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15 de octubre de 2012

Internet y las elecciones municipales

Anoche, Christian Pino, nos invitó a Pablo Matamoros y a mí al Canal 24 Horas de TVN a conversar sobre el uso de Internet y las redes sociales en las actuales elecciones municipales. Como recalqué en varios pasajes de la entrevista, creo que ésta ha sido, en general, una oportunidad perdida por las candidaturas y los partidos políticos para mostrar usos innovadores de las redes.

En comparación con las anteriores elecciones municipales (2008), sin duda el salto es grande, pero las estrategias digitales de las campañas se han centrado en usar Internet como espacio de información, en algunos casos movilización, pero casi nunca para la participación. Entre los sitios que he visto, la excepción es el de la candidatura de Carolina Tohá en Santiago, en cuyo sitio web los ciudadanos pueden aportar al programa a través de un Muro de las Ideas. Posiblemente hayan otros espacios, pero son los menos.

Son bastantes los casos de candidaturas que han realizado procesos participativos presenciales, desde varios meses antes de las elecciones, para construir sus programas con la colaboración de organizaciones y dirigentes vecinales. Por otro lado, hemos visto emerger el movimiento por el voto programático, una iniciativa que espero se consolide y que en un tiempo más sea la tónica en cualquier elección. Todo esto sin duda está en consonancia con una ciudadanía que viene hace ya varios años exigiendo más espacios para participar y que espera que su voz sea escuchada.

Sin embargo, en Internet el panorama es otro. No ha sido, como yo esperaba, la hora de "las candidaturas abiertas". Su manera clásica de acercarse y aprovechar (?) lo digital, me lleva a pensar que debe correr mucha agua aún bajo el puente para que quienes aspiran a representarnos, asuman cabalmente las oportunidades de Internet para la participación ciudadana y la construcción colaborativa de programas para los gobiernos locales.

Raro en un doble sentido. Primero, porque es precisamente en lo local donde, creo yo, mayor capacidad de aportar tiene la ciudadanía, por la dimensión cotidiana de los temas que deben administrar los municipios. Y, segundo, dado el nuevo padrón electoral, que incorpora varios millones de nuevos votantes, mayoritariamente jóvenes que usan Internet, quizá hubiera sido la red una forma de convocarlos a las urnas (algo esquivo y para lo que junto a Corporación Participa, Red Liberal y Balmaceda Arte Joven lanzamos la campaña #DecideVota hace unos días).

En ese contexto, la aplicación Municipales2012 que levantamos en forma piloto en elquintopoder.cl y que permite generar propuestas ciudadanas en seis comunas (Maipú, Recoleta, Cartagena, Estación Central, Providencia y La Reina), ha sido una rareza en el contexto general de esta elección. Una rareza pero en el sentido correcto, camino en el cual hemos contado con el apoyo en algunas comunas de Ciudad Viva.

Son varias las lecciones aprendidas, las que compartiré después del 28 de octubre. Por el momento, les dejo el video de la conversación de anoche.

9 de febrero de 2012

Municipales 2012: ¿la hora de las candidaturas abiertas?


Una de las principales lecciones que las movilizaciones sociales de 2011 dejaron es la de una ciudadanía que no quiere seguir siendo un actor pasivo en la política nacional. Ante la incapacidad del sistema político de canalizar y representar las demandas, las personas salieron a la calle para defender sus puntos de vista, demostrando una y otra vez que la manera cómo las grandes decisiones que afectan el interés colectivo se han tomado en las últimas décadas requiere un cambio urgente. 

Parte sustancial de este cambio es lento, ya que implica modificar la arquitectura institucional de nuestra democracia (una nueva Constitución o cambiar el binominal, por ejemplo). Pero hay también otros cambios más inmediatos, que no requieren leyes o una redefinición en las reglas formales del juego: basta la voluntad de los actores involucrados. Entre estas modificaciones se encuentra la manera en que las candidaturas a cargos de elección popular gestionan su relación con el electorado. En ello, la tecnología puede colaborar de manera activa, contribuyendo con una mayor integración de la ciudadanía y, de paso, revertiendo la permanente caída en la credibilidad y confianza de la clase política.

En octubre de este año, las elecciones para escoger a las nuevas autoridades en los municipios de Chile tendrán lugar en un escenario sensiblemente distinto al ocurrido en las presidenciales 2009. Para efectos de mi análisis, relevaré tres elementos novedosos. En primer lugar, debutará la inscripción automática y el voto voluntario, rejuveneciendo y entregando dinamismo a nuestro padrón electoral a través de los más de 4.5 millones de nuevos potenciales votantes. En segundo lugar, tendrán lugar las elecciones en un país que ha superado ya largamente el 50% de penetración de Internet. Uno de cada dos electores está conectado a la red, aumentando la tasa cuánto más joven es el grupo etario. Y, en tercer lugar, la inmensa mayoría de quienes son usuarios de Internet, participan en una o varias redes sociales en línea, llegando en el caso de Facebook a ser aproximadamente el 90% de las personas que en Chile acceden a Internet.

Dadas las cifras anteriores, se puede afirmar que como nunca antes, las elecciones municipales 2012 deberán convocar a un electorado significativamente joven, conectado a Internet y que usa de manera intensiva los medios sociales para múltiples dimensiones de su vida cotidiana. Es esperable, entonces, que encuentre ahí la manera de motivarse para votar, para tomar la decisión sobre la candidatura por la cual optarán y, eventualmente, colaborar activamente con ella para que resulte vencedora en las urnas.

Esta realidad impone a quienes serán candidatos/as una nueva forma de hacer las cosas, por lo menos en relación a esa importante fracción del electorado. Si las viejas prácticas (procesos escasamente participativos para tomar las decisiones, poca transparencia, etc.) están en la base del descrédito de la actividad política, ahora las candidaturas tienen la oportunidad de plantearse como espacios abiertos a la creatividad, compromiso y colaboración de sus potenciales votantes. Obliga a reconocer, como punto de partida, que la base de sustentación de las candidaturas va más allá del militante tradicional de un partido político y que, por lo tanto, entregar atribuciones significa delegar poder en personas que valoran su independencia.

Sin duda alguna, todas las candidaturas (en especial las de alcalde/sas) usarán los medios sociales en Internet. Proliferarán los sitios web que permitirán comentarios y las cuentas en Facebook y Twitter. Veremos muchos videos en YouTube y más de alguna etiqueta se moverá entres los Trending Topics asociada a temas de interés local. Conviene tener presente, no obstante, que usar las redes no implica saber aprovechar su real potencial. Abundan los casos de representantes y autoridades que las “entienden” a la antigua usanza: canales unidireccionales de comunicación, al servicio de procesos que informan verticalmente decisiones tomadas por un grupo reducido de personas. El hábito no hace al monje y el html no hace candidaturas abiertas.

¿Cómo se puede aprovechar la tecnología para articular candidaturas abiertas? Hay a lo menos tres ámbitos en los cuales un uso inteligente de los medios sociales puede contribuir: conversación, participación y transparencia.

Conversación. Las decisiones de los electores siempre han tenido lugar en “espacios conversacionales” y en ellas influyen, entre otros factores, la edad, el género, el nivel socio-económico, la raza, los medios de comunicación o el grupo social de referencia (familia, amistades, los compañeros de militancia, etc.). El voto se configura en esa conversación y expresa a través de esa opción (la raya en la papeleta) las expectativas sobre el futuro que el votante tiene. Hasta ahora, esa conversación ocurría en “la fragmentación de la desconexión” y era rescatada estadísticamente por las encuestas y estudios de opinión, que transmiten las grandes tendencias sacrificando, casi siempre, las dimensiones más particulares. Pero hoy, de manera creciente, esa conversación ocurre en “la continuidad de la conexión”, con ciudadanos/as emitiendo juicios de valor político sobre personas y propuestas en tiempo real. De la capacidad de las candidaturas, y en especial de los/as candidatos/as en forma personal, de incorporarse a esa conversación y saber escuchar y hacer suyos los intereses particulares de sus potenciales electores, dependen parte de sus opciones de triunfo.

Participación. ¿Cómo se construirán los programas y propuestas de las candidaturas en las municipales 2012? ¿Tendrán cabida mecanismos innovadores para identificar los intereses y demandas locales de la ciudadanía? Y una vez identificadas, ¿podrá esta última participar en el diseño de la soluciones? Abundarán, no cabe duda, los programas que serán presentados como paquetes cerrados y en muchas comunas los electores quizá no tengan más opción que escoger entre distintas (y previsibles) opciones cerradas. Sin embargo, los medios sociales en Internet permiten, a través de herramientas participativas, generar procesos abiertos para la construcción de propuestas ciudadanas que sean parte central del programa que una candidatura presente ante los electores. En el co-diseño programático, entendido como un llamado concreto a la acción y la entrega de poder a quienes respondan a ese llamado, está una de las claves para generar una mayor sintonía entre la clase política y la ciudadanía, así como una renovación de la confianza en la actividad política.

