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9 de mayo de 2012

¿Por qué cierra la Biblioteca de Montegrande?

Ayer en el noticiero central de Televisión Nacional y hoy en una breve nota en El Mercurio, el cierre de la Biblioteca de Montegrande -las tierras de Gabriela Mistral- por falta de recursos para seguir funcionando, ha generado una cierta reacción de simpatía y voluntad en las redes sociales. Muchas personas manifiestan su interés en colaborar con la Corporación Montegabriela, organizacíón privada que hace seis años abrió la primera y hasta ahora única biblioteca pública de la comuna de Paihuano.

Es bueno que malas noticias como ésta no pasen desapercibidas, pero nuevamente pone de relieve lo que en repetidas ocasiones he comentado en este blog: la fragilidad legal en la que funcionan las bibliotecas públicas en el país. Da lo mismo que sean la mayor red cultural de acceso público, gratuito y equitativo. Da lo mismo que sean líderes en las políticas de inclusión digital del país. Da lo mismo que 2 de cada 3 personas que acceden a sus servicios vivan por debajo de la línea de la pobreza. Nada, absolutamente nada, puede impedir que una biblioteca pública se cierre en Chile si así lo decide quien la sostiene.

En este caso particular, además, no puedo dejar pasar por alto que una organización privada esté cumpliendo un rol que debiera jugar el municipio. No me malentiendan: me encantaría que el país estuviera lleno de corporaciones similares, que entre sus líneas de trabajo tuvieran abrir bibliotecas públicas en lugares que realmente lo necesitan. Pero le debemos exigir al Estado que cumpla su papel y en Paihuano ello no está ocurriendo. Lo sé. La municipalidad es de escasos recursos y por muy buena gestión que pueda realizar, no contaría con los fondos necesarios para atender todas las necesidades.

La respuesta a la pregunta que da título a esta entrada es, por tanto, sencilla: un Estado que no está haciendo su trabajo. Ante eso hay dos caminos: o quedarnos en el callejón sin salida que plantea el escenario actual, o potenciar a los municipios para que asuman a cabalidad el desarrollo de las bibliotecas públicas en Chile, algo sobre lo cual ya comenté a raíz de las primarias en Providencia.

El primer paso para que eso se revierta es dotar a Chile de una ley de bibliotecas públicas, como hizo Colombia recientemente o han hecho diversas comunidades autonómicas españolas. La ley no es la panacea, pero sí el piso mínimo sobre el cual seguir construyendo el sistema de bibliotecas públicas, consolidando lo realizado, proyectando los nuevos desafíos, fortaleciendo a los municipios y entregando recursos para que ello sea posible.

En noviembre del año pasado me invitaron a exponer sobre este tema en la XVI Conferencia Internacional de Bibliotecología, organizada por el Colegio de Bibliotecarios de Chile, presentación que comparto debajo. Como allí dije, me gustaría vivir en la ciudad de Bart Simpson, porque en ella la biblioteca pública es parte del paisaje. Quizá no haya ley de biblioteca en Springfield, quizá no la necesiten, pero como en cualquier pueblo o ciudad de Estados Unidos (del mundo anglosajón, para ser más amplio), su comunidad no entendería no contar con una biblioteca (o dos en el caso de Springfield). A tal punto que cuando producto de la crisis de 2008 los recortes presupuestarios empezaron a ocurrir, las comunidades se organizaron y empezaron a defender sus bibliotecas.

Para que Montegrande sea Springfield, la ley de biblioteca pública es necesaria, porque a diferencia de lo que ocurre en las calles que recorre Bart, la cultura de biblioteca no existe en los caminos por los que alguna vez caminó Gabriela.

24 de abril de 2012

Dos hechos curiosos sobre la lectura en Chile


Un nuevo 23 de abril, Día Internacional del Libro, y como parte del rito autoridades, especialistas, medios de comunicación e interesados en la situación de la lectura, hacen sus análisis y comparten sus ideas para cambiar una situación que –unos más, unos menos- califican como lejana al ideal.

Es en ese contexto en el que dos hechos resultan curiosos en Chile.

Primer hecho curioso. Desde que asumió el actual gobierno, “el mundo de la cultura” ha participado del debate sobre la institucionalidad que tenemos como país, apuntando principalmente a si el actual Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) es el medio adecuado para dar prioridad a las políticas públicas en el área, o si, por el contrario, debemos contar con un Ministerio de Cultura. Casi todos los actores de ese “mundo” tienen postura en este tema. El CNCA no cumple aún su primera década pero ya parece necesario cambiarlo.

Sin embargo, cuando uno se aproxima a esta discusión desde el terreno de la defensa del derecho al acceso equitativo a la lectura (algo más complejo que el mero fomento del libro y la lectura), llama la atención la escasa preocupación por la institucionalidad (o ausencia de ésta) que debe asegurar a cada chileno y chilena ese derecho. Incluso, más de alguien al revisar estas líneas dude de la existencia de tal derecho.

Dos ejemplos. La actual “Ley del Libro” data de 1993 y en su esencia crea el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura y el Consejo que la administra. 1993, cuando Internet no existía en Chile y la diversidad de soportes y formatos de lectura hoy disponibles eran solo ciencia ficción. Sin embargo, hasta donde se conoce, no existe ni del gobierno ni de los sectores interesados (gremios editoriales, libreros, autores, bibliotecarios, etc.) iniciativa para cambiar en el corto plazo ese marco legal. El otro ejemplo es la inexistencia de un marco legal para el funcionamiento de las bibliotecas públicas a lo largo del país, pese a constituir la red de acceso público, gratuito y equitativo a la lectura más importante del país. Hoy dependen enteramente de la voluntad y criterio de los municipios, y los aportes que el gobierno realiza a través de la Dibam y el Consejo del Libro y la Lectura. Nada, absolutamente nada, impide que una biblioteca pública municipal pueda cerrarse si así lo define la municipalidad.

No soy de los que cree que las leyes arreglen mágicamente los problemas, pero sí que sin marcos legales adecuados algunos cambios culturales no ocurrirán.

Segundo hecho curioso. Los gobiernos locales administran hoy en Chile los dos principales medios para desarrollar políticas de largo aliento en el ámbito de la lectura: las escuelas municipales y las bibliotecas públicas. Y sin embargo, la lectura (o la responsabilidad que en mejorar sus índices tienen los gobiernos locales) no está presente en el incipiente debate electoral municipal (y en rigor, tampoco lo estuvo en elecciones pasadas).

Todos los actores coinciden que para alcanzar el desarrollo, Chile también debe aumentar sus índices en este ámbito. Apuntamos a los modelos escandinavos y nos maravillamos cómo se incentiva desde tempranas edades la lectura. Pero llega el momento de marcar nuestra preferencia en una papeleta electoral y pareciera que las prioridades fueran otras, porque los programas de los candidatos no mencionan el desarrollo de la lectura en sus comunas, no tienen propuestas. Nada extraño: el crónico desfinanciamiento de los municipios chilenos los obliga a priorizar las necesidades, y ante temas de mayor impacto en los medios (y por tanto en la retina del elector) como la seguridad ciudadana o el tratamiento de la basura, la lectura es relegada, muchas veces sin comprender que una sociedad que lee puede ser el camino hacia una sociedad con menores índices de delincuencia o con una actitud distinta ante los desechos que genera.

Concluyo. Mucho me temo que en un año más nos encontremos en la misma situación, hablando de las mismas cifras, compartiendo los mismos diagnósticos. Porque en esto también opera aquel adagio que dice que si sigues haciendo lo mismo de siempre, no esperes obtener resultados distintos. Si eso ocurriera, sería el tercer hecho curioso sobre la lectura en Chile.


