el gobierno iraní ha intentado imponer sobre el acceso a Internet.

Hoy la web nos permite vivir en un mundo más transparente. No cabe duda que frente a la distorsión de la realidad que acusó Baudrillard, este episodio es una nueva demostración de cómo hoy es más difícil que dos décadas atrás que ello ocurra. Ya lo supo Bush hijo, quien llegó a intentar imponer a los medios estadounidenses la no transmisión de imágenes de los ferétros de los soldados norteamericanos que murieron en la segunda intentona sobre Bagdad. La moral de la nación no puede soportar la cruda realidad, debió pensar.

Pero, ¿es todo esto necesariamente positivo? No lo sé. En Teherán parecen estar chocando tres fundamentalismos.

El primero, el islámico, del cual poco sé (como la mayor parte de los occidentales), que tiene a un pueblo gobernado por una teocracia desde fines de la década de 1970. Mi defensa de los derechos humanos como un bien superior, no me permite entender una lógica política que hace de una fe religiosa el eje desde el que se definen exclusiones, se restringen libertades y se imponen visiones totalizadoras de la realidad.

El segundo fundamentalismo es uno menos explícito, pero no por ello menos poderoso. Es aquel que establece que la realidad es lo que difunden las grandes medios de comunicación masiva, es la tiranía de la pauta de prensa y la dictadura de la noticia de portada. Lo que no se transmite no existe y lo que sí se transmite adquiere rango de hiperrealidad. Ese fundamentalismo que se nutre de la leyenda de la prensa como cuarto poder, uno que debiera ser fiscalizador de los otros poderes pero que en muchas ocasiones, por razones politicas, económicas y/o sociales, termina siendo vocero de los poderosos a los que debiera interpelar. Cuesta entender porque CNN no cubrió de manera oportuna las revueltas en Teherán, algo que abordó Rodrigo Orihuela en una interesante entrada hoy en Amphibia.

Y el tercer fundamentalismo es uno de reciente cuño, aunque tiene raíces en la historia de la Humanidad. Es ese que usando las herramientas de las web social inunda la Red con información subida por personas comunes y corrientes, las que con una simple conexión a Internet y algunas competencias digitales básicas, pueden construir colectivamente una imagen virtual de la realidad. Es un fundamentalismo del que en Cadaunadas encontrarán una permanente exaltación, pero que también me genera algunas interrogantes. Las testimonios sobre lo que está ocurriendo en Teherán y que estamos viendo a través de la web social, ¿representan a todos los iraníes o sólo a una fracción de ellos? ¿Cuál es el rol que nos cabe a los que desde fuera de Irán retransmitimos esos testimonios a través de nuestras redes? ¿Estaremos contribuyendo a proyectar una imagen distorsionada de la realidad? ¿Por qué Moussavi, el candidato supuestamente derrotado, pareciera estar siendo presentado como un demócrata, cuando en realidad es apenas un reformista que no cuestiona el fundamento teocrático del régimen?

No porque muchos crean algo, o quieran hacernos creer en ello, eso se convierte en real. Internet, con todas sus grandes oportunidades, también es un espacio para una construcción masiva y abrupta de realidades ficticias. La diferencia, frente a los dos fundamentalismos anteriores, es que ese poder no está en manos de unos pocos, pero no por ello sus construcciones pueden dejar de ser eso, meras construcciones.

14 de junio de 2009

Biblioteca Pública: su rol social en un mundo hiperconectado

El jueves pasado tuve la oportunidad de compartir con alumnos de la carrera Técnico en Bibliotecas y Centros de Documentación del CFT Utem, una reflexión sobre el rol social de las bibliotecas públicas en un mundo hiperconectado. Agradezco la invitación a Paola Faundez, la Directora de la carrera, así como al grupo de alumnos la muy motivante conversación que se dió después de la presentación.

Sociedades como la chilena siguen teniendo un problema básico, cuya solución debiera ser nuestra primera prioridad: un amplio sector de la población sigue viviendo en condiciones de pobreza o indigencia (más de 2 millones de personas en Chile, según cifras de la Encuesta Casen 2006) y además sufren de una muy desigual distribución del ingreso.

Pero en la actualidad se presenta, en esta sociedad informacional según la descripción de Manuel Castells, un momento histórico para saltar de manera muy rápida diversos estadios de desarrollo. Los países que fueron relegados a un segundo y tercer lugar en el orden surgido a partir de la revolución industrial, enfrentan ahora una oportunidad sin precedentes para en muy corto plazo cambiar de manera radical el destino de sus poblaciones. Oportunidad que, siguiendo el planteamiento de Yochai Benkler, entrega mucho poder a las personas para ser creadores de su futuro. Son las nuevas reglas del juego que plantea una realidad estructurada en redes distribuidas hiperconectadas, en las que las nociones tradicionales de poder y autoridad se van desvaneciendo, como diría David de Ugarte.