Transparencia. Internet y los medios sociales han impuesto a la actividad pública nuevos estándares de transparencia. El escrutinio ciudadano sobre las autoridades y representantes es parte de la nueva forma de hacer política. Ante este escenario, las candidaturas pueden optar entre los mínimos de transparencia a los cuales están obligadas por ley o, por el contrario, ir un paso más allá y de manera voluntaria exponer elementos que puedan ser valorados por el electorado que pretende convencer y convocar a las urnas. A la hora de votar, ¿a qué elector no le gustaría saber con detalle las fuentes de financiamiento, los intereses de los/as candidatos/as, la letra chica de las alianzas electorales y otros antecedentes que pueden influir en la realización de los compromisos de resultar electa su opción? Si esa información es conocida a través de la propia candidatura y no por un acto de control ciudadano (una filtración al modo de Wikileaks, por ejemplo), la primera gana en credibilidad.

¿Serán las elecciones 2012 la hora de las candidaturas abiertas? La ciudadanía ha demostrado querer ser parte del juego. La tecnología lo permite. Solo falta la voluntad de quienes quieran dirigir por los próximos cuatro años los municipios de Chile.

12 de enero de 2012

¿Por qué SOPA es mala para la libertad?

Cory Doctorow publicó hace un par de días una tremenda reflexión sobre porqué SOPA (Stop Online Piracy Act), legislación que está siendo discutida en el Congreso de los Estados Unidos, es mala para la libertad. Bajo  la apariencia de una ley destinada a proteger la propiedad intelectual, se esconde una manera de "entender" Internet que desconoce uno de sus pilares fundacionales: el libre flujo de información. SOPA, como sugiere Doctorow, avanza porque los actores políticos no saben y no se dan el tiempo de saber el mundo que se viene (que en realidad ya está aquí). 

Hoy Claudio Ruiz compartió en su blog una traducción realizada por Martín Mois, de la que extraigo esta cita. ¡No diga después que no fue advertido!
Como un miembro de la generación Walkman, hice las paces con el hecho de que necesitaré un audífono para sordos antes de morir. Pero no será sólo un audífono, será realmente una computadora. Así que cuando me suba a un auto –un computador al cual introduzco mi cuerpo- usando un audífono –un computador que introduzco en mi cuerpo- quiero tener la certeza de que estas tecnologías no fueron diseñadas para ocultarme secretos, o para impedir que pueda terminar procesos en ellas contrarios a mis intereses. 
El año pasado, el Distrito Escolar de Lower Meriom, en un afluente suburbio de clase media de Filadelfia, tuvo muchísimos problemas. Fue descubierto distribuyéndole a sus estudiantes, laptops infectados con rootkits que permitían vigilancia encubierta remota a través de la cámara de la computadora y su conexión de redes. Los estudiantes fueron fotografiados miles de veces, en casa y en el colegio, despiertos y dormidos, vestidos y desnudos. Mientras tanto, la más reciente generación de tecnología de interceptación lícita puede operar de forma encubierta en cámaras, micrófonos, transceptores GPS en PCs, tabletas y dispositivos móviles. 
Aún no perdemos, pero primeramente debemos ganar la guerra del copyright si deseamos mantener a Internet y al PC libres y abiertos. En el futuro la libertad nos exigirá tener la capacidad de vigilar nuestros aparatos y establecer políticas significativas para ellos; poder examinar y terminar los procesos del software que corran; y mantenerlos como honestos sirvientes de nuestra voluntad, no como traidores y espías empleados por criminales, matones y controladores.

23 de noviembre de 2011

Vint Cerf, Internet y derechos civiles: una conversación sobre democracia


Vint Cerf, considerado uno de los padres de Internet por ser uno de los inventores del conjunto de protocolos TCP-IP, base de la comunicación por Internet, estuvo en Chile. Si entendemos el surgimiento de Internet como un proceso colectivo de invención, bien podríamos decir que Cerf es uno de los “Gutenberg” de la red. 
Ayer participó en una charla en la Universidad de Chile, oportunidad en la cual abordó algunos temas centrales para el desarrollo de una mirada nacional sobre políticas públicas en el ámbito digital. Entre ellos, el ejercicio y respeto de nuestros derechos civiles en Internet.
 
Este tema, que suele estar ausente o poco relevado de los debates locales sobre Internet y la necesidad de impulsar su penetración en el país, es fundamental para decidir qué tipo de sociedad y democracia queremos construir. Cerf planteó que así como existe una Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuya aprobación se remonta a 1948, un mundo en el que no existía Internet, es necesario pensar que correlato tienen en las redes esos principios. 
 
La respuesta sencilla es que, independiente de la calidad y naturaleza de los espacios (presenciales o virtuales), esos derechos deben ser respetados y su vigencia no cambia. Sin embargo, poner en tensión esta primera aproximación, implica reconocer que en los ambientes digitales, hay ciertos escenarios que en el mundo presencial no ocurren y que, por lo tanto, se requiere una revisión de las definiciones de los derechos humanos para ver cuán necesaria es su actualización y adaptación a los nuevos contextos, así como reconocer lo que algunas organizaciones a nivel mundial han denominado los derechos humanos emergentes.
 
Toda simplificación implica caricaturizar la realidad, perdiendo la riqueza de los matices. Pero en este caso bien podríamos afirmar que nos estamos moviendo de un mundo de limitaciones, de fronteras físicas, donde los estados están llamados a respetar y hacer respetar los derechos civiles de todas las personas, hacia un mundo que no reconoce territorios, en el que por debajo de los tratados de libre comercio y de integración que los antiguos estados firman para asumir el desafío, fluyen otras lógicas de más difícil aprehensión: la de las personas para entrar en contacto, organizarse, colaborar y cooperar más allá de lo que sus respectivas autoridades sugieren, facilitan o intentan impedir. Es el mundo hiperconectado, del cual aún la mayoría de la población mundial está ausente, pero que ya comunica a varios miles de millones de personas.
 
Elemento clave de esta interconexión son las plataformas que la facilitan. Facebook, Twitter, You Tube, los servicios gratuitos de correo web, chat o telefonía sobre Internet, son algunos ejemplos. Sobre ellos y a partir de ellos, ejercemos –entre otras cosas- nuestros derechos y deberes ciudadanos. Suelen referirse a la Web como la nueva plaza pública. No estoy seguro cuán clara sea esa metáfora, porque todas las plataformas que mencioné son, en última instancia, espacios que tienen propietarios y cuya misión fundamental (más allá de los slogans que puedan acuñar y saber vender) no busca defender nuestros derechos. Buscan hacer sustentables sus modelos de negocio. Si ocurre la feliz coincidencia que apoyen nuestras libertades es porque en algún momento éstas entraron a formar parte del polinomio que hace rentable su lógica de servicio.
 
La propuesta de Cerf, la de analizar y construir una declaración universal de los derechos humanos en entornos digitales no es, entonces, una tarea menor y sin relevancia. Es una obligación democrática que todo Estado que se diga respetar las libertades ciudadanas debe enfrentar. Y no es algo que podamos dejar para nuestros hijos y nietos. Hoy sus derechos y deberes ya se juegan, en parte, en estos nuevos escenarios en los que las buenas voluntades expresadas en la declaración de 1948 pueden estar quedándose cortas.
 
¿Cómo estamos en Chile? En los últimos años hemos empezado a abordar el desafío. La nueva ley de Propiedad Intelectual y la ley de Neutralidad en la Red (la primera de su tipo en el mundo) así lo demuestran, pero no son suficientes. Más cuando algunos derechos básicos aún siguen, en el mundo analógico, frágilmente sustentados en legislaciones que no frenan prácticas que los ponen en peligro permanente para grupos específicos de la población o, incluso, amplios sectores de ésta.
 
La conversación sobre Internet en Chile (y en cualquier parte del mundo) no es un tema de tecnología. Es una conversación de democracia. O así al menos lo sugirió uno de sus padres.