* Entrada publicada originalmente en elquintopoder.cl

23 de abril de 2012

Bibliotecas públicas y lectura: la propuesta de Javier Insulza para Providencia

Ayer en la noche, apenas publiqué la entrada anterior sobre bibliotecas públicas y lectura en el marco de las primarias municipales de Providencia, se la envié por correo a Josefa Errázuriz, Javier Insulza y Cristóbal Bellolio. A los pocos minutos, Javier me remitió la columna que encontrarán más abajo, indicándome que se encontraba a punto de terminarla cuando recibió mi correo. Por otro lado, poco después Cristóbal me respondió, indicando que por descoordinaciones internas en su equipo de campaña no había alcanzado a enviarme sus propuestas, pero que el fomento de la lectura se encuentra entre las 10 prioridades del área de cultura, algo que será expresado en un documento que espera poder compartir pronto.

Agradezco a Javier y Cristóbal su gentileza en responder.

Sin más, comparto integralmente el texto que me hizo llegar Javier:

"Bibliotecas públicas de Providencia. Los nuevos desafíos.


El querer realizar un cambio en la gestión edilicia no quiere decir que todo se esté realizando mal, sino que las cosas pueden ser diferentes y, por cierto, mejores.


En ese contexto debemos señalar que el actual sistema de bibliotecas de la comuna de Providencia es bueno, ágil e inclusivo, sin embargo, carece de mayor y mejor información para los residentes, quienes tienen gran interés por la lectura y el conocimiento (según datos de Bibliometro).


Esto implica que la falta de información a los residentes respecto de la existencia de este buen sistema, que es de enorme utilidad para mejorar el nivel cultural de los chilenos, particularmente el de los ciudadanos de Providencia, resulta inconcebible.


De no ser por mi calidad de vecino de la comuna y de mi interés por realizar un aporte concreto a esta comuna, quizás no me hubiese enterado del valor, importancia y desarrollo que tienen las actuales bibliotecas municipales.


Así, desde dicha evaluación podemos comenzar a pensar algunas mejoras que pretendemos desarrollar en una futura gestión edilicia para Providencia y sus Bibliotecas.


Nuestra propuesta de desarrollo comunal en el área de cultura va de la mano de las bibliotecas municipales existentes y, por qué no, de ser necesario de la instalación de nuevos espacios que ayuden a cubrir lugares de la comuna que no tengan centros culturales cercanos.


La intención que tenemos es que todas las inscripciones de carácter cultural no deban realizarse "en la misma municipalidad", sino que estos puedan realizarse en línea, o bien en la biblioteca municipal más cercana al domicilio de los interesados. Lo que buscamos es que la biblioteca municipal sea el primer nexo entre el vecino o vecina y la cultura y que, de una u otra forma este nexo se transforme en una de las necesidades primarias, de tal modo de que la cercanía entre el residente comunal y su biblioteca pase a ser casi obligatorio.


De la mano de la tecnología se inscriben las principales propuestas concretas para las bibliotecas de Providencia que queremos llevar adelante. La primera es la posibilidad de realizar pedidos de libros directamente por Internet, a través del sistema ya existente y en el que se permite incluso la renovación online.


Una segunda propuesta que busca ser innovadora es la posibilidad de tener una sede para lectura electrónica, tal como lo tiene actualmente la Biblioteca del Congreso Nacional, lo que implica tener libros en formatos digitales que permitan a los vecinos, especialmente adultos mayores, poder seguir fomentando su interés por la lectura sin la necesidad de salir de su domicilio o sólo acercándose a las bibliotecas municipales.


Por último proponemos fomentar la lectura de nuestros vecinos y vecinas ciegos o con dificultades de visión ¿cómo? A través de la grabación de libros, idealmente por parte de otros habitantes que de forma voluntaria  se interesen por quienes sufren estas situaciones. Así no sólo les llevaríamos conocimiento sino también alegría.


Todas estas propuestas apuntan a mejorar la cercanía de las buenas bibliotecas municipales de Providencia con todos los vecinos de la comuna.


Javier Insulza"

Actualización 23 de abril, 10:45 am: Al igual de Cristóbal, Josefa se excusó por no hacerme llegar sus propuestas por razones internas de su equipo de campaña, pero indicó compartía las ideas que planteé en mi entrada de ayer. Agradezco también su respuesta.

22 de abril de 2012

Primarias en Providencia, bibliotecas públicas y lectura


Los chilenos leemos poco y tenemos, además, un bajo promedio de comprensión de lectura de lo que leemos. Esa es la imagen que en los últimos años se ha instalado y aunque para su comprobación la afirmación requiere ser problematizada, como idea ha logrado penetrar en el debate con fuerza. Es parte de esos lugares comunes que rondan sobre el tema, junto a otros como que el problema del libro en Chile es el IVA o que no existen alternativas de acceso gratuito a la lectura.

Un análisis detallado de esas afirmaciones quizá concluya que algo de razón tienen, pero posiblemente la principal conclusión a la cual llegue ese análisis es la falta de prioridad política que el desarrollo de la lectura tiene en Chile. Hace pocos días, Marco Coloma se preguntaba cuánto le importa al presidente Piñera su Plan de Lectura. Me atrevo a extender la pregunta a toda la clase política en general.

Estamos en año electoral. En octubre, elegiremos a nuestras autoridades municipales. En la comuna de Providencia, en la cual vivo y voto, tres candidatos (Josefa Errázuriz, Javier Insulza y Cristóbal Bellolio) competirán en una primaria para que los electores que no nos sentimos representados por el actual alcalde Cristián Labbé podamos seleccionar a quien aparecerá en la papeleta en octubre (junto a Labbé y otras eventuales candidaturas).

¿Qué relación tienen el fomento de la lectura en Chile y las elecciones municipales? Una muy directa y clara. De los municipios dependen las dos herramientas principales con que contamos para impactar en el largo plazo en qué y cuánto leen los chilenos. 

Por un lado, las escuelas públicas municipales, a las que concurren los alumnos de nuestro país que menos leen porque (¡oh, que sorpresa!) el inequitativo acceso a la lectura en Chile es otra expresión de nuestra desigualdad socioeconómica. Es en la educación preescolar y los primeros años de la educación básica, junto con el insustituible rol de las familias, donde la lectura juega su batalla fundamental: un niño o niña que no desarrolla el gusto por la lectura a esa edad, suele convertirse en un adolescente o adulto que no lee.

Por otro lado, las bibliotecas públicas, salvo unas pocas excepciones, dependen de los municipios o las corporaciones municipales. Es decir, en la gestión municipal se articula la mayor red de acceso público, gratuito y equitativo a la lectura en el país, una red que tiene presencia en todas las comunas de Chile.

En el caso específico de Providencia, además, nos encontramos ante quizá la mejor red comunal de acceso a la lectura en el país. El alcalde Labbé ha potenciado las bibliotecas públicas municipales y creado espacios relacionados como los café literarios. Quien gane las elecciones de octubre, se encontrará con una red potente que permite proyectar el rol de las bibliotecas como colaboradoras activas en el diseño del futuro de la comuna.

Por lo anterior, a mediados de marzo invité a los candidatos de las primarias en Providencia a compartir aquí en Cadaunadas sus propuestas sobre las bibliotecas públicas. El desafío era concreto. Que respondieran en no más de una carilla tres preguntas: 1) ¿Cuál es tu evaluación de la situación actual de las bibliotecas públicas de la comuna?; 2) ¿Cómo se articulan las bibliotecas públicas en tu propuesta de desarrollo?; y 3) ¿Qué medidas concretas propones para desarrollar el sistema de bibliotecas públicas?

Los tres aceptaron y comprometieron enviar sus respuestas un mes después, fecha que se cumplió el 18 de abril pasado. Sin embargo, las respuestas no llegaron, ni tampoco respondieron a un nuevo correo que les envié el 19 de abril para recordarles el compromiso e indicarles que me parecía ideal difundir sus respuestas el 23 de abril, Día Internacional del Libro e inmejorable contexto para conocer sus propuestas sobre las bibliotecas públicas.

Confieso que la respuesta inicial me sorprendió. No esperaba aceptaran el desafío y menos los tres. Sin embargo, al final todo quedó en nada. Las primarias serán en mayo y aún hay tiempo para que expliciten sus propuestas. Y si no lo hacen en este período, quien resulte ganador tendrá tiempo adicional para incorporar a las bibliotecas públicas y la lectura en su programa de campaña.