En este contexto, el verdadero sentido de una biblioteca pública emerge con mayor fuerza: no se trata tanto de prestar libros o facilitar el acceso a Internet de manera neutra, sino más bien de comprenderse como agente de cambio social. Que la biblioteca pública sea agente de cambio social en un mundo hiperconectado, implica asumir a los menos cinco premisas:

1. Que debe ofrecer acceso gratuito a Internet orientado especialmente a los grupos más vulnerables de la sociedad. Como bien demuestra Jan van Dijk, el tipo de acceso a tecnologías que tenemos condiciona de manera fundamental nuestra participación en la sociedad actual y nuestras posibilidades de desarrollo futuro.

2. Que el modelo de generación de conocimiento ha cambiado en forma radical. Hoy todos podemos -a través de una comunicación multidireccional- participar de este proceso, siendo Wikipedia el ejemplo más conocido. La biblioteca pública es, para muchas personas, la única garantía que tienen para poder tener una mínima participación en las nuevas maneras de generar conocimiento.

3. Que para poder participar en estas nuevas dinámicas, las personas deben poseer ciertas competencias digitales básicas, debiendo la biblioteca pública contribuir al desarrollo de esas destrezas, autoconcibiéndose como espacio de inclusión digital. Se redefine -a otra escala- el concepto de la biblioteca pública como espacio para la formacion continua de las personas, que debiera reforzarse en una futura versión el Manifiesto de la IFLA/Unesco sobre la biblioteca pública.

4. Que la participación de las comunidades locales en las redes virtuales debe darse, para que sea un proceso efectivo de inclusión, desde sus propias culturas. Para ello, la biblioteca pública debe ser un puente entre el viejo y el nuevo mundo, permitiendo la proyección de las identidades locales a través de sus expresiones digitales.

5. Que en un mundo cada vez más infoxicado, la biblioteca pública debe marcar una diferencia promoviendo entre sus usuarios el desarrollo de competencias informaciomales, que les permitan buscar, seleccionar, evaluar de manera crítica y usar estratégicamente la información que encuentran en Internet para resolver sus necesidades. La alfabetización informacional es una potente herramienta para combatir la pobreza, a mi juicio aún no valorada en toda su dimensión.

Persistiendo en nuestras sociedades un problema muy arraigado de pobreza, en la cabal realización de la oportunidad actual de su superación, la biblioteca pública debe jugar un rol activo. De no ser así, otros espacios asumirán el desafío, relegando a la bibliotecas a lugares secundarios en el imaginario colectivo sobre los motores del desarrollo personal y social.

17 de mayo de 2009

Mi noción de patria

Fotografía: Don Mario, de vaca_maldita, con licencia CC:BY-NC-ND

Acabo de leer que ha muerto Mario Benedetti. Su mirada, en especial su poesía, fue la lectura de mi retorno a Chile a fines de los 80. A él le debo, entre otras cosas, entender porque yo hice ese viaje en dirección opuesta al sentido común, dejando familia y amigos en el Norte:
Quizá mi única noción de patria
sea esta urgencia de decir Nosotros
quizá mi única noción de patria
sea este regreso al propio desconcierto
Gracias Mario.

Comunidad Contenidos Locales


Hoy lanzamos en BiblioRedes la versión beta de nuestra primera comunidad virtual: Contenidos Locales.

Es un paso muy importante en nuestra historia. Desde noviembre de 2002 estamos acompañando en su proceso de inclusión digital a los usuarios de las bibliotecas públicas chilenas, ofreciéndoles acceso gratuito a Internet y desarrollando sus competencias a través de nuestro programa de alfabetización digital comunitaria. A estos dos servicios iniciales, el año 2004 añadimos el promover la generación de contenido local digital por parte de las propias comunidades atendidas por las bibliotecas. Era parte de una apuesta de BiblioRedes que entendía que la apropiación social de la tecnología pasaba, entre otras cosas, por apoyar la creación y recreación de las identidades locales en la Web. Y nos fue bien, muy bien, no sólo por las más de siete mil páginas Web creadas por nuestros usuarios, sino porque esta dimensión de BiblioRedes fue reconocida internacionalmente, recibiendo entre otros el "premio Nóbel de Internet".