* Entrada publicada originalmente en elquintopoder.cl

11 de octubre de 2011

Internet en Chile: marginaciones en un país que envejece


Internet está generando sus propias exclusiones. Bajo el slogan del potencial democratizador que la Red tiene para aquellas sociedades que avanzan en la masificación del acceso a ella, se esconden diversas formas de segregación. Estos procesos de exclusión son paradójicos, porque se dan en contextos en los cuales aumentan los porcentajes de penetración de Internet y la adopción de usos cotidianos de tecnología se extiende incluso hacia los grupos más desfavorecidos.

En The Deepening Divide, Jan van Dijk analizó estos procesos en países con altas tasas de penetración. Así, comparando las cifras de Holanda y Estados Unidos hacia mediados de la década pasada, países que en aquellos momentos tenían ya a la inmensa mayoría de sus habitantes conectados a Internet, llegó a la conclusión que aquellos grupos que más tempranamente adoptaban las innovaciones tecnológicas, obtenían mayor provecho de éstas y aumentaban su distancia en diversos indicadores de calidad de vida respecto de aquellos grupos que las adoptaban más tardíamente. Es decir, aumentaban las tasas de usuarios, pero también aumentaban las brechas entre quienes estaban conectados.

En Chile, el número de usuarios de Internet crece. Si bien seguimos estando entre los países con mayor penetración en América Latina, comienzan a aparecer algunas señales que indican que estaríamos llegando a cierta meseta, mientras otros países de la región están creciendo a tasas más altas (aunque aún con menores niveles de penetración).

¿Cuáles son las razones principales que hoy impiden a una persona no ser usuaria de Internet en Chile? Frente a quienes apuntan que es el acceso de infraestructura (computadores y conectividad), la versión 2011 del estudio WIP-Chile, elaborado por la Universidad Católica y centrado en una muestra de habitantes del Gran Santiago, mostró que la principal razón esgrimida por los no-usuarios es no saber usar Internet y confundirse con la tecnología (35%), seguida por la falta de interés y no encontrarle utilidad (22%). Al revisar la tendencia, se comprueba que entre 2006 y 2010, la falta de conocimiento o la dificultad para usar la tecnología casi se ha doblado, pasando del 20 al 35% (mientras en las otras respuestas, salvo la falta de tiempo, los porcentajes han caído o se han mantenido estables).



El mismo estudio estableció además que en el grupo entre 35 y 44 años se cruzan las dos líneas: por debajo de esa edad, son más los usuarios que los no usuarios, y por encima abundan más los no usuarios. El 71% de las personas entre 45 y 54 años se declararon no usuarios de Internet, mientras en el grupo entre 55 y 64 la cifra llegó a un 81%.



Estas cifras podríamos entenderlas como normales, expresión lógica del desencuentro generacional entre aquellos que nacieron o alcanzaron a educarse en un mundo de computadores personales e Internet, y aquellos que no. Si fuéramos un país con una pirámide poblacional de base muy amplia, podríamos incluso afirmar que es cosa de tiempo hasta que desaparezcan estas brechas. Sin embargo, Chile es un país de envejecimiento avanzado y de mantenerse las tendencias actuales, en el año 2025 por cada 100 adultos mayores existirán 100 menores de 15 años. En otras palabras, es posible proyectar que muchas de las personas que hoy no son usuarias de Internet en Chile sigan viviendo por un largo tiempo y, salvo que se realizan acciones en ese sentido, seguirán encontrando las mismas barreras de acceso que hoy tienen para dar el salto.

El acceso a tecnología (a Internet, en particular) está reconfigurando nuestras sociedades. La vieja lógica del control de los medios de producción como fuente de la riqueza y de ubicación en la escala social se mantiene. Pero en la actualidad estamos ante una transición respecto de cuáles son los medios de producción que generan poder. Si en la sociedad industrial eran los medios de producción de bienes, hoy cada vez más son los medios tecnológicos de producción de información los que generan riqueza. Quienes tienen acceso, se apropian de ellos y les dan usos estratégicos, logran mejorar su participación en la sociedad (según el modelo de van Dijk).

Ante este escenario, cabe preguntar en qué se encuentran los programas de alfabetización digital en el país. Durante la década pasada, un amplio abanico de iniciativas públicas y privadas pusieron su foco en el desarrollo sostenido de programas de competencias digitales básicas en aquellos grupos etarios o socioeconómicos que no eran cubiertos por el sistema educacional. Más de un millón de personas pasaron por estos programas, implementados principalmente a través de las escuelas abiertas a la comunidad, las bibliotecas públicas y las redes de telecentros comunitarios. Pero a partir de cierto momento, de la mano de la despriorización de las políticas públicas ligadas al desarrollo digital, la alfabetización digital cayó en el olvido. Implícitamente se asumió que las brechas se cerrarían solas o por la inercia de las iniciativas que lograron sostenerse en el tiempo.

Las cifras antes mencionadas debieran, a lo menos, hacer revisar estas presunciones. Si nuestra sociedad envejece y la calidad de vida de los adultos mayores va adquiriendo, como debiera ocurrir, cada vez más importancia en las políticas públicas, una dimensión sustancial de esas nuevas prioridades pasa por cómo hacemos que ese grupo etario desarrolle procesos de apropiación de la tecnología y usos estratégicos de ésta.

Sin duda, ello implica pensar una estrategia más compleja, que parta de la alfabetización digital, pero incorpore otras alfabetizaciones (informacionales, mediales, etc). No se trata de fomentar el cliché de “los abuelitos que pueden mandarle un correo a sus nietos” (aunque esa motivación no es menor en muchas personas). Se trata de adultos mayores ejerciendo su ciudadanía en plenitud, participando activamente en la construcción de la opinión pública a través de los medios sociales; que logren maximizar su relación con el Estado en línea, ejerciendo sus derechos y deberes a través de plataformas en línea; que puedan encontrar en Internet una fuente de trabajo, de desarrollo personal y de formación de comunidades con personas con intereses y necesidades similares.

Internet, los medios sociales, parecen un reducto de los jóvenes y de unos pocos inmigrantes digitales. Pero en Chile, un país que envejece, romper esa imagen debiera ser un objetivo de política pública. De no ocurrir, hoy estamos dando forma a los grandes grupos de marginados de las próximas décadas.

7 de octubre de 2011

El plebiscito que no fue



Creo en el plebiscito como mecanismo a través del cual las sociedades democráticas pueden someter al parecer de la ciudadanía soberana ciertas decisiones vinculadas a las grandes reglas del pacto social. Creo, también, en el potencial que el actual desarrollo de las tecnologías tiene para fortalecer y facilitar la participación ciudadana. Estas fueron las dos razones fundamentales que me llevaron a expresar mi opinión en línea a través del sitio www.votociudadano.cl en el marco del Plebiscito Nacional por la Educación del 6 y 7 de octubre.

Este Plebiscito es un acto simbólico y carece de cualquier carácter vinculante. Busca, como se indica en el blog de la iniciativa, “alcanzar una alta cifra de votantes a lo largo del país para demostrar al gobierno y  a los parlamentarios el apoyo que las demandas del movimiento por la educación generan y el interés de la gente por ser consultada”. Que un sector de la ciudadanía se haya autoconvocado es reflejo de lo horadada que está la legitimidad de nuestro sistema político formal. Por eso, ver a miles de chilenos ejerciendo un acto de plena ciudadanía, en el contexto de los ya cinco largos meses de movilizaciones sociales por la educación, es razón para alegrarse, pero al escribir estas líneas me mueve una cierta decepción. Articular esta iniciativa no debe haber sido sencillo y las organizaciones que están detrás de ella deben por ello recibir reconocimiento. Pero desde el derecho que me da el haberme sentido convocado y haber votado, comparto una reflexión sobre la pobre estrategia digital puesta en práctica. 

A lo largo del día he recibido comentarios que en algunas mesas no se habría solicitado el carnet para votar (pese a que está indicado en el Reglamento de Votaciones), confiando en que la persona al firmar en el registro no entregaría datos falsos ni estaría vulnerando lo indicado en el punto III.c. Por otro lado, entiendo que en ninguna mesa de las habilitadas a lo largo del país, se habría contrastado el RUN de la persona contra una base de datos en línea que se fuera alimentando en tiempo real con los RUN de aquellos que hubieran votado conforme fuera avanzando esta primera jornada. Nuevamente, se confió a las personas no vulnerar el compromiso solemne de no votar más de una vez (siguiendo lo indicado en el punto III.d del Reglamento).

Revisando los procedimientos de conteo de votos, no encontré ninguna instancia en que se cruzaran los registros de las distintas mesas, por lo que no hay forma de confirmar si una persona votó presencialmente más de una vez. Aunque hubiera existido, al realizarse en forma posterior al sufragio, no es posible anular ese voto en particular ya que la papeleta estaría mezclada con las del resto de los sufragios de esa mesa. Si se deseara eliminar ese duplicado, habría que eliminar completamente los sufragios de una de las dos mesas.