Pero el punto creo es otro. Espero estar equivocado, pero ninguno de los tres tiene el fomento de la lectura en Providencia entre sus prioridades. O no creen que sea un elemento decidor para que los potenciales electores decidan por uno u otro al marcar su preferencia en la primaria de mayo. No encuentro otras razones para que no hayan compartido sus posturas.

Podrán ustedes argumentar que el problema de nuestros índices de lectura escapa, con mucho, a la gestión de los municipios. Que requiere políticas nacionales impulsadas por el gobierno central. Y yo les encontraré la razón. Pero como he señalado antes, los municipios tienen un rol que jugar, el que a mi juicio debe y puede ser fortalecido.

Las demandas estudiantiles del año pasado, dejaron sobre la mesa la idea de revertir la municipalización de la educación. Algo similar ocurre con la atención primaria de salud. Es curioso, pero en un país en el que todos reclamamos por su excesivo centralismo, seguimos creyendo que la solución de los problemas estructurales pasa por aumentar el poder de las autoridades nacionales, quitándoles capacidad de gestión a las autoridades locales. No comparto esa mirada. Debemos fortalecer a los municipios, porque son las estructuras de gobierno que tienen mayor cercanía con las personas. Abrámoslos más a la ciudadanía, aumentemos sus presupuestos, desarrollemos las capacidades en sus equipos humanos, entreguémosles más autonomía y poder de decisión.

Municipios fuertes son claves para políticas públicas más eficientes que apunten a una mejor calidad de vida en todas las comunas de Chile. Convertir a éstas en territorios de la lectura, entendiendo que leer es parte sustancial del desarrollo humano en una sociedad, implica que quienes dirigen los municipios o aspiran a hacerlo, hagan de la lectura un pilar de sus propuestas de campaña. Si no lo hacen, su preocupación será apenas una extensión de ese lugar común que alimenta el lamento por un país que no lee.

28 de febrero de 2012

Leer es reconstruir


En estos últimos días, como creo ha ocurrido con todos aquellos que vivimos en distintos grados el terremoto del 27 de febrero de 2010, el recuerdo de esa madrugada y los días posteriores ha estado presente en buena parte de lo que he leído, visto y conversado. Por fortuna, nadie de mi familia sufrió ni daños personales ni materiales con el desastre desatado a contar de las 3:34 am, pero son muchas, miles las personas en Chile que desde entonces han estado viviendo en un extraño estado de suspensión en el tiempo, esperando soluciones que se prometen pero no llegan, esperando retomar la normalidad en sus vidas. De ello da cuenta el extraordinario reportaje de Ana Rodríguez sobre las mujeres en el desastre de la reconstrucción, o el testimonio de la rabia de Danilo Canales y su deambular estos dos años junto a su esposa Lorna (y desde hace unos meses acompañados por su futura hija).

Ese vivir en un tiempo detenido, especie de permanente recordatorio de la devastación, es quizá uno de los nudos ciegos más complejos a dos años del terremoto. Todos, o quizás solo algunos –entre los que me cuento- tendemos a caer en un balance estadístico del post 27F. Tanto roto, tanto arreglado. Restamos y sumamos, abusando de las operaciones matemáticas sin darnos cuenta que, como bien dice Claudio Pulgar, “reconstrucción es sociedad civil y participación”, porque, en el fondo, lo que está en juego no son edificios, viviendas, obras públicas: son personas, comunidades y tejido social. Son formas de ser y de vivir que dependen no de subsidios, sino de la posibilidad de ser escuchados y poder decidir sobre su futuro.

Y es al agarrarme de esa hebra por momentos intangible donde me surgen las preguntas sobre el rol que pueden jugar las bibliotecas públicas en ayudar a las personas a recomponer sus vidas. Porque más allá de la respuesta que frente a la emergencia entreguen, siempre útil y que puede ser mejorada, y la necesaria reconstrucción de su infraestructura, para desde su regreso a la rutina apoyar a sus comunidades, restaurar o generar (si no existía antes del terremoto) el vínculo profundo con la lectura es, posiblemente, el principal aporte que pueden realizar a que cada uno de sus usuarios y usuarias sean protagonistas de sus propias reconstrucciones personales.

Ese el mensaje que deja “The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore”, cortometraje animado que hace unos días obtuvo el Óscar en su categoría: la lectura como parte de un proceso de sanación y adquisición de sentido. Son quince mínutos. Posiblemente sean de los mejores quince minutos de todas las horas que en el último tiempo he estado navegando en Internet.

2 de diciembre de 2011

Y el 2010 se hizo la luz

O así puede desprenderse del documento "Gobierno Electrónico y Abierto: Diagnóstico y Propuestas", de los investigadores de Libertad y Desarrollo, Álvaro Bellolio y Jomaris Rossell, en cuya página 43 se plantea lo siguiente:


Curioso, cuando menos, toda vez que la oferta de alfabetización digital de las bibliotecas públicas chilenas a través del programa BiblioRedes comenzó el 2002, habiendo capacitado a más de 550 mil personas a la fecha, y su plataforma de e-learning está operativa y ofreciendo cursos en forma permanente desde el año 2009.

Felicito a Libertad y Desarrollo por sumarse al debate público sobre el desarrollo digital de Chile, algo que los think tanks chilenos dedicados a políticas públicas no han hecho y podrían imitar. Solo pediría mayor rigurosidad en la construcción de los diagnósticos. Quizás de esa manera concluyan que las soluciones ya están implementadas.

Actualización. A los pocos minutos de publicar esta entrada, Álvaro Bellolio respondió por Twitter a un comentario que le hice. Comparto la imagen del intercambio. Gracias Álvaro por la corrección.




28 de octubre de 2011

¿Requiere Chile una ley de bibliotecas públicas?

El miércoles 2 de noviembre participaré en una mesa redonda sobre bibliotecas públicas en el marco de la XVI Conferencia Internacional de Bibliotecología, organizada por el Colegio de Bibliotecarios de Chile. Conversaremos sobre la pregunta que titula esta entrada y como parte de la preparación de mi intervención he publicado la encuesta "sui generis" que está debajo. No pretende ser una encuesta científica ni que la muestra de personas que la respondan sea representativa. Más bien, sus resultados pretendo usarlos para lanzar algunas reflexiones a partir de algunas frases tipo que en mis años trabajando en bibliotecas públicas escuché. Invito a responderla y, si quieren, compartirla en las redes. ¡Gracias ;-)!

15 de noviembre de 2010

Pobreza y lectura: el aporte de las bibliotecas públicas en Chile

Foto: Biblioteca Pública de Cerro Castillo (Torres del Paine, Magallanes)

Termina la Feria Internacional del Libro de Santiago y con ella por un buen tiempo la preocupación de los medios por los índices de lectura en nuestro país. Aprovechando la resaca, me doy un tiempo y profundizo en esta entrada –como comprometí en la anterior- el análisis de una de las variables medidas en la versión 2010 de Chile y los libros, presentada por Fundación La Fuente y Adimark hace unos días: el posicionamiento de las bibliotecas públicas y su rol en el fomento de la lectura.

El dato duro: el 6,8% de la población sería socia de alguna biblioteca, cifra que se ha mantenido estable desde el 2006, año en que marcó un 6,5%. Dentro de ese porcentaje hay de todo: socios de bibliotecas municipales (las públicas), universitarias, comunitarias, del Metro (Bibliometros), escolares, de los malls y móviles. A menor nivel socio-económico y menor nivel educacional, menor relación con las bibliotecas, concluye el reporte. De todas, las únicas que crecen en forma sostenida desde la medición de 2006, son las públicas, pasando del 36,7% al 45,4% de aquellos que señalan ser socios de una biblioteca.

Sin embargo, este dato, positivo en un contexto de baja membresía  en general, merece ser precisado. Según los datos técnicos de la muestra 2010, las 1.001 personas entrevistadas fueron mayores  de edad pertenecientes a grupos socioeconómicos ABC1, C2, C3 y D (ver este enlace para conocer en detalle cómo se conforman los grupos según esta segmentación). Desconozco las razones para no considerar el grupo E, que reúne a las personas con los menores ingresos familiares (y tradicionalmente marginados de los estudios de mercado, que son los que utilizan este tipo de segmentación), pero al analizar el perfil de los socios de bibliotecas, influye de manera fundamental en los resultados del estudio.

