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3 de septiembre de 2009

Dibam: Premio a la Innovación Avonni 2009

Ser destacado como el servicio público más innovador no es menor. Más cuando uno ha vivido desde dentro del Estado de Chile el sostenido esfuerzo y compromiso de muchas instituciones por mejorar su capacidad de respuesta y atención a las necesidades de la ciudadanía. Sin duda, subsisten muchos problemas y áreas que requieren urgentes transformaciones, pero en estos ya más de 11 años trabajando en el sector público, he visto una gran transformación. Y me siento orgulloso de haber sido parte de este proceso.

Por eso, que la Dibam haya hoy recibido el Premio a la Innovación Avonni 2009, es muy significativo. Y me alegra, porque reconoce la capacidad de adaptación institucional a entornos cambiantes, la capacidad de sus equipos para asumir esos nuevos desafíos y, pese a no contar siempre con todos los recursos, como hemos sido capaces de reinventar nuestra manera de atender a la comunidad.

Sí, hay que estar contentos.

En lo general porque este reconocimiento está orientado a premiar lo que hemos hecho en un ámbito en el que tengo la convicción las instituciones (públicas y privadas) se juegan su futuro: saber incorporarse a la Red, a ese espacio más horizontal donde las personas demandan de las instituciones capacidades de relación para las cuales no están diseñadas.

Y en lo particular, porque como parte de la postulación, junto a Memoria Chilena, Artistas Plásticos Chilenos, Archivo Nacional Digital y Memorias del Siglo XX, iba Contenidos Locales, la primera comunidad virtual de BiblioRedes, que con el correr de los primeros meses ha ido agarrando cuerpo, han ido surgiendo las conversaciones, se han ido produciendo los encuentros y descubrimientos en torno a nuestras identidades y culturas locales.

Les dejo la presentación enviada para postular al premio, que da cuenta de manera muy global del sentido de nuestra innovación (por cierto, Slideshare hizo de las suyas y modificó la numeración en algunas de las viñetas).

30 de marzo de 2008

Redes digitales patrimoniales

Fotografía de maulopes, con licencia CC:BY-NC-ND

Jueves y viernes participé en un taller de diseño de la política digital de la DIBAM que reunió a todo su equipo directivo durante dos días en Santiago. Se dieron debates muy estimulantes en torno a cómo las tecnologías de información y comunicación generan nuevos escenarios para las personas e instituciones que estamos vinculados al patrimonio cultural. Y, en especial, para quienes entendemos que éste sólo tiene sentido en la medida que es apropiado por las personas en el permanente proceso de construcción de identidades y memorias individuales y colectivas.

La discusión me ayudó a avanzar en algunas reflexiones que ya había iniciado hace un tiempo a raíz de la experiencia de BiblioRedes con los contenidos locales digitales publicados por los usuarios de las bibliotecas públicas.

Como ocurre en muchos otros campos, las tecnologías de información y comunicación permiten –y obligan- a poner al usuario en el centro de la gestión del patrimonio cultural digital. Pero debemos tener la suficiente cautela para no anclarnos en una definición de patrimonio cultural digital como la de la UNESCO, que si bien rescata elementos novedosos, es en sus líneas generales, una traducción de las definiciones del mundo analógico. Su aproximación al objeto patrimonial digital es -en su espíritu- muy similar a la del objeto patrimonial.

Poner hoy en el centro al usuario significa, ante todo, reconocer que es en muchos casos un usuario en red. Lo que permite pensar que ya no sólo debamos preocuparnos de asegurar el acceso a objetos digitales con valor patrimonial (y que están dotados de sentido para una comunidad y una sociedad en un momento dado), sino también debamos entender cómo se están construyendo hoy esos “objetos” que pueden llegar a tener un valor patrimonial para las futuras generaciones.

Parece necesario asumir, entonces, que requerimos agregar al concepto de objeto digital patrimonial, el de red digital patrimonial, o cómo ciertas memorias tienen su valor patrimonial no en sus partes separadas, sino en las lógicas de relación, comunicación y construcción colectiva. Su valor futuro no está en las partes, sino en cómo las partes se entrecruzan.

Un ejemplo es “la revolución de los pingüinos” y cómo usaron la tecnología para poner en jaque a la educación chilena durante el año 2006. Desde el punto de vista patrimonial, en este caso la historia de la educación chilena a principios del siglo XXI y el impacto de ésta en nuestra sociedad, ninguno de los fotologs, blogs y otros medios utilizados tiene más valor que la lógica de organización que se dio entre ellos al hipervincularse en Internet.

Se podrá argumentar que esa lógica de relación es tan antigua como la humanidad. Ciertamente, cuando uno observa un jarro pato y es conocedor de la historia y cultura diaguita, es posible pensar en un conjunto de relaciones del pueblo diaguita con ese objeto. Y si bien esas relaciones son parte del patrimonio que ha trascendido hasta nuestra época (cuando efectivamente han llegado hasta la actualidad), el valor patrimonial no reside en la relación en sí misma, sino como parte de un conocimiento cultural más amplio y genérico sobre el mundo y la cosmovisión diaguita.