Así, el mecanismo presencial carece de validez para representar la opinión de la ciudadanía. No tiene tampoco valor como encuesta, ya que no se sometió al rigor metodológico que estas tienen y el sesgo de la muestra es más que evidente (no creo que quienes rechazan las demandas estudiantiles se hayan sentido invitados a votar). Y si el objetivo declarado era reunir a miles de personas como expresión del vigor del movimiento, la cantidad podrá ser puesta en entredicho fácilmente por no existir mecanismos de cotejo de registros de votantes entre las distintas mesas. ¿Qué valor comunicacional tendrá una cifra construida de esa manera?

Por otro lado, respecto del sufragio vía Internet, posible desde el 6 de octubre, durante buena parte del día de ayer y de hoy, el sitio ha estado inaccesible. En www.votociudadano.cl (aclaro que desde elquintopoder.cl hemos difundido el llamado a votar en esa plataforma) ha informado que están analizando las razones de la falla, siendo por el momento las dos explicaciones más plausibles un colapso por un número de votantes mayor del esperado, o algún ataque informático (denegación de servicio, por ejemplo). Sea cual sea la causa, ambos escenarios eran probables dada la masiva adhesión ciudadana al movimiento por la educación y, por otro lado, las furibundas reacciones en contra que en las redes ha desatado.

En el caso de la plataforma en línea, efectivamente es imposible votar dos veces (yo lo intenté), pero el problema de fondo es otro. Hace unos meses, la ciudadanía reaccionó indignada cuando se supo del monitoreo de las redes sociales por parte del Gobierno. Entre los argumentos que se utilizaron en aquel momento, uno de los principales fue que la legislación chilena impide la construcción de bases de datos de opiniones políticas, en las que se pueda ligar una opinión a una persona determinada. Sin embargo, eso está ocurriendo ahora, sin que nadie se pregunte por el uso que las organizaciones convocantes harán de esa información. ¿Qué tipo de análisis harán con las opciones que saben que yo marqué en cada una de las cuatro preguntas?

Hace unos días atrás escribí sobre la ausencia de estrategia digital en el Estado. La sociedad civil organizada refleja en este caso (por lo menos los grupos que convocaron el Plebiscito) que tampoco tiene una noción clara de cómo usar y aprovechar para sus propios fines las herramientas digitales. Y no es un problema de tecnología ni de costos. Las primeras están, los segundos son mucho menores de lo que se presumen y estoy seguro hubieran podido financiarse. Lo extraño es que el movimiento estudiantil -al igual que otras causas ciudadanas- ha sabido usar estratégicamente Internet y las redes sociales para sus fines, y en sus filas abundan futuros ingenieros que podrían haber resuelto de manera rápida el desafío operativo.

¿Cuál es el simbolismo que se espera lograr? ¿Serán más los votantes que las personas convocadas a las marchas más masivas, que llegaron a reunir en un solo día 500 mil personas en todo el país? ¿Será la aprobación de las posturas del movimiento superior a esas encuestas que le entregan 80% de respaldo ciudadano? Y si es así, ¿que validez tendrá ese porcentaje?

Si me invitan a un partido de fútbol, espero encontrarme con algunas cosas: once jugadores por lado, una pelota, dos arcos, un árbitro, una duración del partido conocida y una cancha con ciertas demarcaciones. Podrán faltar los jueces de línea, la cancha podrá ser de pasto o de tierra, el ancho y el largo de ésta podrá variar e incluso los arcos podrán no tener malla. Pero seguirá siendo un partido de fútbol. Pero si al llegar me encuentro que vamos a jugar en la playa y que seremos seis contra seis hasta que nos cansemos, eso no será un partido de fútbol. Podré divertirme mucho, pero sería más apropiado hablar de una pichanga. Mi impresión es que el simbolismo debía, en este caso, haber ido de la mano de la rigurosidad. Y eso no se logró, porque cualquier balance final estará sujeto a una afirmación indesmentible: el Plebiscito no fue un plebiscito porque no cumplió con reglas básicas, en especial dos, garantizar "una persona un voto" y el secreto total del sufragio. Los grupos organizadores tenían a la mano la solución técnica que hubiera entregado esa seguridad, pero no optaron por ella, revelando que la incomprensión del mundo hacia el cual nos movemos atraviesa transversalmente ciertos grupos de nuestra sociedad.

En 1988, en plena dictadura y con tecnologías mucho más rudimentarias que las actuales, un grupo de personas se organizó para llevar un recuento paralelo de las votaciones del Plebiscito. En el corazón del centro de cómputos del comando del No, se alcanzaron cifras muy cercanas a las que finalmente fueron las oficiales. Permitieron anticipar la derrota de Pinochet y constatar que el régimen estaba escondiendo las cifras. Fue también un ejercicio de ciudadanía auto organizada, que supo hacer del uso de las herramientas de la época una ventaja para alcanzar su objetivo, como bien narra Eduardo Díaz.

Como votante en el Plebiscito Nacional por la Educación, me hubiera gustado ser parte de una hazaña similar estos días. No ocurrió y quizá (espero equivocarme) se haya “rayado la pintura” a la posibilidad de que algún día contemos en Chile con el plebiscito como herramienta en una democracia más plena.

28 de septiembre de 2010

[3 años] ¿Realmente necesitamos la clasificación en Internet?

Como comentaba un par de entrada atrás, mi blog cumplió tres años el 19 de septiembre. A modo de celebración, y de regalo para todos quienes conversan acá, invité a un grupo de amigas y amigos, en cuyos blogs yo converso, que compartieran una cadaunada. Esta es la primera. Su autora es Verónica Juárez, una inquieta bibliotecaria mexicana que no para de hacerse preguntas en su blog y que, además, es una sutil fotógrafa que a través de sus imágenes me ha permitido conocer México más allá de la postal (como en este caso). La foto de esta entrada es, por cierto, de su autoría. ¡Gracias Verónica por aceptar la invitación!


Vía el Twitter de la ALA llegué a The Internet needs a Dewey Decimal System (Internet necesita el Sistema de Clasificación Decimal Dewey), publicado en PC World y donde su autor, Phil Shapiro, da una serie de argumentos por los que Internet, como la conocemos hoy día, necesita estar clasificado bajo el sistema Dewey. 

El principal argumento que nos da Shapiro es el tiempo que uno puede pasar navegando en la red en busca de algún dato de interés -en su caso encontrar un tipo muy específico de memoria flash-, tiempo que según el mismo autor se hubiera ahorrado si la información en Internet estuviera clasificada bajo el sistema Dewey.

El Sistema de Clasificación Decimal Dewey fue creado en 1876 por Melvil Dewey para dar respuesta a las necesidades de la biblioteca del Amherst College, donde él era bibliotecario. Dicho sistema permitió organizar los libros tomando en cuenta la relación existente entre las distintas materias; además, al ser un sistema decimal permitía hacer tantas subdivisiones como se fueran necesitando. No podemos negar la utilidad del sistema creado por Melvil Dewey hace más de 100 años, tan es así que muchas bibliotecas lo siguen utilizando, especialmente las bibliotecas públicas, como es el caso del sistema de bibliotecas públicas en México. Sin embargo, las preguntas que surgen aquí son: ¿realmente la información en internet fluiría mejor con un sistema de clasificación? ¿Es posible hoy en día organizar una web colaborativa con sistemas de clasificación pensados para bibliotecas? Y, de ser así, ¿éstos respondían a las necesidades de Internet? Francamente, lo dudo.

Al bibliotecario siempre se le ha acusado de utilizar esquemas sólo comprensibles para ellos mismos -llámese Dewey, LC o el nombre que le quieran poner- y, aunque no niego la utilidad que han representado los sistemas de clasificación, me atrevo a darles la razón: en un afán de orden nos alejamos de la simplicidad y la sencillez con la que se supone el usuario espera llegar a la información que le ofrece la biblioteca, de hecho, es una preocupación que anteriormente había planteado en ¿A quiénes sirven los sistemas de clasificación? Estoy a favor de que en las escuelas de bibliotecología o biblioteconomía los estudiantes conozcan los sistemas de clasificación y entiendan la importancia de los mismos, pero ya no como una manera de llegar a las bibliotecas -y mucho menos a Internet- a imponerlos, sino de saber adaptarlos a las necesidades de los usuarios de forma comprensible para estos. 