Según un estudio encargado por el programa BiblioRedes, en el año 2008 el 46,5% de los usuarios de las bibliotecas públicas provenía de grupos familiares con ingresos inferiores a $200.000, lo que los hacía de manera clara integrantes del grupo E (cuyo ingreso familiar es variable y está en torno a las UF 10). Un 21,2% pertenecía a familias con ingresos mensuales inferiores a $ 120.000. Extrapolando estas cifras, se puede afirmar que de los 9 millones de prestaciones (préstamos de libros a domicilio y lectura en sala) realizados por las bibliotecas durante ese año a sus usuarios, aproximadamente 4,5 millones tuvieron como beneficiarios personas de escasos recursos. 1 de cada 2 usuarios de bibliotecas provienen de familias con pobres o indigentes, grupo no considerado en la muestra del estudio de la Fundación La Fuente.

Adicionalmente, llama la atención en la muestra de Chile y los libros 2010, una sobrerrepresentación del grupo ABC1, que pesa un 32,7%, tres veces más que en el conjunto de la sociedad chilena. Quizá por ello, las bibliotecas universitarias aparecen en lugar destacado –si bien menor que en mediciones anteriores- en membresía, toda vez que en ese segmento el acceso a la universidad es más alto.

No puedo dejar de referirme a otro dato que requiere a mi juicio cierta revisión, al igual que el bajo porcentaje de usuarios de Internet que mencioné en la entrada anterior (cifra quizá influida por la sobrerrepresentación en la muestra de la población mayor de 56 años): el relativo a los usuarios del Bibliometro, que si bien se recupera respecto del año 2008, sigue estando por debajo de la medición 2006 (un 9,5% frente al 13,0% de hace cuatro años). El año 2009, aumentaron tanto las horas de atención en sus módulos, así como se agregaron cinco nuevos puntos de atención, pasando de 11 a 16 las estaciones con presencia del Bibliometro. El resultado: un 25,6% de aumento en los préstamos respecto al año 2008 (ver página 77 del Balance Gestión Integral de la Dibam 2009). Me atrevo a afirmar que puede estar influido este dato por el mismo sesgo que afecta a la membresía de bibliotecas públicas, si bien no tengo para el Bibliometro datos de perfil socioeconómico de sus usuarios.

Más allá de esta ausencias, que creo impiden rescatar a cabalidad el trabajo realizado por las bibliotecas públicas de la red coordinada por la Dibam, hay otras cifras del estudio de la Fundación La Fuente que ameritan ser atendidas. El 48,7% de los encuestados dijeron desconocer que en sus comunas existían bibliotecas públicas. Hay en esto un tremendo potencial de crecimiento, toda vez que con el Programa de Construcción de Bibliotecas Públicas llevado adelante durante el gobierno de la Presidenta Bachelet, se alcanzó el 100% de cobertura en el país: en todas las comunas del país hay a lo menos una bibliotecas pública.

Que prácticamente la mitad de la población desconozca su existencia habla de la necesidad de redoblar los esfuerzos en difusión y marketing, en especial entre los segmentos poblacionales que menor relación tienen con la lectura. Las bibliotecas públicas podrán, de esa manera, sumar aún más al desafío de aumentar el índice de lectura en nuestro país, contribuyendo desde su experiencia y formación como intermediarias entre lectores y lecturas.

Pero es fundamental, como bien han apuntado Lavinia Reyes y Teolinda Higueras en sendas entradas en elquintopoder.cl, que se legisle a favor de las bibliotecas públicas. De nada sirve atraer más público a las bibliotecas si éstas no se encuentran entre las prioridades de los gobiernos locales, si no cuentan con el personal en cantidad suficiente y con niveles adecuados de remuneración, si la infraestructura no es mejorada. Mucho se ha hecho en los últimos veinte años, pero sobre la base de voluntades. Seguir creciendo en base a apretones de mano y declaraciones de buenas intenciones es riesgoso.

Todo indica que hay potencial para que el sistema de bibliotecas públicas siga creciendo y desarrollando la lectura en Chile desde su arena –un complemento a lo que necesariamente debe realizar el sistema escolar. Aumentar los niveles de lectura en nuestro país es una de las claves para la superación de la pobreza, y cuando de pobreza y lectura hablamos, las cifras confirman que la biblioteca pública es un actor importante. La ley de biblioteca pública debe entenderse, por tanto, como parte de una política social.
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Actualización 15/11 a las 11:54 am. Gracias a Alejandro Barros corrijo información sobre la segmentación según GSE. El link que usé ayer como referencia era muy genérico y entregaba una información equivocada: el grupo F no existe, siendo el E el último.

9 de noviembre de 2010

Oportunidades y mitos sobre la lectura en Chile

Algo está pasando con la lectura en Chile. Cada vez son mayores los recursos que se invierten, cada vez es mayor la valoración social (por lo menos aparente) que se le da, pero los índices no crecen, sino que estancan o retroceden.

Esta es la conclusión general que uno obtiene tras leer la nueva versión del estudio Chile y los libros, que en el contexto de la Feria Internacional del Libro de Santiago 2010, la Fundación La Fuente y Adimark han hecho pública. Esta medición, que corresponde al presente año y es la tercera usando la misma metodología (las anteriores fueron en 2006 y 2008), se ha convertido en un referente, entre otras cosas por la ausencia de métricas sostenidas en el tiempo realizadas por el Estado. A los que nos interesa el tema, sin duda debemos agradecer el trabajo y el rigor con la que se realiza, porque nos entrega elementos para fundamentar propuestas, contrastar miradas y evaluar lo realizado.

En esta primera reflexión que el estudio me provoca, quiero detenerme en las tendencias generales, en los grandes números del fenómeno de la lectura. Esas cifras que indican que entre el año 2006 y el 2010, el número de no lectores aumentó del 44,9% al 52,8%. Paralelamente, los lectores ocasionales, esos que leen al menos una vez al año, cayeron del 34% al 21,2%. Ambas cifras no permiten alegrarse por el aumento (de 21,1% a 26%) de los lectores frecuentes, que son los que leen una vez a la semana o más. Más teniendo presente que en este grupo, predominan personas de nivel socioeconómico alto o medio alto, los que tienen mayor capital cultural y mejor educación.  El 70,9% de las personas con estudios superiores se definen lectoras, frente al 38,1% de los que tienen educación media incompleta o el 35% en el caso de los que tiene educación básica incompleta.

A raíz de esto, Marco Coloma, en una entrada que publicó hoy en su blog, se pregunta si no estaremos presenciando el crecimiento de otra desigualdad, la de la distribución del capital cultural. La pregunta tiene validez, pero para su respuesta es necesario construir una fotografía más amplía sobre el consumo cultural, en la que el índice de lectura es una variable más. Por lo demás, la relación entre ingreso económico y nivel de educación con el hábito lector (y el consumo cultural en general) no es nueva.

Regresando a las cifras generales del estudio de la Fundación La Fuente, planteo tres elementos para construir una hipótesis sobre el escenario presente y una posible salida futura.

Hacia un nuevo índice

Este índice asocia de manera principal el hábito de la lectura a los libros, que si bien sigue siendo el eje principal, su excesivo protagonismo en la metodología puede estar escondiendo parte de la fotografía. Se aborda el consumo cultural que se realiza a través de Internet y por primera vez se introduce en la encuesta el conocimiento y lectura de e-books (¡todo un acierto!), pero no se apuesta por la construcción de un índice conjunto de la lectura en distintos soportes y formatos. Esto ya lo están haciendo los editores españoles desde el primer cuatrimestre de este año, comprendiendo que el fenómeno de la lectura está cambiando de la mano de un lector que está modificando su hábito. Al ser aplicado por primera vez, el índice de lectura en España pasó del 55% al 91%. Significativamente, el 81,2% de los españoles entre 14 y 24 años leen en formatos digitales.