Contenidos Locales significa un giro hacia la web social. Seguimos creyendo que -en un mundo hiperconectado- la biblioteca pública tiene que, cada vez más, convertirse en un medio para que sus usuarios no sólo reciban sino aporten contenidos a la web. Pero ese aportar, en el caso nuestro, no es neutro: nos interesan las culturas locales, esas que difícilmente aparecen en los grandes medios y que son apenas una cita a pie de página en los versiones oficiales de Chile.

Nos mueve la intrahistoria del millón de personas a las que hemos acompañado en estos casi siete años. Queremos construir comunidad con las más de once mil personas que diariamente acceden a Internet en alguna biblioteca pública de Chile, y que ellas encuentren a través de Contenidos Locales esas conversaciones en red que sabemos las motivan en el día a día de sus localidades. Pero también queremos armar comunidad con las miles de personas que hoy están hablando en la web sobre el Chile de barrios, pueblos y aldeas; del Chile de las tradiciones, las de viejo cuño pero las que también se crean a diario, remezclando raices locales con influencias externas. Queremos que aparezca el Chile de la cueca y el hip-hop; del mapudungun y el castellano; de la cazuela y el sushi.

¿Cuál es la promesa que hacemos? Quien esté en nuestra comunidad tendrá una mayor visibilidad de sus contenidos (sea cual sea la plataforma y formato en que estén creados), pero sobre todo le ayudará a encontrarse con tod@s aquell@s que compartan sus intereses, visiones, sueños. Sea donde sea que estén, Contenidos Locales será su espacio para conversar de lo que somos y queremos ser, diversos y plurales desde lo local.

Y como buena versión beta, estaremos atentos a los comentarios y críticas que recibamos en estos primeros meses de funcionamiento, para revisar y afinar la propuesta. Porque nuestro "sueño del pibe" es ambicioso: convertir a la comunidad Contenidos Locales en el referente mundial sobre las culturas locales chilenas en la Web.

16 de mayo de 2009

Colombia II: Hablando sobre BiblioRedes

La invitación de la Biblioteca Nacional de Colombia que comenté en la entrada anterior tenía dos objetivos. Primero, asesorar a su equipo, en base a la experiencia de BiblioRedes, en sus incipientes iniciativas de conectividad, digitalización y contenidos locales. Y, en segundo lugar, realizar un par de presentaciones.

La primera presentación, realizada el 12 de mayo en la misma Biblioteca Nacional estaba orientada hacia el sector bibliotecario de Bogotá y tuvo como eje la labor de BiblioRedes en torno a los contenidos locales generados por la comunidad. Comparto acá la presentación:
La segunda presentación, más breve, fue una mirada más general a BiblioRedes, y la realicé el miércoles 13 en el marco de Bibliotic 2009, encuentro sobre bibliotecas y tecnología organizado por enREDo y la Red de Bibliotecas de Medellín. Esta es la presentación que realicé:

La participación en Bibliotic me permitió, además, conocer la imponente Biblioteca Pública Virgilio Barco, una de las bibliotecas mayores de Biblored, la Red Capital de Bibliotecas Públicas de Bogotá, un programa de la Alcaldía Mayor de Bogotá y la Secretaría de Educación del Distrito Capital. Esta biblioteca, junto con ser un ícono arquitectónico, obra de Rogelio Salmona, fue parte de una política pública destinada a combatir la violencia a través de la recuperación de espacios públicos.

De mi participación en Bibliotic, comparto además el artículo escrito por Catalina Cruz para telecentre.org y la nota realizada por la Red de Bibliotecas de Medellín, que incluye un pequeño video.

Mención aparte merece una entrevista en vivo que me realizaron en los estudios de CityTV el martes 12 en la mañana. Fue, confieso, una entrevista muy extraña:



14 de mayo de 2009

Colombia I: Una experiencia de contenido local


Invitado por la Biblioteca Nacional de Colombia, desde el domingo pasado estuve en Bogotá. Fueron días bastante intensos, de mucho conocer y estrechar lazos con el acogedor equipo de la Biblioteca. Días en los que pude comprobar como las bibliotecas colombianas, referentes latinoamericanos en los más diversos ámbitos, están asumiendo de manera decidida los desafíos y oportunidades que la tecnología ofrecen para llevar un paso más allá lo que cada vez creo más es la razón de ser más profunda de quienes nos desempeñamos en bibliotecas: construir sociedades más democráticas sobre la base de una mayor equidad en el acceso a las oportunidades.

De todo lo que ví destaco, en esta primera entrada, una iniciativa que está recién partiendo (y que en gran medida fue el motivo de la invitación que me hicieran): Súmese a la expedición botánica, un proyecto del programa Bibliotecas Vivas del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas, que lidera la Biblioteca Nacional. Según su equipo coordinador, el trabajo de BiblioRedes en torno a los contenidos locales chilenos se encuentra entre sus fuentes de inspiración.