Un sistema de clasificación ideal sería aquel que permitiera al bibliotecario la organización perfecta y al usuario la localización del material sin ninguna traba; me temo que mucho hemos fallado en el segundo punto. Entonces surge aquí otra interrogante: si los bibliotecarios nos diéramos a la titánica tarea que representa clasificar la información en Internet, ¿lograríamos facilitar el acceso a los usuarios? Si no lo hemos logrado con la clasificación tradicional en las bibliotecas, da para reflexionarlo con más detenimiento a la hora de llevarlo a Internet.

No debemos olvidar que el gran éxito de Internet no es sólo la cantidad de información almacenada, sino también que actualmente es colaborativa, es decir, todos participamos comentando, escribiendo y también etiquetando, lo cual permite una organización más cercana al usuario, con etiquetas que éste comprende y maneja; es cierto que en el camino, mucha de esta información ha quedado perdida por el mal uso de una etiqueta o la falta de la misma; sin embargo, no perdamos de vista que ahora es el usuario quien define qué va en dónde y se facilita a sí mismo el acceso a todo este mundo de información. ¿Para qué venir entonces a querer organizar con esquemas que no son propios de internet, no cumplen las expectativas y, lo que es más importante, cuando el usuario ya ha encontrado la manera de hacerlo?

Repito una vez más que no niego la importancia que la clasificación ha significado para la organización bibliotecaria, pero debemos entender que vivimos un momento distinto en cual todos participamos en la creación y organización de contenidos, por lo mismo, ya no es posible en pensarlo como una tarea exclusiva del bibliotecario/a. La principal preocupación de Shapiro en torno a la localización de información -o productos- tan específica en Internet no se resolverá aplicar el Sistema de Clasificación Dewey o cualquier otro que se maneje en bibliotecas, sino con la Web Semántica a la cual nos vamos acercando más, o mejor dicho, intentamos hacerlo, y en la cual debemos seguir trabajando.

Así que antes de pensar en la organización cerrada que tanto nos gusta, quizá debamos entender que ante Internet nuestro papel ya no es el de controlar, sino el de ser alfabetizar al usuario para así permitirle no solo el conocer, comprender, utilizar y explotar todas estas herramientas al máximo, sino también esté consciente de la importancia de organizar correctamente y con sus propios esquemas la información, lo cual redundará en un acercamiento certero a la misma. Se nos presenta pues, una oportunidad histórica para acercar de forma más gentil al usuario con la información que él mismo crea.

Ya para finalizar, agradezco a Enzo la invitación a participar con un post para Cadaunadas, todo un honor formar parte de los festejos de un blog que en lo personal, no sólo disfruto, sino que siempre me deja con una reflexión, como se dice en México "me deja girando la piedra." ¡Felicidades por estos 3 años y que vengan muchos más!

30 de marzo de 2010

Una tipología de las multitudes

Por Nicholas Carr (*)

En los últimos días, he estado involucrado en una discusión vía correo electrónico sobre "The Crowd", del que se publicarán extractos en el sitio Digital Nation de la PBS. Una cosa que me ha molestado desde hace tiempo en las discusiones sobre multitudes virtuales es que se tiende a juntar muchos grupos distintos bajo una misma categoría. Diferencias importantes terminan siendo no consideradas.

Con eso en mente, he estado intentando pensar en las distintas formas en que las multitudes virtuales se dan. Como un punto de partida en borrador, se me ocurren cuatro:

"Multitud para producción social" (social production crowd): Consiste en un gran grupo de individuos que prestan sus talentos particulares para la creación de un producto como Wikipedia o Linux.

"Multitud representativa" (averaging crowd): Actúa esencialmente como un grupo de muestra, entregando un juicio promedio sobre materias complejas que, en algunos casos, es más ajustado que el juicio de uno solo individuo (la multitud detrás de mercados predictivos como el Iowa Electronic Markets, sin mencionar la bolsa y otros intercambios financieros).

"Multitud para procesamiento de datos" (data mine crowd): Un gran grupo que, a través de sus acciones pero usualmente sin conocimiento explícito de sus miembros, produce un conjunto de datos de comportamiento que pueden ser recolectados y analizados con el objeto de aprender sobre patrones de comportamiento o mercados (la multitud, por ejemplo, que alimenta el algoritmo de búsqueda de Google o el sistema de recomendación de Amazon).

"Multitud de red" (networking crowd): Un grupo que intercambia información a través de un sistema compartido de comunicación, tales como una red telefónica, o Facebook, o Twitter.

Clay Shirky, quien también está participando en esta discusión, sugirió un quinto tipo de multitud para esta lista:

"Multitud transaccional" (transactional crowd): Un grupo usado para instigar o coordinar lo que es principal o únicamente transacciones punto a punto, como el tipo de multitudes reunida por Match.com, eBay, Innocentive, LinkedIn y servicios similares (creo que competencias como el Netflix Prize también caen en esta categoría).

Cada una de estas "multitudes" (y seguro hay otras) tiene sus características particulares y sus fortalezas y debilidades específicas. Algunas multitudes, por ejemplo, obtienen su utilidad a partir de los talentos individuales de sus miembros. Otras (especialmente las del tipo "representativa") sacan su utilidad al filtrar esos talentos. Algunas multitudes podrían ser llamadas "hervideros", lo que implica cierto grado de inconciencia individual sobre como el trabajo o comportamiento de uno se ajusta al conjunto completo, mientras otras son cualquier cosa menos hervideros inconcientes. Algunas multitudes se tornan más útiles cuanto más grande son; otras funcionan mejor cuando se mantienen en una escala reducida. "Crowdsourcing" y su pariente "digital sharecropping" pueden entrar en uno o en todos los tipos de multitudes, con varios efectos y varias implicancias éticas.

Como esta tipología que nace indica, no existe algo como "The Crowd" (La Multitud).

ACTUALIZACION: Tom Lord, en un comentario, sugiere una sexta categoría:

"Multitud de evento" (event crowd): Un grupo organizado a través de comunicación en línea, para un evento particular, que puede tener lugar tanto en línea como en el mundo real y puede tener un fin político, social, estético o de otro tipo.

(*) Traducción de esta entrada publicada en el blog de Nicholas Carr el 4 de marzo. Carr, ex editor de la Harvard Bussiness Review, es autor de varios libros sobre las transformaciones provocadas en el Mundo por las tecnologías, especialmente Internet. Entre otras obras, destaca The Big Switch. Rewiring the World, from Edison to Google. En la traducción, se optó por traducir el término "crowd" por "multitud", no obstante la traducción literal sea muchedumbre. Se mantienen en inglés algunos términos, ya sea para complementar la traducción o por no existir en castellano un término adecuado.

2 de diciembre de 2009

En defensa de los derechos fundamentales en Internet

Los internautas españoles están en pie de guerra. Hace pocas horas se supo que en un anteproyecto de ley, el Gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero busca crear una comisión que tendrá entre sus atribuciones el bloqueo de sitios web desde los cuales se pueda acceder a la descarga de contenidos sujetos a derechos de autor. La protección de los derechos de los creadores es sin duda una prioridad, pero nuevamente en este caso la protección está, al parecer, más orientada a salvaguardar modelos de negocios que el mundo digital ha dejado obsoletos. Y lo más grave de esta propuesta es que esa comisión podrá actuar sin tener que recurrir a la justicia, entregando a sus integrantes el doble poder de ser juez y parte. De aprobarse esa medida, un paso atrás en como España se inserta en la sociedad de la información, una verdadera involución digital.

Una de las réplicas es este manifiesto que comparto con ustedes y que me llegó a través de Javier Leiva:
Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial – un organismo dependiente del ministerio de Cultura -, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9 Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10 En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

5 de julio de 2009

Breve reflexión de un lector perplejo

Fotografía: Analógico vs Digital, de Todo-Juanjo, con licencia CC:BY-NC-ND

La decisión del diario El Mercurio de entregar desde hace poco algunos suplementos sólo a sus suscriptores, suplementos que hasta ahora eran parte de lo que uno recibía al comprar el diario en los kioskos, me ha dejado perplejo. Desconozco las razones, aunque puedo intuir que deben estar relacionadas con la crisis profunda en la que está entrando una manera de vender noticias (en realidad, vender papel) cuyos orígenes se remontan hacia principios del siglo XIX.

Suelo comprar el diario sólo los domingos y ocasionalmente los sábados. Pero si a partir de ahora mis $700 valen menos, porque un suplemento que antes recibía ya no lo recibiré, mi primera reacción será leer el diario en su versión digital, que me sale gratis (ya que mi conexión a Internet la pago lea el diario o no) y en la que ese sumplemento lo publican completo. Es decir, por negarme un servicio que me estaban dando, es posible deje de pagarles mis dominicales $700 y aún así siga accediendo a sus contenidos.