¿Qué está ocurriendo en Chile? Esta es una pregunta que requiere bucear y procesar los datos duros de la encuesta, para saber si lectores de libros y navegantes de Internet son un mismo grupo. No obstante, llama la atención un dato: sólo el 36% de los encuestados dice ser usuario de Internet, cifra muy inferior a la arrojada, entre otros, por el estudio WIP Chile de la Universidad Católica, que ya en el 2008 apuntaba que los usuarios de Internet en Chile llegaban al 48%.

Comparto algo que Mario Waissbluth señala en el análisis del estudio de la Fundación: el uso conversacional de los más de 17 millones de dispositivos móviles y celulares que hay en Chile (que no es medido como uso de Internet en esta encuesta) está consumiendo cada vez más tiempo de los chilenos. ¿”Ocurre lectura” en ese uso? Mi experiencia empírica así lo indica, aunque no es una lectura tradicional y que requiere ser estudiada cualitativamente para aprovechar su potencial. ¿Cómo se puede aprovechar esa inmensa cantidad de horas/persona para el fomento de la lectura?

La trayectoria de largo plazo y el techo del libro tradicional

El punto anterior me lleva a pensar que la lectura en Chile, considerada de manera casi exclusiva como lectura de libros, ha tocado techo. Concuerdo con Nivia Palma, quien en una carta al director publicada en El Mercurio, sostiene la necesidad de mirar la trayectoria completa de la curva en los últimos 20 años: en este lapso, se dobló el número de lectores, pasando del 25% al actual 47,2%. Sin embargo, el retroceso de un 8% entre 2006 y 2010, obliga a revisar estrategias y reconocer que el salto que esperamos en el índice difícilmente ocurrirá sólo sobre la base de lectura de libros, por lo menos en su formato tradicional, para el que un 74,4% de los no lectores manifiestan no tener tiempo o interés.

El abrumador desconocimiento y casi nula lectura de e-books, plantea una oportunidad que debe ser explorada, pero con un rigor que evite caer en la tentación de creer que un cambio tecnológico producirá milagrosamente la revolución en el hábito lector de los chilenos. En este sentido, recomiendo seguir los resultados que está teniendo Territorio Ebook, la experiencia que la Fundación Germán Sánchez Ruiperez está llevando adelante. Ya está arrojando luces sobre cómo integrar esta nueva oportunidad en escuelas, universidades y bibliotecas.

Hacia una red de intermediación en la lectura

Por último, un elemento que espero desarrollar más en una próxima entrada:  ¿cómo se consolida una red de personas e instituciones intermediadoras entre los lectores (actuales y potenciales) y la lectura? En un mundo con una oferta creciente de lectura, en la que abundan personas sin las adecuadas competencias de lectura o niveles bajos de alfabetización informacional, el acompañamiento en la lectura (una arista de la dimensión social de la lectura) adquiere cada vez más un papel insoslayable. En esto, por cierto, la escuela y la biblioteca escolar juegan un rol de primera importancia, toda vez que el hábito lector sostenible (ese construido desde el placer y no desde la imposición) libra sus principales batallas en los primeros años de la educación formal preescolar y escolar. Lamentablemente, el universo de este estudio parte desde los 18 años, por lo que sigue siendo una incógnita la lectura no obligatoria entre los menores de edad.

Pero lo que si arroja este estudio es un dato relevante: el porcentaje de personas que son socios de bibliotecas (en general) se ha mantenido estable (pasando de un 6,5% el 2006 a un 6,8% el 2010), pero dentro de ese grupo crece significativamente el porcentaje de socios de las bibliotecas municipales (las públicas) de un 36,7% el 2006 a un 45,4%, confirmando una tendencia ya vista en el estudio del 2008. Hay acá otra oportunidad que requiere ser mirada con detención, asumiendo que la lectura ocurre en un ecosistema de lugares e intermediaciones que cuanto mayor sea su nivel de articulación, mayor será el impacto. En este punto, recomiendo leer la entrada publicada ayer por Lavinia Reyes sobre la necesidad de contar con una ley de biblioteca pública, que busca precisamente consolidar y proyectar el aporte que realiza la mayor red pública de acceso a la lectura en Chile.

En suma…

Sí, definitivamente, algo está pasando con la lectura en nuestro país. Es una invitación a descubrir los nuevos escenarios, revisar las estrategias y consolidar lo bueno que se ha hecho. A mi juicio, la alternativa de rasgar vestiduras sobre un Chile que lee cada vez menos puede llevar a la construcción de un nuevo mito: el de una sociedad que dejó de leer, basado en aquel que -sin datos en la mano- proyecta la imagen de un país que leía.

1 de mayo de 2010

PLIP: Proyectos seleccionados

Hoy eIFL.net publicó los resultados del concurso de proyectos del Programa de Innovación en Bibliotecas Públicas (PLIP, por sus siglas en inglés). 

En esta primera etapa, se recibieron 324 propuestas de 49 países, y 12 fueron seleccionadas. El listado completo lo pueden revisar acá

Me alegra compartir que entre los proyectos seleccionados, hay 2 de América Latina. Uno presentado por la Coordinacíón de Bibliotecas Públicas del Estado de Yucatán (México) para preservar la cultura y la lengua maya. Y otro presentado por la Biblioteca Pública de Panguipulli (Chile), destinado a proveer acceso a servicios de información pertinente a los pequeños agricultores de la zona que atiende.

¡Felicitaciones a los gestores/as de ambos proyectos!

21 de enero de 2010

Hablemos de PLIP: video chat el 26 de enero

Conforme se acerca la fecha de cierre de la postulación de proyectos al Programa de Innovación en Bibliotecas Públicas (información en castellano aquí), se intensifica la difusión en las redes de bibliotecas. Este martes 26, a las 12:00 pm hora de Chile, Pilar Pacheco y este cadaunante realizaremos un video chat al cual pueden sumarse todas las personas interesadas. Sólo requieren conectarse a Internet y contar con un equipo con sonido funcionando.

Les dejo el mensaje con el que estamos promoviendo el evento. Bibliotecari@s de Argentina, Chile, Colombia, Guatemala y México, ¡l@s esperamos!
Conversación vía web chat sobre las donaciones del Programa de Innovación en Bibliotecas Públicas (PLIP, Public Library Innovation Program)

Los/as invitamos/as a una conversación vía web chat con Pilar Pacheco, Coordinadora de Capacitación del Programa BiblioRedes (Chile), y Enzo Abbagliati, ex Coordinador Nacional de Programa BiblioRedes (Chile) y consultor en tecnología en bibliotecas públicas, sobre las oportunidades que presenta las donaciones del Programa de Innovación de Bibliotecas Públicas (PLIP, por sus siglas en inglés).

Conéctense a los web chats en https://statedept.connectsolutions.com/conx el 26 de enero a las 15:00 GMT, 12:00 horas en Chile. Quienes deseen participar sólo deberán contar con un acceso a Internet. Sugerimos comprobar que los parlantes estén funcionando para poder escuchar bien. Aceptamos preguntas en cualquier momento antes o durante el programa, pero sugerimos sean enviados con anticipación. La pregunta aparecerá en rojo en su pantalla una vez haya sido enviada en forma exitosa.

El Programa de Innovación en Bibliotecas Públicas promueve el desarrollo de servicios innovadores para mejorar la vida de las personas a través del uso de tecnologías. Este programa de donaciones de tres años ayudará a bibliotecas en países en desarrollo o países en transición convertirse en centros de la vida de sus comunidades. http://www.eifl.net/cps/sections/services/plip

La primera ronda de donaciones estará destinada a postulaciones de los siguientes países, en los que eIFL.net tiene presencia o en los que la iniciativa Bibliotecas Globales de la Fundación Bill & Melinda Gates apoya proyectos: Albania, Argentina, Armenia, Azerbaijan, Bangladesh, Belarrusia, Bosnia y Herzegovina, Botswana, Bulgaria, Camboya, Camerún, Chile, Colombia, Egipto, Eslovenia, Estonia, Etiopía, Georgia, Ghana, Guatemala, Jordania, Kenia, Kosovo, Kyrgyzstan, Laos, Letonia, Lesotho, Lituania, Macedonia, Malawi, Mali, Mexico, Moldavia, Mongolia, Mozambique, Nepal, Nigeria, Palestina, Polonia, República Popular China, Rumania, Rusia, Senegal, Serbia, Siria, Suazilandia, Sudán, Sudáfrica, Tajikistan, Tanzania, Ucrania, Uzbekistan, Vietnam, Zambia and Zimbabwe.