En síntesis, Súmese a la Expedición Botánica es una iniciativa que surge como homenaje a José Celestino Mutis en el bicentenario de su muerte. A través de su principal obra, la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, Mutis revolucionó la manera en que los colombianos empezaron a mirar su país, todo ello ad portas del inicio del proceso independentista colombiano. Doscientos años después, la Biblioteca Nacional -a través de la red de bibliotecas públicas que coordina- está construyendo un nuevo ejercicio replicando la metodología de Mutis: observación, investigación y publicación. Pero ahora, como debe ser, esa invitación a remirar las realidades locales se plasmará en una serie de blogs colectivos, construidos de manera colaborativa por los usuarios y comunidades atendidas por las bibliotecas.

Para este año tienen pensado un piloto en ocho localidades, a cuyos resultados habrá que estar atentos. Por lo que me comentaron, el celebrar la figura y el legado de Mutis está, ya en los primeros talleres con la comunidad, convirtiéndose en un momento preciso para que otras expresiones de las realidades locales emerjan. Algo no menor, toda vez que -como pude sentir en esta primera visita a Colombia- es un país que conjuga de una manera muy particular una historia y un presente lleno de conflictos, con una inclaudicable voluntad de ser, una tensión de la que espero poder compartir mi breve experiencia en una futura entrada.

No me cabe duda que, como ya pudimos vivir cuando Gabriel Vanegas compartió con BiblioRedes la labor de su biblioteca de La Loma en Medellín, abrir canales para las culturas e identidades locales en Colombia significa generar oportunidades para la conversación sobre heridas y traumas que escapan a lo que en Chile estamos acostumbrados. Y, por lo tanto, espacio para que podamos aprender.

Al terminar esta entrada, agradecer al equipo de la Biblioteca Nacional por su cálida hospitalidad y sus deseos de compartir y conversar abiertamente sobre sus "sueños digitales". Espero que nuestra experiencia les sea de utilidad y que nuestros errores les hagan más sencillo el camino. Un reconocimiento especial para Catalina Holguín, quien junto con compartir su mirada sobre el proyecto Súmese a la Expedición Botánica, estuvo a cargo de la impecable logística de mi visita (y con quien, de reunión en reunión, de exposición en exposición, pude caminar bastante por Bogotá, la mejor manera de conocer una ciudad).

10 de mayo de 2009

Cambio

Fotografía: Izquierda Arr!!! de (Lolita) 8 con licencia CC:BY-NC-SA

Año de elecciones presidenciales y para contradecir a un expresidente, la política chilena se empieza a poner entretenida. No es que haya, por el momento, debate de grandes ideas y proyectos de país, pero algunos actos de la obra tienen su que sé yo.

Desde aquellos que fundan coaliciones por el cambio (aunque las caras son, en esencia, las mismas) hasta los que después de casi dos décadas en La Moneda buscan la renovación (aunque las caras son, en esencia, las mismas). Candidatos alternativos (no los alternativos de siempre, que a fuerza de alternativos parecen ya no serlo) levantan voces y reclaman espacios. El nieto de un general que lideró el período de mayor violencia de Estado en la historia de Chile o el hijo de uno de los principales responsables de la violencia pólítica de fines de los sesenta y principios de los setenta. Ambos autoconvocados (autoungidos) como voz de sectores independientes, portadores de no sé qué regeneración de la política local.

No sé. Mucho uso de las palabras cambio, renovación, pero el directorio de apellidos no crece, las familias políticas siguen siendo las mismas. Todo, y todos, por cierto, con legítimas aspiraciones, pero con una fuerte sensación de deja vú para nosotros, los votantes. Quizá sea la endogamia política nacional. Quizá. Tanto apellido repetido me suena a mero mecanismo de autorreproducción. Válido, pero fórmula ya conocida.

¿Y qué podrá ser el cambio? El cambio será el día que una mujer aymara o un hombre mapuche, educados en escuelas públicas rurales, lleguen a La Moneda, pero lo verdaderamente revolucionario será que gobiernen siguiendo las ideas de la escuela austriaca de economía. Porque ya tuvimos un miembro de la élite gobernando con Marx en la mesa de noche. No, eso ya no sería nuevo. Y las otras combinaciones son demasiado obvias como para mencionarlas.