No sería extraño que en un tiempo más El Mercurio empezara a cobrar por acceder a algunos de esos contenidos que hoy publica en Internet. Y entonces haré lo más lógico: buscar otras fuentes de información y noticias que entreguen sus contenidos de manera gratuita en la Red. Que los hay muchos, de gran diversidad y calidad igual o superior al decano de la prensa chilena. Porque como ya es casi de Perogrullo decir, la gratuidad en el acceso a la información ya no es más sinónimo de ramplonería, argumento típico de quienes históricamente defendieron modelos pagados para acceder a la información.

Al final, la moraleja de esta breve reflexión la encuentro en los cotidianos enfrentamientos dialécticos que ocurren entre mis hijos cuando uno de ellos le pide al otro le devuelva un juguete supuestamente regalado por el primero al segundo: "lo que se da, no se quita". Porque cuando el acto de informarse ya no depende de un pedazo de papel por el que hay pagar bajo condiciones definidas por el dueño del diario, sino de una cable conectado a una red donde es el lector quien define las condiciones, el poder de "quitar" pasa de unas manos a otras.

14 de junio de 2009

Biblioteca Pública: su rol social en un mundo hiperconectado

El jueves pasado tuve la oportunidad de compartir con alumnos de la carrera Técnico en Bibliotecas y Centros de Documentación del CFT Utem, una reflexión sobre el rol social de las bibliotecas públicas en un mundo hiperconectado. Agradezco la invitación a Paola Faundez, la Directora de la carrera, así como al grupo de alumnos la muy motivante conversación que se dió después de la presentación.

Sociedades como la chilena siguen teniendo un problema básico, cuya solución debiera ser nuestra primera prioridad: un amplio sector de la población sigue viviendo en condiciones de pobreza o indigencia (más de 2 millones de personas en Chile, según cifras de la Encuesta Casen 2006) y además sufren de una muy desigual distribución del ingreso.

Pero en la actualidad se presenta, en esta sociedad informacional según la descripción de Manuel Castells, un momento histórico para saltar de manera muy rápida diversos estadios de desarrollo. Los países que fueron relegados a un segundo y tercer lugar en el orden surgido a partir de la revolución industrial, enfrentan ahora una oportunidad sin precedentes para en muy corto plazo cambiar de manera radical el destino de sus poblaciones. Oportunidad que, siguiendo el planteamiento de Yochai Benkler, entrega mucho poder a las personas para ser creadores de su futuro. Son las nuevas reglas del juego que plantea una realidad estructurada en redes distribuidas hiperconectadas, en las que las nociones tradicionales de poder y autoridad se van desvaneciendo, como diría David de Ugarte.

En este contexto, el verdadero sentido de una biblioteca pública emerge con mayor fuerza: no se trata tanto de prestar libros o facilitar el acceso a Internet de manera neutra, sino más bien de comprenderse como agente de cambio social. Que la biblioteca pública sea agente de cambio social en un mundo hiperconectado, implica asumir a los menos cinco premisas:

1. Que debe ofrecer acceso gratuito a Internet orientado especialmente a los grupos más vulnerables de la sociedad. Como bien demuestra Jan van Dijk, el tipo de acceso a tecnologías que tenemos condiciona de manera fundamental nuestra participación en la sociedad actual y nuestras posibilidades de desarrollo futuro.

2. Que el modelo de generación de conocimiento ha cambiado en forma radical. Hoy todos podemos -a través de una comunicación multidireccional- participar de este proceso, siendo Wikipedia el ejemplo más conocido. La biblioteca pública es, para muchas personas, la única garantía que tienen para poder tener una mínima participación en las nuevas maneras de generar conocimiento.

3. Que para poder participar en estas nuevas dinámicas, las personas deben poseer ciertas competencias digitales básicas, debiendo la biblioteca pública contribuir al desarrollo de esas destrezas, autoconcibiéndose como espacio de inclusión digital. Se redefine -a otra escala- el concepto de la biblioteca pública como espacio para la formacion continua de las personas, que debiera reforzarse en una futura versión el Manifiesto de la IFLA/Unesco sobre la biblioteca pública.

4. Que la participación de las comunidades locales en las redes virtuales debe darse, para que sea un proceso efectivo de inclusión, desde sus propias culturas. Para ello, la biblioteca pública debe ser un puente entre el viejo y el nuevo mundo, permitiendo la proyección de las identidades locales a través de sus expresiones digitales.

5. Que en un mundo cada vez más infoxicado, la biblioteca pública debe marcar una diferencia promoviendo entre sus usuarios el desarrollo de competencias informaciomales, que les permitan buscar, seleccionar, evaluar de manera crítica y usar estratégicamente la información que encuentran en Internet para resolver sus necesidades. La alfabetización informacional es una potente herramienta para combatir la pobreza, a mi juicio aún no valorada en toda su dimensión.

Persistiendo en nuestras sociedades un problema muy arraigado de pobreza, en la cabal realización de la oportunidad actual de su superación, la biblioteca pública debe jugar un rol activo. De no ser así, otros espacios asumirán el desafío, relegando a la bibliotecas a lugares secundarios en el imaginario colectivo sobre los motores del desarrollo personal y social.