Pilar Pacheco es Coordinadora de Capacitación del Programa Biblioredes de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam) de Chile y ha estado en la organización desde 2001. La Sra. Pacheco es también el enlace entre Biblioredes y organismos internacionales como la Fundación Bill y Melinda Gates. En agosto 2009, durante su participación en la conferencia de IFLA realizado ese año en Milan, Italia, Rima Kupryte le contó sobre el Public Libraries Innovation Program y le pidió su cooperación en diseminar el programa en América Latina para incentivar la participación de bibliotecas públicas de la región y además, responder a preguntas de hispano parlantes.

Enzo Abbagliati, Licenciado en Historia y Magíster en Estudios Internacionales, formó parte del programa BiblioRedes (Chile) desde sus orígenes hasta noviembre de 2009, siendo su Coordinador Nacional durante tres años. Actualmente es consultor en uso de tecnologías para la participación social. Por su experiencia, fue invitado a ser parte del Comité de Selección de PLIP y promover esta iniciativa en América Latina.

14 de enero de 2010

PLIP, información en castellano

Un mes y medio atrás compartí información sobre PLIP, el Programa de Innovación en Bibliotecas Públicas, iniciativa que lidera eIFL.net y que está destinada a financiar proyectos que usando tecnología logren diseñar e implementar servicios innovadores para atender las demandas de sus comunidades.

La novedad es que hace unos días publicaron traducidas al castellano las preguntas frecuentes sobre el Programa, lo que sin duda colabora en la difusión de este fondo concursable entre los países hispanoparlantes. El documento está disponibles aquí.

En la primera ronda de proyectos, cuyo plazo de postulación vence el 28 de febrero, pueden postular proyectos de Argentina, Chile, Colombia, México y Guatemala. En la segunda y tercera etapa podrán presentarse proyectos del resto de América Latina.

24 de noviembre de 2009

BiblioRedes: Todos Juntos

Comparto un video que preparamos para la celebración de nuestro VII Aniversario en BiblioRedes el jueves pasado, que celebramos en conjunto con la Biblioteca de Santiago, que cumplía cuatro años. Un pequeño homenaje a los miles de usuarios del Programa que a través de las 396 bibliotecas públicas o desde Internet están conversando en nuestra comunidad Contenidos Locales sobre sus identidades y culturas. ¡Disfrútenlo!



Más videos de BiblioRedes en nuestro canal en You Tube. Y mis felicitaciones a Máximo Moreno y Jimmy Quintana por este trabajo.

22 de noviembre de 2009

PLIP, innovación en bibliotecas públicas


eIFL.net acaba de lanzar, con la colaboración de la Fundación Bill & Melinda Gates, el Programa de Innovación en Bibliotecas Públicas (PLIP, por sus siglas en inglés), una iniciativa que busca promover el desarrollo de servicios innovadores que a través del uso de tecnología mejoren la vida de las personas, colaborando en la constitución de las bibliotecas públicas como centros de la vida comunitaria.

PLIP se llevará a la práctica a través de un fondo concursable para proyectos y está orientado a bibliotecas públicas de países en desarrollo o en transición. Espera constituirse en un aporte importante para que las bibliotecas públicas demuestren que contando con recursos adecuados pueden desarrollar actividades que impactan positivamente en la vida de las comunidades que atienden.

Consta de tres etapas. En la primera, 10 proyectos recibirán aportes de hasta US$ 30.000. La etapa para presentar propuestas cierra el 28 de febrero de 2010 a las 18:00 (hora de Roma, Italia). Los proyectos ganadores deberán ejecutarse entre abril de 2010 y marzo de 2011.

En la segunda etapa, se entregarán 10 aportes de US$ 15.000 para iniciativas que repliquen proyectos exitosos de la primera etapa.

Por último, en la tercera etapa, el año 2012 serán entregados 15 Premios a la Innovación en bibliotecas públicas (US$ 1.000 cada uno).

En la primera etapa, de América Latina sólo pueden postular proyectos de Argentina, Chile, Colombia, México y Guatemala. En las etapas segunda y tercera pueden participar todos los países de América Latina.

Por innovación, PLIP entiende que la idea a implementar es completamente nueva, o que nunca se ha realizado en el lugar donde se aplicará; o que nunca ha estado focalizada en el público que atenderá; o que no se ha ejecutado antes en la alianza propuesta; o que nunca ha logrado realizarse en forma exitosa; o que nunca incorporó tecnología antes (o el tipo de tecnología que se propone).

Entre los criterios que se usarán para seleccionar los proyectos, se considerarán -junto con ajustarse a alguna de las definiciones de innovación descritas- la capacidad de dar respuesta a una clara necesidad de la comunidad, la realización en alianzas con otras instituciones, presupuestos realistas y una ajustada descripción de cómo el uso de tecnología colaborará para prestar un mejor servicio.

Para mayor información, sugiero visitar el sitio web de PLIP.

14 de junio de 2009

Biblioteca Pública: su rol social en un mundo hiperconectado

El jueves pasado tuve la oportunidad de compartir con alumnos de la carrera Técnico en Bibliotecas y Centros de Documentación del CFT Utem, una reflexión sobre el rol social de las bibliotecas públicas en un mundo hiperconectado. Agradezco la invitación a Paola Faundez, la Directora de la carrera, así como al grupo de alumnos la muy motivante conversación que se dió después de la presentación.

Sociedades como la chilena siguen teniendo un problema básico, cuya solución debiera ser nuestra primera prioridad: un amplio sector de la población sigue viviendo en condiciones de pobreza o indigencia (más de 2 millones de personas en Chile, según cifras de la Encuesta Casen 2006) y además sufren de una muy desigual distribución del ingreso.

Pero en la actualidad se presenta, en esta sociedad informacional según la descripción de Manuel Castells, un momento histórico para saltar de manera muy rápida diversos estadios de desarrollo. Los países que fueron relegados a un segundo y tercer lugar en el orden surgido a partir de la revolución industrial, enfrentan ahora una oportunidad sin precedentes para en muy corto plazo cambiar de manera radical el destino de sus poblaciones. Oportunidad que, siguiendo el planteamiento de Yochai Benkler, entrega mucho poder a las personas para ser creadores de su futuro. Son las nuevas reglas del juego que plantea una realidad estructurada en redes distribuidas hiperconectadas, en las que las nociones tradicionales de poder y autoridad se van desvaneciendo, como diría David de Ugarte.

En este contexto, el verdadero sentido de una biblioteca pública emerge con mayor fuerza: no se trata tanto de prestar libros o facilitar el acceso a Internet de manera neutra, sino más bien de comprenderse como agente de cambio social. Que la biblioteca pública sea agente de cambio social en un mundo hiperconectado, implica asumir a los menos cinco premisas:

1. Que debe ofrecer acceso gratuito a Internet orientado especialmente a los grupos más vulnerables de la sociedad. Como bien demuestra Jan van Dijk, el tipo de acceso a tecnologías que tenemos condiciona de manera fundamental nuestra participación en la sociedad actual y nuestras posibilidades de desarrollo futuro.

2. Que el modelo de generación de conocimiento ha cambiado en forma radical. Hoy todos podemos -a través de una comunicación multidireccional- participar de este proceso, siendo Wikipedia el ejemplo más conocido. La biblioteca pública es, para muchas personas, la única garantía que tienen para poder tener una mínima participación en las nuevas maneras de generar conocimiento.

3. Que para poder participar en estas nuevas dinámicas, las personas deben poseer ciertas competencias digitales básicas, debiendo la biblioteca pública contribuir al desarrollo de esas destrezas, autoconcibiéndose como espacio de inclusión digital. Se redefine -a otra escala- el concepto de la biblioteca pública como espacio para la formacion continua de las personas, que debiera reforzarse en una futura versión el Manifiesto de la IFLA/Unesco sobre la biblioteca pública.