La diferencia en el caso de las redes digitales reside en que no son los nodos necesariamente quienes aportan el mayor valor patrimonial, sino que éste lo debemos buscar en la conexión entre los nodos. Dime a quién o a qué te vinculas, y te diré quien eres. Una máxima que no es exclusiva de las redes digitales, pero que en éstas se hace explicita, se convierte en un elemento activo que permite saltar de un contenido a otro, de una idea a otra, pudiendo ese salto decir más de nosotros que los textos desde los cuales se salta o hacia los que se conecta (hace un tiempo atrás llegué a esta idea por otro camino, el del hipersignificado).

Las redes digitales patrimoniales comparten elementos con la definición del patrimonio cultural inmaterial, en tanto los ámbitos en los que este tipo de patrimonio se da tienen su sustento en complejas relaciones entre los colectivos y sus expresiones culturales. El idioma, quizá el mayor patrimonio inmaterial de todo pueblo, se construye sobre un permanente “diálogo” entre quienes lo usan como vehículo de comunicación, revisando en forma continua sus reglas y convenciones, sus usos y significados posibles. Pero ese “diálogo”, esas complejas relaciones que están recreando de manera fluida la lengua de un colectivo, no son siempre explicitas. Lo que si ocurre con las redes digitales patrimoniales.

Más aún: se busca esa interconexión de manera compulsiva, quizá por una cierta y vaga conciencia de que en el hipervínculo está la posibilidad de trascender, de constituirse en memoria futura del presente.
Pero como hipervínculos, en estas redes digitales patrimoniales finalmente pervivirán los links que se actualicen. Los hipervínculos rotos seguirán existiendo, pero como elementos carentes de sentido y significado, mientras que las identidades se fundarán en los vínculos actualizados. Las redes digitales patrimoniales serán una memoria en presente permanente. Jose Luis Brea, utilizando una metáfora informática, describió hace poco este fenómeno como “el devenir RAM de nuestra cultura”: la cultura ya no tanto como una herramienta de almacenamiento e inventario simbólico de identidades, sino como “dinámica, proceso y arquitectura relacional, herramienta de interacción y principio de la acción comunicativa”.

Así, y ahora ya, toda la forma contemporánea de la cultura se asemeja a un dispositivo RAM. A una memoria de proceso: y su función no es más asegurar la recuperabilidad del pasado sino únicamente tensar la conectividad e interacción de los sistemas en el presente, para producir por su medio la intelección recíproca- y por su efectividad la invención heurística del futuro.

31 de diciembre de 2007

De inocentadas y patrimonios

Que el mundo digital (o por lo menos su expresión blogocósica) tiende a reproducir algunas prácticas del mundo no-digital es algo que deberé recordar con mayor frecuencia. Para muestra, un botón: la inocentada publicada en los sueños de la razón y que me la tragué completa (o habría que decir, la comenté completa). Desde el 2008, me autoimpondré la censura cada 28 de diciembre.
Y a propósito de patrimonios digitales, que ese fue el cebo que me hizo caer, comparto el texto completo de la ponencia que presenté en noviembre pasado en el IX Seminario sobre Patrimonio Cultural. Ya había resumido las ideas principales de mi intervención, publicando la presentación PowerPoint, pero ahora va el documento completo (redactado en forma posterior).

21 de diciembre de 2007

A 100 años de la matanza de Santa María de Iquique

En 1907, un día como hoy, un número indeterminado de trabajadores de oficinas salitreras que se encontraban en huelga, fueron masacrados en la Escuela Santa María de Iquique.
Hoy debiéramos todos los chilenos recordar lo que pasó en Iquique. Y al recordar, compartir para entender. Por mi parte, les dejo el pliego de peticiones que les costó la vida a estos trabajadores.

Fuente: www.dibam.cl

22 de noviembre de 2007

Patrimonio cultural, tecnología y comunidad

Hoy participé en el IX Seminario sobre Patrimonio Cultural, organizado por la DIBAM. El eje central de esta versión del Seminario fueron los museos y su relación con la sociedad.

No obstante el Programa BiblioRedes tiene una relación bastante marginal con los museos, me invitaron a presentar nuestra experiencia en torno a los contenidos locales creados por los usuarios de las bibliotecas a través de nuestro portal. Compartí el panel con Juanita Paillalef, Directora del Museo Mapuche de Cañete, y María Isabel Orellana, Directora del Museo de la Educación Gabriela Mistral.

Mi presentación, junto con realizar una descripción general del trabajo de BiblioRedes en el ámbito de los contenidos locales, planteó una serie de interrogantes en torno a cómo la definición de patrimonio y el trabajo en torno a éste se ve impactada por las nuevas y mayores oportunidades de participación que la Web social entrega a las personas. Con poca originalidad, la titulé "¿Patrimonio 2.0?", aprovechando el cliché 2.0.

