3 de septiembre de 2009
Dibam: Premio a la Innovación Avonni 2009
30 de marzo de 2008
Redes digitales patrimoniales
La discusión me ayudó a avanzar en algunas reflexiones que ya había iniciado hace un tiempo a raíz de la experiencia de BiblioRedes con los contenidos locales digitales publicados por los usuarios de las bibliotecas públicas.
Como ocurre en muchos otros campos, las tecnologías de información y comunicación permiten –y obligan- a poner al usuario en el centro de la gestión del patrimonio cultural digital. Pero debemos tener la suficiente cautela para no anclarnos en una definición de patrimonio cultural digital como la de la UNESCO, que si bien rescata elementos novedosos, es en sus líneas generales, una traducción de las definiciones del mundo analógico. Su aproximación al objeto patrimonial digital es -en su espíritu- muy similar a la del objeto patrimonial.
Poner hoy en el centro al usuario significa, ante todo, reconocer que es en muchos casos un usuario en red. Lo que permite pensar que ya no sólo debamos preocuparnos de asegurar el acceso a objetos digitales con valor patrimonial (y que están dotados de sentido para una comunidad y una sociedad en un momento dado), sino también debamos entender cómo se están construyendo hoy esos “objetos” que pueden llegar a tener un valor patrimonial para las futuras generaciones.
Parece necesario asumir, entonces, que requerimos agregar al concepto de objeto digital patrimonial, el de red digital patrimonial, o cómo ciertas memorias tienen su valor patrimonial no en sus partes separadas, sino en las lógicas de relación, comunicación y construcción colectiva. Su valor futuro no está en las partes, sino en cómo las partes se entrecruzan.
Un ejemplo es “la revolución de los pingüinos” y cómo usaron la tecnología para poner en jaque a la educación chilena durante el año 2006. Desde el punto de vista patrimonial, en este caso la historia de la educación chilena a principios del siglo XXI y el impacto de ésta en nuestra sociedad, ninguno de los fotologs, blogs y otros medios utilizados tiene más valor que la lógica de organización que se dio entre ellos al hipervincularse en Internet.
Se podrá argumentar que esa lógica de relación es tan antigua como la humanidad. Ciertamente, cuando uno observa un jarro pato y es conocedor de la historia y cultura diaguita, es posible pensar en un conjunto de relaciones del pueblo diaguita con ese objeto. Y si bien esas relaciones son parte del patrimonio que ha trascendido hasta nuestra época (cuando efectivamente han llegado hasta la actualidad), el valor patrimonial no reside en la relación en sí misma, sino como parte de un conocimiento cultural más amplio y genérico sobre el mundo y la cosmovisión diaguita.
La diferencia en el caso de las redes digitales reside en que no son los nodos necesariamente quienes aportan el mayor valor patrimonial, sino que éste lo debemos buscar en la conexión entre los nodos. Dime a quién o a qué te vinculas, y te diré quien eres. Una máxima que no es exclusiva de las redes digitales, pero que en éstas se hace explicita, se convierte en un elemento activo que permite saltar de un contenido a otro, de una idea a otra, pudiendo ese salto decir más de nosotros que los textos desde los cuales se salta o hacia los que se conecta (hace un tiempo atrás llegué a esta idea por otro camino, el del hipersignificado).
Las redes digitales patrimoniales comparten elementos con la definición del patrimonio cultural inmaterial, en tanto los ámbitos en los que este tipo de patrimonio se da tienen su sustento en complejas relaciones entre los colectivos y sus expresiones culturales. El idioma, quizá el mayor patrimonio inmaterial de todo pueblo, se construye sobre un permanente “diálogo” entre quienes lo usan como vehículo de comunicación, revisando en forma continua sus reglas y convenciones, sus usos y significados posibles. Pero ese “diálogo”, esas complejas relaciones que están recreando de manera fluida la lengua de un colectivo, no son siempre explicitas. Lo que si ocurre con las redes digitales patrimoniales.
Más aún: se busca esa interconexión de manera compulsiva, quizá por una cierta y vaga conciencia de que en el hipervínculo está la posibilidad de trascender, de constituirse en memoria futura del presente.
Así, y ahora ya, toda la forma contemporánea de la cultura se asemeja a un dispositivo RAM. A una memoria de proceso: y su función no es más asegurar la recuperabilidad del pasado sino únicamente tensar la conectividad e interacción de los sistemas en el presente, para producir por su medio la intelección recíproca- y por su efectividad la invención heurística del futuro.
31 de diciembre de 2007
De inocentadas y patrimonios
21 de diciembre de 2007
A 100 años de la matanza de Santa María de Iquique

Fuente: www.dibam.cl
22 de noviembre de 2007
Patrimonio cultural, tecnología y comunidad
No obstante el Programa BiblioRedes tiene una relación bastante marginal con los museos, me invitaron a presentar nuestra experiencia en torno a los contenidos locales creados por los usuarios de las bibliotecas a través de nuestro portal. Compartí el panel con Juanita Paillalef, Directora del Museo Mapuche de Cañete, y María Isabel Orellana, Directora del Museo de la Educación Gabriela Mistral.
Mi presentación, junto con realizar una descripción general del trabajo de BiblioRedes en el ámbito de los contenidos locales, planteó una serie de interrogantes en torno a cómo la definición de patrimonio y el trabajo en torno a éste se ve impactada por las nuevas y mayores oportunidades de participación que la Web social entrega a las personas. Con poca originalidad, la titulé "¿Patrimonio 2.0?", aprovechando el cliché 2.0.
Las dos reflexiones que planteé son:
1. El trabajo en torno al patrimonio se ve impactado por la mayor participación que permite la nueva Red. Como describe Yochai Benkler, comportamientos relegados a la periferia durante la sociedad industrial, adquieren mayor relevancia ahora, y se hacen más importantes en los procesos de toma de decisión en las sociedades. Es la red distribuida que argumenta David de Ugarte, donde todos somos nodos. Es esta base la que potencia, a mi juicio, la labor de los proam definidos por Charles Leadbeater y Paul Miller.
2. El trabajo en torno al patrimonio también se ve impactado por los nuevos espacios y prácticas de participación que surgen en lo digital. Fenómenos como Wikipedia y Google, evidencian que estamos ante nuevas maneras de buscar información y construir conocimiento. Cuando buscamos en Google información sobre un bien, concepto o hito de valor patrimonial, es normal que entre los primeros resultados, aparezcan entradas de la Wikipedia. De esa manera, nuestro primer referente para esos significados patrimoniales es la propia comunidad. De esta forma, la autoridad del especialista se ve relegada a un segundo plano, por lo menos en cuanto a las primeras aproximaciones. Las personas comunes y corrientes son las que le están diciendo a otras personas comunes y corrientes lo que es patrimonio. Y esto se da en muy diversos ámbitos, ya sea mapeando los cráteres de Marte, georeferenciando contenido de valor cultural en Google Earth y participando en conversaciones globales a raíz de temas locales.
Entonces, una serie de preguntas de importancia para el futuro del patrimonio emergen: ¿Quién esta definiendo lo que es patrimonio? ¿Cómo se está definiendo lo que es patrimonio? ¿Cuándo se define lo que es patrimonio? En última instancia incluso, la propia definición de patrimonio es puesta en cuestión.
21 de octubre de 2007
Pensando en los impactos
Mañana lunes comienza una semana interesante que me permitirá estar en contacto con experiencias mundiales de acceso comunitario a tecnología (lunes y martes) y compartir la experiencia de BiblioRedes con iniciativas potentes en el ámbito del patrimonio digital (jueves). 