4. Que la participación de las comunidades locales en las redes virtuales debe darse, para que sea un proceso efectivo de inclusión, desde sus propias culturas. Para ello, la biblioteca pública debe ser un puente entre el viejo y el nuevo mundo, permitiendo la proyección de las identidades locales a través de sus expresiones digitales.

5. Que en un mundo cada vez más infoxicado, la biblioteca pública debe marcar una diferencia promoviendo entre sus usuarios el desarrollo de competencias informaciomales, que les permitan buscar, seleccionar, evaluar de manera crítica y usar estratégicamente la información que encuentran en Internet para resolver sus necesidades. La alfabetización informacional es una potente herramienta para combatir la pobreza, a mi juicio aún no valorada en toda su dimensión.

Persistiendo en nuestras sociedades un problema muy arraigado de pobreza, en la cabal realización de la oportunidad actual de su superación, la biblioteca pública debe jugar un rol activo. De no ser así, otros espacios asumirán el desafío, relegando a la bibliotecas a lugares secundarios en el imaginario colectivo sobre los motores del desarrollo personal y social.

17 de mayo de 2009

Comunidad Contenidos Locales


Hoy lanzamos en BiblioRedes la versión beta de nuestra primera comunidad virtual: Contenidos Locales.

Es un paso muy importante en nuestra historia. Desde noviembre de 2002 estamos acompañando en su proceso de inclusión digital a los usuarios de las bibliotecas públicas chilenas, ofreciéndoles acceso gratuito a Internet y desarrollando sus competencias a través de nuestro programa de alfabetización digital comunitaria. A estos dos servicios iniciales, el año 2004 añadimos el promover la generación de contenido local digital por parte de las propias comunidades atendidas por las bibliotecas. Era parte de una apuesta de BiblioRedes que entendía que la apropiación social de la tecnología pasaba, entre otras cosas, por apoyar la creación y recreación de las identidades locales en la Web. Y nos fue bien, muy bien, no sólo por las más de siete mil páginas Web creadas por nuestros usuarios, sino porque esta dimensión de BiblioRedes fue reconocida internacionalmente, recibiendo entre otros el "premio Nóbel de Internet".

Contenidos Locales significa un giro hacia la web social. Seguimos creyendo que -en un mundo hiperconectado- la biblioteca pública tiene que, cada vez más, convertirse en un medio para que sus usuarios no sólo reciban sino aporten contenidos a la web. Pero ese aportar, en el caso nuestro, no es neutro: nos interesan las culturas locales, esas que difícilmente aparecen en los grandes medios y que son apenas una cita a pie de página en los versiones oficiales de Chile.

Nos mueve la intrahistoria del millón de personas a las que hemos acompañado en estos casi siete años. Queremos construir comunidad con las más de once mil personas que diariamente acceden a Internet en alguna biblioteca pública de Chile, y que ellas encuentren a través de Contenidos Locales esas conversaciones en red que sabemos las motivan en el día a día de sus localidades. Pero también queremos armar comunidad con las miles de personas que hoy están hablando en la web sobre el Chile de barrios, pueblos y aldeas; del Chile de las tradiciones, las de viejo cuño pero las que también se crean a diario, remezclando raices locales con influencias externas. Queremos que aparezca el Chile de la cueca y el hip-hop; del mapudungun y el castellano; de la cazuela y el sushi.

¿Cuál es la promesa que hacemos? Quien esté en nuestra comunidad tendrá una mayor visibilidad de sus contenidos (sea cual sea la plataforma y formato en que estén creados), pero sobre todo le ayudará a encontrarse con tod@s aquell@s que compartan sus intereses, visiones, sueños. Sea donde sea que estén, Contenidos Locales será su espacio para conversar de lo que somos y queremos ser, diversos y plurales desde lo local.

Y como buena versión beta, estaremos atentos a los comentarios y críticas que recibamos en estos primeros meses de funcionamiento, para revisar y afinar la propuesta. Porque nuestro "sueño del pibe" es ambicioso: convertir a la comunidad Contenidos Locales en el referente mundial sobre las culturas locales chilenas en la Web.

16 de mayo de 2009

Colombia II: Hablando sobre BiblioRedes

La invitación de la Biblioteca Nacional de Colombia que comenté en la entrada anterior tenía dos objetivos. Primero, asesorar a su equipo, en base a la experiencia de BiblioRedes, en sus incipientes iniciativas de conectividad, digitalización y contenidos locales. Y, en segundo lugar, realizar un par de presentaciones.

La primera presentación, realizada el 12 de mayo en la misma Biblioteca Nacional estaba orientada hacia el sector bibliotecario de Bogotá y tuvo como eje la labor de BiblioRedes en torno a los contenidos locales generados por la comunidad. Comparto acá la presentación:
La segunda presentación, más breve, fue una mirada más general a BiblioRedes, y la realicé el miércoles 13 en el marco de Bibliotic 2009, encuentro sobre bibliotecas y tecnología organizado por enREDo y la Red de Bibliotecas de Medellín. Esta es la presentación que realicé:

La participación en Bibliotic me permitió, además, conocer la imponente Biblioteca Pública Virgilio Barco, una de las bibliotecas mayores de Biblored, la Red Capital de Bibliotecas Públicas de Bogotá, un programa de la Alcaldía Mayor de Bogotá y la Secretaría de Educación del Distrito Capital. Esta biblioteca, junto con ser un ícono arquitectónico, obra de Rogelio Salmona, fue parte de una política pública destinada a combatir la violencia a través de la recuperación de espacios públicos.

De mi participación en Bibliotic, comparto además el artículo escrito por Catalina Cruz para telecentre.org y la nota realizada por la Red de Bibliotecas de Medellín, que incluye un pequeño video.

Mención aparte merece una entrevista en vivo que me realizaron en los estudios de CityTV el martes 12 en la mañana. Fue, confieso, una entrevista muy extraña:



14 de mayo de 2009

Colombia I: Una experiencia de contenido local


Invitado por la Biblioteca Nacional de Colombia, desde el domingo pasado estuve en Bogotá. Fueron días bastante intensos, de mucho conocer y estrechar lazos con el acogedor equipo de la Biblioteca. Días en los que pude comprobar como las bibliotecas colombianas, referentes latinoamericanos en los más diversos ámbitos, están asumiendo de manera decidida los desafíos y oportunidades que la tecnología ofrecen para llevar un paso más allá lo que cada vez creo más es la razón de ser más profunda de quienes nos desempeñamos en bibliotecas: construir sociedades más democráticas sobre la base de una mayor equidad en el acceso a las oportunidades.

De todo lo que ví destaco, en esta primera entrada, una iniciativa que está recién partiendo (y que en gran medida fue el motivo de la invitación que me hicieran): Súmese a la expedición botánica, un proyecto del programa Bibliotecas Vivas del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas, que lidera la Biblioteca Nacional. Según su equipo coordinador, el trabajo de BiblioRedes en torno a los contenidos locales chilenos se encuentra entre sus fuentes de inspiración.

En síntesis, Súmese a la Expedición Botánica es una iniciativa que surge como homenaje a José Celestino Mutis en el bicentenario de su muerte. A través de su principal obra, la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, Mutis revolucionó la manera en que los colombianos empezaron a mirar su país, todo ello ad portas del inicio del proceso independentista colombiano. Doscientos años después, la Biblioteca Nacional -a través de la red de bibliotecas públicas que coordina- está construyendo un nuevo ejercicio replicando la metodología de Mutis: observación, investigación y publicación. Pero ahora, como debe ser, esa invitación a remirar las realidades locales se plasmará en una serie de blogs colectivos, construidos de manera colaborativa por los usuarios y comunidades atendidas por las bibliotecas.