21 de agosto de 2008

VTR Internet Segura: la campaña del miedo

Fuente de la imagen: VTR Internet Segura
Soy padre de dos niños, de 4 y 7 años. Estoy convencido de que el acceso y capacidad de uso de la tecnología será fundamental en sus posibilidades de desarrollo personal, tanto en su formación académica, en su vida profesional y, por cierto, en su capacidad de socializar y establecer lazos de comunicación, colaboración y amistad con otras personas. Pero también tengo claro que ese acceso a tecnología les hará estar expuestos a un conjunto de situaciones que yo no viví en mi infancia y adolescencia, y que recién siendo adulto enfrenté, cuando ya tenía un criterio desarrollado respecto a lo que era bueno y lo que era malo para mi.
Por eso, el reciente lanzamiento de la campaña VTR Internet Segura, que cuenta con el apoyo de del Ministerio de Interior de Chile, atrajo mi atención. Pero ya desde los primeros mensajes que conocí, algo me sonaba raro. Notaba cierta estigmatización de Internet como un espacio lleno de riesgos, opacando la versión opuesta: Internet como un espacio lleno de oportunidades. Y al escribir esta entrada, luego de haber estado casi una hora revisando el sitio de la campaña, mi primera reacción se ha confirmado: es una campaña basada en el miedo. Una campaña necesaria con el foco equivocado.
Es imposible no valorar el esfuerzo por prevenir el ciberbullying, el grooming o el phishing, pero cuando en la pasada se emiten mensajes en la dirección equivocada, el público objetivo al que está dirigida la campaña (los padres, especialmente aquellos con bajas destrezas y niveles de uso de Internet) puede tomar decisiones erróneas influidos por una mirada sesgada y por momentos muy limitada de Internet.
Apela esta campaña a un resorte emocional que todos los que somos padres tenemos: el miedo a que nuestros hijos sufran por acciones de personas malintencionadas. Y para ello construye una visión de Internet como un espacio plagado de individuos que se esconden tras el anonimato de un alias y que hacen de las distintos medios de comunicación en línea su vehículo para asaltar y abusar de nuestros hijos. Sólo basta tener presente la imagen que encabeza esta entrada para darse cuenta de cómo ya desde los elementos gráficos el tono de la campaña se centra en el lado oscuro de Internet (que por cierto lo tiene, algo que no pretendo negar).
¿Cuáles son mis principales críticas?
Mi primera crítica: lo ya dicho. En vez de emitir un mensaje positivo, refuerza en forma permanente el mensaje negativo. En vez de ver los beneficios (reducidos a algunas frases cliché en los párrafos iniciales de algunas secciones) y acompañar esa mirada con un alerta respecto a las amenazas, sólo se mencionan éstas. Un ejemplo son las referencias al concepto blog en el Manual de Recomendaciones para una Internet Segura, accesible desde el sitio. Tres veces se usa la palabra blog: en dos oportunidades se entrega una visión negativa (el blog como espacio en el que actúa el abusador sexual, el blog como espacio de acoso escolar por Internet) y la tercera mención es en el glosario, que entrega un breve y neutra descripción de lo que es un blog. Si yo soy padre de familia y no tengo experiencia directa con los blogs, despúes de leer el Manual concluiré que los blogs son "espacios de riesgo" para mis hijos. No alcanzaré a vislumbrar como han contribuido los blogs a generar información, conocimiento y espacios de colaboración entre personas y colectivos. No, los blogs serán sólo una amenaza para mis hijos.
Una segunda crítica es que se eleven lugares comunes a la categoría de verdades incuestionables sin el debido respaldo. En el Manual de Recomendaciones para una Internet Segura, se indica: "Los abusadores de menores encuentran en Internet un lugar más accesible para desplegar una variedad de actividades de abuso sexual a menores, amparados bajo el anonimato del medio". Asumo que la comparación es con el mundo real, ese donde la violencia sexual contra niños y niñas suele ser ejercida por personas de confianza, en muchas ocasiones integrantes del grupo familiar. Ciertamente, Internet también abre oportunidades para este tipo de abusos, pero ello no implica de manera necesaria que sea un espacio donde se cometan más delitos sexuales contra menores.
En Chile durante el último tiempo ha habido cierta presencia en los medios de casos de grooming y ciberbullying, pero es imposible construir tendencias a partir de casos, por muy condenables que sean. La pregunta que debemos hacer es cuantos casos de abuso sexual o acoso escolar en línea han ocurrido en relación a la cantidad de horas de acceso a Internet que los niños y adolescentes chilenos han tenido. Dato complejo de obtener, por cierto, porque al igual que en la vida en el mundo físico, no todos los casos se conocen, pero -al igual que en el mundo físico- son la excepción. Aunque suene grotesco, sería como si por algunos casos de violaciones de menores en parques y plazas públicas, se llegara a la conclusión de que parques y plazas son "espacios de riesgo" para nuestros hijos.
Y una tercera crítica tiene que ver con una rotunda incomprensión de ciertas lógicas propias de estos nuevos espacios y como se genera la comunicación entre personas en ellos. El mejor ejemplo es una de las frases fuerzas del spot que protagoniza el tenista Fernando González (que pueden ver aquí), que entre otras cosas sugiere: "Chatea sólo con tus amigos". Solo contrargumentar que si la comunidad de personas que ha hecho del software libre y el conocimiento abierto uno de los espacios de mayor innovación en las últimas dos décadas hubiera aplicado esta recomendación, quizá hoy no tendríamos a nuestro alcance la posibilidad de compartir y comunicarnos con personas de todas las culturas del mundo a través de Internet. Y esa comunidad se ha basado, entre otras cosas, en el trabajo colaborativo entre personas que no se conocen en el mundo físico y que han chateado con extraños. Creer que en el mundo virtual se reproducen (o debieran reproducirse) las dinámicas del mundo físico, es ver con ojos del siglo XX una realidad del siglo XXI. De hecho, la misma distinción entre mundo físico y mundo virtual es cada vez más tenue.
Entonces... ¿cómo enfrentar este tema?
Hace un tiempo, un buen amigo, también padre de familia, en un peligroso ejercicio que grafica las limitaciones de Internet (esto es una ironía, por si no lo parece), pidió ayuda en línea (debe ser, sin duda, un abusador sexual o un acosador, ya que tiene blog). Las respuestas que recibió de varias decenas de personas, entre ellas este cadaunante (también sospechoso por escribir estas líneas a altas horas de la noche), son el mejor ejemplo de cómo la visión positiva de las cosas puede ser posible y, a mi juicio, más constructiva en el largo plazo. Por eso, más que reproducir aquí lo compartido en esa conversación, invito a leerla en detalle: Papá en Red pide ayuda.

15 de julio de 2008

Rafael Gumucio, el neoludita

Será porque estoy más alerta, será porque son cada vez más. Da lo mismo. Ocurre que de un tiempo a esta parte son más evidentes las manifestaciones del neoludismo en Chile. Las escucho en la radio, las leo en la prensa, las veo en televisión. A veces son directas en sus planteamientos, en muchas ocasiones son sutiles comentarios fuera del contexto del artículo, la conversación o la nota en la cual se mencionan. Pero que son cada vez más, ese es un dato de la causa, aunque es muy probable que quienes así se manifiestan no se sientan herederos y -posiblemente- tampoco conozcan a Theodore Kaczynski.

Y fue la columna de Rafael Gumucio en uno de los últimos números de The Clinic, la que me hizo ver cómo esta reacción ante la penetración de Internet (y la tecnología en general) en casi todos los ámbitos de nuestra vida diaria, está despertando los temores más profundos en algunos grupos de nuestra sociedad, los que no dudan en torcer argumentos para pontificar sobre las pestes y desgracias que Internet traerá a nuestro mundo.

En una columna titulada "Como Internet puede acabar con la democracia" (la que pueden descargar aquí, ya que el sitio de The Clinic, en una extraña estrategia web, aún no tiene disponibles los contenidos de las últimas ediciones), Gumucio desarrolla un argumento central: en Internet, donde cada uno puede publicar lo que quiera, sin estar "sometido a un editor", uno de los principios fundamentales de la democracia (nadie es poseedor de la verdad completa y por lo tanto se deben alcanzar acuerdos, construir consensos) entra en crisis. "En la red no se negocia nada", y por lo tanto cada uno plantea su verdad, sin necesidad de negociar con nadie lo que dice y publica. La verdad se relativiza y ello puede llevar al surgimiento de sectarismos y fanatismos. Concluye Gumucio:
¿Cuánto falta para que la red muestre su araña? ¿Un Hitler nuevo, nutrido como el antiguo de falsa ciencia, de datos torcidos, y del hastío profundo de las elecciones?
Desconozco que autores y experiencias alimentan esta mirada, pero sus lugares comunes son significativos. Y tres son las críticas principales que le hago.

No quiero caer en el polo opuesto y hacer gala de un exacerbado tecno-optimismo, pero hasta ahora la red ha demostrado que construye más diálogos que los que cierra. Y este blog y esta entrada son un buen ejemplo. En el mundo de los medios tradicionales, para poder rebatir a Gumucio yo debiera enviar una carta a The Clinic y esperar que el editor decidiera publicarla. Sin embargo, eso no sería un diálogo, apenas una respuesta de un lector a la reflexión de un columnista. Pero gracias a Internet, estoy publicando mi respuesta para que la lea quien quiera y con la posibilidad de que el propio Gumucio responda. Las posibilidades de diálogo son, sin lugar a dudas, mayores.

Resulta curiosa también su visión sobre la democracia: un régimen donde las personas negocian sus verdades parciales, donde la autoridad (de un presidente, de un editor) representa finalmente el consenso sobre la verdad más completa. A lo menos, naïve Gumucio al desconocer que los presidentes, los editores, son valedores también de verdades parciales y que responden a determinados grupos de interés. Y que en muchos casos, esos intereses que representan imponen visiones, generan exclusiones, silencian voces. Por el momento, Internet tiene espacio para todas las voces y todas las conversaciones, incluso aquellas que van contra el derecho a la libre expresión. Las posibilidades de inclusión son, sin lugar a dudas, mayores.

Por último, la red es reflejo de la humanidad. Hitler no requirió Internet para existir, y si surge un nuevo Hitler no será responsabilidad de Internet, sino de la naturaleza humana y de como, ante ciertos escenarios, las sociedades pueden construir respuestas basadas en la intolerancia. No tengo duda que cuando un nuevo Hitler esté surgiendo, aprovechará las capacidades de la red para intentar llegar al poder. Pero también estoy seguro que -a diferencia de lo que ocurrió con la sociedad alemana anterior a 1933- ahora existirán mayores posibilidades de resistir ese embate e Internet será el medio para evitar, a través de un mayor y más transparente acceso a la información y la multiplicación de las fuentes de información, construir la "verdad" que durante años las democracias occidentales "pactaron" con la Alemania nazi respecto a lo que estaba ocurriendo con judios, gitanos, homosexuales, opositores políticos y un largo listado de grupos. Las posibilidades de tolerancia son, sin lugar a dudas, mayores.