4 de mayo de 2009

Mi primer webinar

La semana pasada participé en el webinar que hace unos meses vienen organizando todos los jueves en la mañana Abrecabezas y Ubiqq. Una oportunidad interesante para mostrar lo que hemos hecho, estamos haciendo y haremos en BiblioRedes para promover la inclusión digital desde las bibliotecas públicas de Chile.

Pero en esta entrada no les hablaré de lo que expuse, la que pueden ver en el blog de Abrecabezas, junto con un pequeño video en el que me presento. Me interesa compartir mi primera valoración de un formato novedoso para mí.

En esencia, un webinar es un seminario realizado vía Internet. Como tal, busca reproducir la dinámica de los seminarios presenciales, que independiente del número de asistentes, tienen como objetivo generar un espacio de conversación entre quien expone y quienes asisten. En el caso de este webinar, coordinado por Abrecabezas usando una aplicación desarrollada por Ubiqq para Facebook, la interactividad viene dada por dos elementos: la sala de chat, en la que los asistentes pueden lanzar sus comentarios o preguntas mientras el panelista va realizando su presentación; y, por otro lado, a través de la opción de "pedir la palabra", pudiendo realizar vía video chat una consulta o comentario.


Sí en el mundo offline el seminario se distancia de la conferencia por la cercanía entre expositor y audiencia, en el mundo online la diferencia entre el webinar y la videoconferencia resulta similar. Mí único punto de comparación es con la video conferencia que en septiembre de 2007 realicé en el marco de un curso de la Universidad de Salamanca y la Fundación Germán Sánchez Ruiperez (Peñaranda de Bracamonte, España). En aquella oportunidad (parte de cuya historia pueden leer en esta entrada de Deakialli), la capacidad de interactuar con la audiencia estuvo dada por el saber hacer de mi buen amigo Jose Antonio Merlo y las destrezas del equipo de informática de la Fundación, y no porque la tecnología estuviera diseñada para ello. Mientras, el webinar basa su potencia en ese intercambio directo y no mediado entre quien habla y quien escucha, un escuchar que invita a la acción, al debate.

Es fácil ver las múltiples aplicaciones que este formato tiene, desde su uso como herramienta de bajo costo para el trabajo colaborativo entre equipos separados geográficamente, hasta su uso en plataformas de e-learning, permitiendo generar espacios de encuentro virtual entre alumnos y tutores. O el uso que le están dando en Abrecabezas y Ubiqq: un "lugar" para promover conversaciones en torno a ciertos temas al interior de una red social como Facebook.

Sin duda, el webinar aprovecha para sí algo que le es anterior: el poder y cercanía que la imagen en movimiento entrega por sobre la palabra escrita. Si de conversar se trata, el cara a cara (aunque sean rostros pixelados) aún es más penetrante que la múltiple y ubicua conversación que se da en las plataformas que se centran en la escritura. En un mundo donde lo inmediato reina, el adagio una imagen vale más que mil palabras se reinventa.

Pero el webinar también tiene sus limitaciones, aunque reconozco que algunas no son propias del formato, sino del contexto en que se usa o las competencias de quienes lo usan. ¿Cuáles son?

Una primera observación. La tensión permanente para quien expone entre desarrollar su tema y leer/responder/hacerse cargo de lo que la audiencia está planteando en la sala de chat o de lo que quiera preguntar/comentar a través del video chat. Obliga, literalmente, a controlar de manera simultánea tres frentes. En mi caso, reveló que no soy un sujeto multitarea (y si lo parecí fue por la sagaz colaboración de la moderadora Nicole Forttes). No me atrevo a decir que sea un formato para nativos digitales, pero sí que requiere una práctica que yo no tengo.

En segundo lugar, aunque la aplicación no tiene grandes complejidades técnicas, para su adecuado uso requiere que ciertos puertos de comunicación estén abiertos. Sí, esos puertos que suelen estar bloqueados en las redes corporativas por políticas de seguridad. No tengo claro si abrirlos es sólo un tema de informáticos o es un cambio en las culturas de nuestras organizaciones (dado que en esas mismas redes se bloquea cada vez más el acceso a plataformas como Facebook).

Por último, como casi todo en la web social, requiere de una banda ancha realmente ancha para operar en condiciones normales. Y, como ya sabemos en BiblioRedes, es fácil hablar de inclusión digital desde el centro de Santiago o desde una oficina en Las Condes, pero lo verdaderamente heróico es hacer inclusión digital en la Patagonia o en el Altiplano a 128 kbps.

Si quieren saber como se vió/vivió desde el otro lado de la fibra, recomiendo leer esta entrada de Katina Ferrer.

Raya para la suma: una muy buena experiencia y un formato con grandes posibilidades, cuyo potencial máximo depende de cambios significativos en el contexto.