Las dos reflexiones que planteé son:

1. El trabajo en torno al patrimonio se ve impactado por la mayor participación que permite la nueva Red. Como describe Yochai Benkler, comportamientos relegados a la periferia durante la sociedad industrial, adquieren mayor relevancia ahora, y se hacen más importantes en los procesos de toma de decisión en las sociedades. Es la red distribuida que argumenta David de Ugarte, donde todos somos nodos. Es esta base la que potencia, a mi juicio, la labor de los proam definidos por Charles Leadbeater y Paul Miller.

2. El trabajo en torno al patrimonio también se ve impactado por los nuevos espacios y prácticas de participación que surgen en lo digital. Fenómenos como Wikipedia y Google, evidencian que estamos ante nuevas maneras de buscar información y construir conocimiento. Cuando buscamos en Google información sobre un bien, concepto o hito de valor patrimonial, es normal que entre los primeros resultados, aparezcan entradas de la Wikipedia. De esa manera, nuestro primer referente para esos significados patrimoniales es la propia comunidad. De esta forma, la autoridad del especialista se ve relegada a un segundo plano, por lo menos en cuanto a las primeras aproximaciones. Las personas comunes y corrientes son las que le están diciendo a otras personas comunes y corrientes lo que es patrimonio. Y esto se da en muy diversos ámbitos, ya sea mapeando los cráteres de Marte, georeferenciando contenido de valor cultural en Google Earth y participando en conversaciones globales a raíz de temas locales.

Entonces, una serie de preguntas de importancia para el futuro del patrimonio emergen: ¿Quién esta definiendo lo que es patrimonio? ¿Cómo se está definiendo lo que es patrimonio? ¿Cuándo se define lo que es patrimonio? En última instancia incluso, la propia definición de patrimonio es puesta en cuestión.


21 de octubre de 2007

Pensando en los impactos

Mañana lunes comienza una semana interesante que me permitirá estar en contacto con experiencias mundiales de acceso comunitario a tecnología (lunes y martes) y compartir la experiencia de BiblioRedes con iniciativas potentes en el ámbito del patrimonio digital (jueves).

22 y 23 de octubre participaré en Ottawa (Canadá, desde donde escribo esta entrada) en el primer taller de diseño del proyecto "ICT and Public Access: Investigating the social and economic impact of public access to information and communications technologies", iniciativa conjunta de la Bill & Melinda Gates Foundation y el International Development Research Centre (IDRC) del Gobierno de Canadá, y que será coordinado por telecentre.org y el Center for Internet Studies (CIS) de la Universidad de Washington.

Es un proyecto a cinco años que busca generar e implementar en un número determinado de experiencias mundiales, una matriz de evaluación de impacto válida para los distintos modelos de acceso público a las tecnologías de información y comunicación (TICs), que pueda ser aplicada a programas basados en bibliotecas públicas -como es el caso de BiblioRedes-, telecentros, cibercafés, accesos móviles compartidos y otros tipos de acceso. Las preguntas centrales de la investigación son:

a) ¿Cuáles son los impactos sociales y económicos visibles del acceso publico a TICs?
b) ¿Cuál es la magnitud de estos beneficios?
c) ¿Cuál es la relación costo-beneficio en la provisión de acceso público gratuito?

Se espera a través de la investigación, identificar impactos positivos y negativos en algunos ámbitos en especial: empleo e ingreso; niveles educacionales; compromiso ciudadano; transparencia gubernamental y democracia; preservación cultural y lingüística; y mejoras en la salud pública.

La experiencia de BiblioRedes en las bibliotecas públicas chilenas es una de las candidatas a ser sometida al modelo de evaluación que se empezará a definir mañana.

Por su parte, el jueves 25 presentaré en eChallenges e-2007 Conference & Exhibition (La Haya, Holanda) un paper que preparamos con Pilar Pacheco (Coordinadora de Capacitación de BiblioRedes) sobre el dilema que está enfrentando BiblioRedes en la actualidad: aumentar su cobertura, atrayendo a más usuarios, versus profundizar el impacto de la tecnología en la actual base de usuarios del Programa. El paper lo pueden descargar desde aquí.

Esta reflexión está en el centro del rediseño que hemos estado trabajando desde enero, y una de cuyas conclusiones preliminares es la necesidad de potenciar sustancialmente el canal virtual de BiblioRedes como una respuesta para muchos de nuestros usuarios que, pudiendo tener otras vías de acceso a Internet, siguen requiriendo de los servicios remotos (y de mayor valor agregado) de las bibliotecas públicas. Precisamente, en la mesa en la que expondré, compartiré la reflexión con experiencias de Lituania, Suecia y Egipto que han dado acceso masivo a recursos de valor patrimonial a través de vastos programas de digitalización.

Durante la semana espero compartir algunas conversaciones que se den en estos espacios de discusión.