7 de abril de 2008

Leer es más que un libro

Fotografía de tina raval con licencia CC:BY
Ayer, El Mercurio publicó un extenso reportaje con el título Nadie sabe cuánto leemos en Chile. Sin duda, es de agradecer que se le dedique un espacio privilegiado a esta discusión, que como ya es notorio en Cadaunadas me interesa por una triple razón: primero, por mi afición personal por la lectura; segundo, por mi labor profesional en la Dibam; y, tercero, por mi convencimiento de que la lectura está en la base de cualquier intento con posibilidades de lograr el desarrollo como país.
No me voy a referir a lo expresado por los entrevistados (pese a que claramente en algunos casos discrepo de lo que afirmaron, en especial cuando Verónica Abud indica que el programa Maletín Literario es “como tirar la plata”), ni a la afirmaciones de Oscar Contardo, autor del reportaje, con algunas de cuyas afirmaciones concuerdo en alto grado (sobre todo cuando indica la necesidad de contar con estudios periódicos que permitan comparar de manera continua la evolución de la lectura en Chile).
Más bien quiero hacer dos breves reflexiones sobre dos "ausencias" del reportaje.
Sin duda, la "ausencia" que más me llamó la atención es que al hablar de la lectura en Chile, reduzca la discusión sólo a la lectura de libros, dejando fuera del análisis -de ahí la ausencia- otras variables. El libro es uno de los principales soportes de la lectura, pero si queremos tener una medición integral en este tema, debemos necesariamente incorporar, por lo menos, a) la lectura de diarios y revistas; y b) la lectura en línea (o en otros soportes, como indica en forma exclusiva mi estimada Marcela Valdés en el reportaje).
La lectura digital está creciendo de manera exponencial, de la mano de un cada vez mayor nivel de acceso a Internet por parte de la población. Buen ejemplo de ello es lo que ocurre en las bibliotecas públicas que cuentan con el programa BiblioRedes: usuarios de comunidades remotas que hasta hace unos años no podían acceder a prensa actualizada, hoy leen en línea los principales diarios de su región y del país. En BiblioRedes estamos iniciando una serie de estudios y mediciones que nos permitirán evidenciar estas lecturas.
Aunque no podamos dar una cifra país (más allá de los datos que manejamos en la Dibam) es posible afirmar que en Chile se lee cada vez más, y que uno de los principales motores de crecimiento de esa curva está en lo digital.
(Por cierto, la lectura digital presenta otros desafíos mayores para las concepciones tradicionales, las que dan para otra entrada: por el momento, gracias a Fernando Juárez, comparto el programa de un interesante debate que se dará en mayo con ocasión de la Feria del Libro de Sevilla).
La otra “ausencia” que encontré en el reportaje tiene que ver con analizar el desigual acceso al libro provocado por la hiperconcentración de librerías en ciertas ciudades de Chile. Lamentablemente, en muchas comunas del país, sólo la biblioteca pública entrega un acceso permanente y abierto a toda la comunidad. La inmensa mayoría de las comunas carecen de librerías, contribuyendo con un círculo vicioso –según la argumentación tradicional- donde el tamaño reducido del mercado impide, junto a otros factores, hacer ediciones de mayor tiraje y abaratar los precios, disminuyendo las barreras de acceso de la población al libro. Una demanda reducida y una oferta concentrada geográficamente. Pensar en una política sostenida de fomento de la lectura requiere, necesariamente, complementar la labor de las bibliotecas (públicas y escolares) con otras acciones que fortalezcan el mercado del libro y un más homogéneo desarrollo de éste a lo largo del territorio (recomiendo revisar este otro artículo publicado ayer en La Tercera, que aborda esta arista del problema).
En resumen, si vamos a hablar de índices de lectura en Chile, no hablemos sólo de libros y bibliotecas. Hablemos también, entre otras cosas, de Internet y librerías. Quizá así logremos responder a la pregunta sobre cuánto se lee en Chile.

6 de abril de 2008

Me conecto, ergo leo


Hay una afirmación que cada vez que la escucho o la leo me hace arquear mi ceja izquierda. No porque me cause sorpresa, ni genere dudas en mi forma de entender ciertas cosas de la vida (que son las razones por las que normalmente arqueo mi ceja izquierda, ya que la derecha tiene poca vida propia). No, en este caso, mi focalizado movimiento facial es una expresión de molestia ante un lugar común: "Internet está matando la lectura".

Para desarmar esta afirmación, no recurriré a estudios ni cifras que den cuenta de la cantidad de horas que los usuarios de Internet pasan delante de un computador leyendo contenidos, ni lanzaré conclusiones de análisis que se hagan cargo de los nuevos tipos de lecturas que las redes están construyendo. Tampoco utilizaré como argumento las posibilidades que la tecnología entrega para una nueva relación entre la palabra, el autor y el lector.

No. Sólo me remitiré a compartir mi hábito lector en el primer trimestre de 2008 y cómo su saludable estado tiene una relación directamente proporcional con mis hábitos de navegación (y cierta mínima capacidad de mis tarjetas de crédito). Si: yo seré el caso de estudio.

Análisis cuantitativo

Considerando los libros que he adquirido desde enero (ya que no voy a hablar de lo que leo en pantalla, sino de lo que leo en papel), que se encuentran ya leídos, a medio leer o esperando su turno de lectura, las cifras son:
- 6 libros adquiridos tras conocerlos inicialmente en Internet (5 de ellos comprados a través de Internet)
- 3 libros adquiridos tras conocerlos inicialmente en librerías (1 de ellos comprado luego de haber confirmado mi interés tras leer una reseña en Internet)
- 1 libro adquirido tras ser recomendado verbalmente por alguien en cuyo criterio lector confío
- 1 libro que me regalaron (pero que leí después de haber buscado referencias en Internet)

En 8 de 11 libros, estar conectado a Internet ha sido el elemento que me ha permitido conocerlos, adquirirlos o tomar la decisión de leerlos. Además, en 4 de esos casos (posiblemente 5), son libros que no están accesibles en librerías en Chile. Es decir, mi hábito de navegación en Internet ha marcado el 72,7% de mi hábito lector de libros durante el primer trimestre de 2008, siendo Internet en el 45,4% de los casos la plataforma de comprar de los libros. O dicho de otra manera: sólo en 1 de cada 4 libros que he puesto en mi lista de lectura he llegado por un camino distinto a Internet, y sólo la mitad de los libros que compro lo hago en librerías.

Análisis cualitativo

Obviamente, comparto esta personal estadística porque, además, está asociada a un proceso que le da contexto: el promedio de mis horas semanales dedicadas a la lectura de libros ha aumentando respectos de los años anteriores.

De manera temprana desarrollé mi gusto por la lectura, pero hacia fines de los noventa atravesé una suerte de “sequía lectora”, quizás provocada por ocho años seguidos de lecturas obligatorias entre licenciatura y magister.

Hace unos años retomé la periodicidad en el hábito, pero recién hacia principios del año pasado “me entregué” a la práctica con una intensidad inusitada. Coincide este cambio con la instalación de banda ancha en mi departamento y la posibilidad de hacer más profundo y selectivo mi acceso a Internet. Coincide también, por cierto, con “mi inmersión” en la blogosfera hispanoparlante y, en menor grado, la norteamericana. Y ahora, tras un año, esta “inmersión” empieza a manifestarse de forma insospechada cambiando e intensificando mis lecturas.

¿Estaría leyendo tanto si no pasara tanto tiempo conectado? No. Sólo mis horas de exposición a la televisión (y mis horas de sueño, dice mi esposa) han rebajado su cuota en forma significativa. O sea, que cuanto más me conecto, más libros compro y más libros leo.

Lo más significativo es que aquellos libros que he adquirido tras descubrirlos en Internet, no obedecen a un patrón fijo de recomendación. En realidad, soy poco asiduo a las páginas de crítica literaria, por lo que en más de una ocasión tras leer una sola frase citada en un blog he terminado cinco minutos después aceptando un cargo de Amazon en mi tarjeta de crédito. En estos casos, más que el libro en sí o el autor de éste, ha sido la valoración que tengo del blog o del autor del blog, el que me ha llevado al libro.

Algunos ejemplos. Genís Roca me llevó a Tiempos Líquidos de Zygmunt Bauman; una simple cita en el blog de Cristobal Cobo me motivó a comprar Understanding Knowledge as a Commons, volumen editado por C. Hess y E. Ostrom (y además me empujó a poner en el dominio público Cadaunadas); Nicholas Carr me vendió directamente su última obra, The Big Switch; Luís Ramírez y su Amazon Wish List me presentaron Internet Politics de Andrew Chadwick; y en mi paroxismo lector Marco Antonio Zúñiga me "forzó" a estar inscrito en la lista de espera de Amazon para un libro que recién será publicado en agosto de este año (es el libro que falta en la foto de esta entrada: aún se transa en el mercado de futuros).

Conclusión

Me conecto ergo leo. Si, ya sé que no soy representativo de nada, pero da lo mismo: esta es una cadaunada sobre mis hábitos de lectura. Y en mi caso, Internet es sólo comparable –como medio de fomento lector- con el excelente profesor de filosofía que tuve en la enseñanza media. El dato raro de este autoestudio es que de los 3 libros que adquirí sin influencias de Internet, 2 tienen relación con las transformaciones culturales provocadas por Internet (por lo que compro libros también para justificar mi mayor conexión a la Red).