Para este año tienen pensado un piloto en ocho localidades, a cuyos resultados habrá que estar atentos. Por lo que me comentaron, el celebrar la figura y el legado de Mutis está, ya en los primeros talleres con la comunidad, convirtiéndose en un momento preciso para que otras expresiones de las realidades locales emerjan. Algo no menor, toda vez que -como pude sentir en esta primera visita a Colombia- es un país que conjuga de una manera muy particular una historia y un presente lleno de conflictos, con una inclaudicable voluntad de ser, una tensión de la que espero poder compartir mi breve experiencia en una futura entrada.

No me cabe duda que, como ya pudimos vivir cuando Gabriel Vanegas compartió con BiblioRedes la labor de su biblioteca de La Loma en Medellín, abrir canales para las culturas e identidades locales en Colombia significa generar oportunidades para la conversación sobre heridas y traumas que escapan a lo que en Chile estamos acostumbrados. Y, por lo tanto, espacio para que podamos aprender.

Al terminar esta entrada, agradecer al equipo de la Biblioteca Nacional por su cálida hospitalidad y sus deseos de compartir y conversar abiertamente sobre sus "sueños digitales". Espero que nuestra experiencia les sea de utilidad y que nuestros errores les hagan más sencillo el camino. Un reconocimiento especial para Catalina Holguín, quien junto con compartir su mirada sobre el proyecto Súmese a la Expedición Botánica, estuvo a cargo de la impecable logística de mi visita (y con quien, de reunión en reunión, de exposición en exposición, pude caminar bastante por Bogotá, la mejor manera de conocer una ciudad).

24 de abril de 2009

De Bibliotecas y Centenarios

Ayer se celebró el Día del Libro y del Derecho de Autor. Como todos los años la Dibam tuvo un rol destacado. La red de bibliotecas públicas realizó a lo largo de Chile cientos de actos. La inauguración de la Biblioteca Pública de Til Til fue el evento central, primer paso en un calendario de aperturas que debiera llevar a marzo del 2010 a cumplir con un gran compromiso de la Presidenta Bachelet: que al término de su mandato haya a lo menos una biblioteca pública en cada comuna de Chile.

Aunque han sido muchas las personas de la Dibam que sumaron esfuerzos para alcanzar este logro (incluyendo a personas de mi equipo en BiblioRedes), quiero hacer un público reconocimiento a Claudio Iglesias y los profesionales del Área de Infraestructura en la Subdirección de Bibliotecas Públicas. Son ellos los que han dado continuidad a esta labor, llena de complejidades por la necesidad de articular a múltiples instituciones, pero que ha permitido -sobre la base del modelo de la Biblioteca de Santiago- proyectar nuevos estándares arquitectónicos y uso de espacios en las bibliotecas públicas de nuestro país. El desafío es como llevamos estos estándares a todo el país, más allá de las comunas beneficiadas con este mandato presidencial. En la página de BiblioRedes en Facebook podrán ver algunas fotografías.

Hecho este necesario reconocimiento, quisiera destacar otra iniciativa de la Dibam, en la que estamos todos llamados a participar. Elige tu Biblioteca del Bicentenario es la invitación que la Biblioteca Nacional nos hace para que podamos en un proceso abierto identificar cuáles son los libros más representativos de estos 200 años de vida independiente. Emula una iniciativa llevada a cabo para el Centenario, cuando se seleccionaron 11 títulos de autores nacionales para representar el período 1810-1910, colección que se entregó a bibliotecas y establecimientos educativos. Lógicamente, en esta oportunidad será una biblioteca digital, cuyos títulos estarán completamente accesibles y se podrán descargar desde la Biblioteca Virtual del Bicentenario (en la que ya hay 37 títulos, entre ellos los 11 de Centenario).

¿Cómo participar? Bajando este formulario, que se debe escribir a mano y enviarlo digitalizado vía correo a memoria.chilena@bndechile.cl o entregarlo a través de la Oficina de Atención de Usuarios de la Biblioteca Nacional.

¿Cuáles son los tres textos que incluirías en la Biblioteca del Bicentenario? ¿Cuál es el personaje de ficción que mejor representa nuestra identidad? ¿Describe en tres conceptos nuestro recorrido histórico desde 1810? Y, sobre todo, ¿cuál es tu sueño para el Chile Bicentenario?

Por el momento, yo sólo tengo una respuesta clara: Condorito es nuestro mayor personaje de ficción. Y tú, ¿qué opinas?

29 de marzo de 2009

¿Puede una biblioteca ser tu oficina?

Por David Lee King (*)

Ok, yo sé que una biblioteca puede ser MI oficina... porque trabajo en una. Pero, ¿qué pasa con sus usuarios?

Recién estaba leyendo la entrada de Chris Brogan (un buen tipo; lo conocí en SXSW la semana pasada) sobre donde trabaja, frecuentemente en librerias y cafeterías. Y eso me hizo pensar un poco... ¿Sirven también para las bibliotecas sus argumentos sobre trabajar en librerías y cafeterías? Experimentemos un poco y veamos el resultado.

Estos son sus puntos sobre por qué trabaja en librerías y cafeterías, pero con la palabra "biblioteca" insertada... y algunos comentarios míos:
  • Las bibliotecas tienen libros, que están llenos de ideas. Cuando yo trabajo en una, pudo sacar un libro de la estantería, obtener una idea y desarrollar una nueva perspectiva de mi proyecto. Sí, tenemos este punto bien cubierto.
  • Las bibliotecas tienen comida fresca y mucha gente ansiosa por servírmela. Significa que me puedo concentrar en lo que estoy haciendo y no preocuparme del sustento. Bueno, mi biblioteca por lo menos, tiene esto cubierto también. ¿Y las suyas? ¿Tienen una cafetería en su biblioteca? Más importante aún... ¿dejan comer y beber a sus usuarios en la biblioteca?
  • Las bibliotecas tienen grandes estacionamientos y muchas salas para celebrar breves reuniones con unas pocas personas. No son el mejor lugar para realizar reuniones formales, pero son perfectas para realizar brainstorming y lluvias de ideas. Mi biblioteca tiene este punto adecuadamente cubierto: tenemos un gran estacionamiento (aunque suele estar bastante lleno, ya que somos un destino popular en Topeka). Y tenemos una variedad de espacios para celebrar reuniones en la biblioteca: salas de reuniones, pequeñas salas de estudio, y muchas mesas y enchufes eléctricos. ¿Y tu biblioteca? ¿Harían callar a alguien si estuviese realizando una reunión en una mesa de tu biblioteca?
  • Las bibliotecas suelen estar atendidas por equipos de personas amables que no hacen lo que yo hago, por lo que están dispuestas a conversar unos minutos, pero no me enterrarán en detalles. Somos amistosos, pero, ¿conversaríamos con Chris? Probablemente... pero en la mayor parte de las bibliotecas no se estila. El personal suele estar sentado en un escritorio, esperando que la gente venga a ellos; no suelen estar caminando por la biblioteca, conversando y ayudando a los usuarios (como ocurre, por ejemplo, en la mayor parte de los locales comerciales).
  • Las bibliotecas son en realidad entretenidas. ¿Cuánta gente tiene oficinas entretenidas? Ok, ¡mi oficina es entretenida! Y mi biblioteca también es entretenida. ¿Es tu biblioteca entretenida? Si no, ¿por qué no?
Entonces, ¿cuál es el punto? Las bibliotecas tiene el potencial para ser GRANDES espacios de coworking para pequeños empresarios. Añadan un poco de café a la mezcla... añadan la habilidad de encontrarse con otros para conversaciones informales... y quiten algunas de las barreras anticuadas (por ejemplo, ¡Prohibido conversar!, ¡Prohibido el uso de celulares!, ¡No se permite comida!)... y las bibliotecas pueden ser lugares muy relevantes y especiales para "hacer negocios".

¿Qué piensas tú? ¿Querrá un pequeño empresario o un trabajador independiente trabajar en tu biblioteca? ¿Estás preparado/a para permitir esto?

Foto de Chris Brogan.

(*) David Lee King es Director de la Sucursal y Servicios Digitales de la Biblioteca Pública del Condado de Topeka & Shawnee (Kansas, Estados Unidos). Esta entrada en Cadaunadas es una traducción de la que publicó en su blog el 24 de marzo de 2009.